La expresión de la profesora Kathia, parecía decir: "Estoy haciendo lo mejor que puedo". Giovanni mantuvo la mirada un segundo más antes de regresar su atención al niño. —¿Y qué más hiciste? —preguntó Giovanni, apoyando los codos sobre la mesa y entrelazando los dedos frente a él. —Jugamos un rato más. Marina me ayudó a subir al columpio, pero yo lo hice solo después porque soy muy fuerte —Alessandro levantó los brazos, flexionando los pequeños músculos de manera exagerada, esperando impresionar a su tío—. ¿Lo vez tío?, soy fuerte. En la finca escalo árboles~ Kathia dejó escapar una pequeña risa antes de cubrirse la boca con la mano. Giovanni, por su parte, observó al niño sin cambiar de expresión, aunque sus ojos brillaron apenas un instante, como si algo en la exageración del niño le resultara vagamente entretenido. —Así que te divertiste —dijo Giovanni finalmente, asintiendo con la cabeza. —Sí —respondió Alessandro con firmeza—. Pero la señorita Kathia no se colum
El señor Allan levantó la vista, desconcertado. —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, aunque en el fondo temía la respuesta. William se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa. —Significa, querido doctor, que pronto dejarás de ser mi suegro. No lograste convencer a tu hija, ¿verdad?, bueno, el puto divorcio ya saldrá —dijo William con el ceño fruncido—. Kathia no volvió a mí. El doctor cerró los ojos por un breve momento, luchando por mantener la calma. Sabía que William estaba buscando provocarlo, y no quería darle el gusto. —Lo intenté —respondió Allan Cárter, con voz tensa—. Pero Kathia… salió igual de terca, rebelde y zorra que su madre. William soltó una carcajada que resonó en el restaurante, atrayendo algunas miradas curiosas. —¡JA!~ En eso tienes razón, Allan. Es tan perra que se fue con ese maldito Giovanni Andreotti. Pero no te preocupes, no será así siempre. —¿Qué estás planeando ahora? —preguntó el doctor Cárter, sintiendo un escalofrío re
Kathia miró a la asistente con una mezcla de sorpresa y curiosidad —¿Sabes quién es? La asistente, con gesto profesional, observó el coche y respondió con calma: —Parece ser el señor Andreotti. La confusión se reflejó de inmediato en el rostro de Kathia. "¿Giovanni aquí? No esperaba verlo hasta mucho más tarde…" Pensó, viéndolo descender del vehículo. La figura imponente de Giovanni, avanzaba hacia ella. Vestía un traje oscuro impecable, complementado con una gabardina negra que ondeaba ligeramente con cada paso que daba. Su cabello oscuro, perfectamente peinado hacia atrás, tenía algunos mechones rebeldes que el viento había mecía. Y sus ojos grises, penetrantes, estaban fijos en ella. Kathia sintió un escalofrío recorrerle. No podía negarlo, cada vez que lo veía su presencia captaba de inmediato toda su atención. Ese hombre tenía una presencia abrumadora. Mientras se acercaba, le dio una orden a la asistente sin siquiera detenerse: —Avise a la señorita Ricci que prepare
✧✧✧ Un día después. Esa tarde, en Roma, Italia. ✧✧✧ Un taxi se detuvo frente a un pequeño café en una calle empedrada de Roma. El doctor Allan Carter, descendió del vehículo con un portafolio en mano. Su andar era apresurado, con una expresión tensa que no logra ocultar. Ahí, en una mesa junto a la ventana, lo esperaba el detective Hitch, un hombre bajo y corpulento, pero bien vestido. —¿Lo tienes? —pregunta el doctor, sin siquiera sentarse. El detective asintió y deslizó un sobre hacia él. —La dirección está ahí. No fue fácil, pero lo conseguí. La mujer es muy reservada. El doctor Allan Cárter tomó el sobre con manos temblorosas. Sus ojos se paseaban rápidamente en el papel. Marina Davis… ese nombre lo llenó de nerviosismo. Su ex yerno, William Johnson, lo había obligado a buscarla, a convencerla de ayudarlo a dar con Kathia. —Me das lástima doctorcillo. Te ha tocado difícil —rió cruelmente, Hitch, llevando su taza de café a la boca—. Esa mujer no parece del tip
✧✧✧ Horas atrás. Esa mañana, en Costa Rica. ✧✧✧ Kathia miró por la ventana del avión privado, observando la ciudad cercana al aeropuerto, rodeaba por gran vegetación desde las alturas. No sabía qué le esperaba en ese viaje, pero su corazón latía aceleradamente. Algo de emoción invadiéndola, y finalmente… Aterrizaron. A su lado, Giovanni ajustaba el reloj en su muñeca con indiferencia y Alessandro, movía sus deditos sobre el apoyabrazos, con inquietud. —¿Ya llegamos? —preguntó Alessandro con impaciencia, girando la cabeza hacia su tío. —Sí, Alessandro. Prepárate —respondió Giovanni con un tono serio, mientras se levantaba con elegancia, alisándose el impecable traje negro que llevaba puesto. La mirada de la profesora se cruzó brevemente con la de Giovanni, esos ojos grises que siempre parecían perforarla con su intensidad. Él arqueó una ceja, una pequeña semi sonrisa curvó sus labios, de inmediato, él volvió a ver al niño. ¡Alessandro ya estaba brincando hacia
✧✧✧ Media hora más tarde. ✧✧✧ El aire cálido y húmedo se colaba por las ventanas abiertas de la habitación, mezclándose con el aroma a madera que impregnaba la casona rústica. Giovanni permanecía inmóvil, con los brazos cruzados. Su mirada estaba fija en el médico, quien terminaba de guardar sus instrumentos en un maletín negro. —Su prometida está fuera de peligro, señor Andreotti —dijo el médico, rompiendo la tensión con su voz calmada mientras se colocaba el estuche bajo el brazo—. Fue solo un desmayo provocado por la impresión. Pero debe tener cuidado, sobre todo en su estado. Es importante que evite cualquier emoción fuerte. Giovanni apenas asintió con un leve movimiento de cabeza, suficiente para que el médico entendiera que podía retirarse. El médico inclinó la cabeza con respeto y salió de la habitación, dejando tras de sí un vacío que parecía hacer aún más denso el aire. Clack~ La puerta se cerró con un sonido sordo. Kathia estaba recostada en la cama, su rostro se en
✧✧✧ Durante el atardecer de ese día en Costa Rica. ✧✧✧ En los jardines de la casona, la brisa mecía lentamente las copas frondosas de los altos árboles cubiertos de musgos y vegetación. El cielo pintado de hermosos tonos naranjas y rosas que cautivaban la vista. Giovanni daba una caminata junto a su sobrino, que, a unos metros de distancia, corría con energía, sosteniendo la pequeña cámara en sus manos. El niño tenía sus cabellos oscuros despeinados por el viento, y se detenía cada tanto para enfocar una flor bañada por la luz naranja de la tarde, o una ave que volaba por el cielo. —¡Tío Giovanni! —exclamó Alessandro, deteniéndose justo frente a él mientras levantaba la cámara—. ¿Podemos caminar un poco más? Quiero tomar fotos de las flores de allá~ —señaló el niño con sus ojitos celestes brillantes de la emoción—. Hay algunas muy bonitas allá. Giovanni lo miró por un momento. Había algo en la inocencia de Alessandro que lograba suavizar su rostro, aunque fuera solo un poco.
—Lo siento… A veces se me olvida dejar de decirte "señor Andreotti"… —susurró la profesora Kathia con voz pausada, arrastrando las palabras mientras el sueño aún pesaba en su tono. La mujer bostezó, cubriéndose la boca con la mano—. Me siento todavía agotada… —¿Sí? Quizá deberías descansar más. He leído que hay mujeres embarazadas a las que les da mucho sueño. Debe ser normal. Pero cuando volvamos a Nápoles, lo consultaremos con la doctora Lombardi. Kathia lo miró, arqueando las cejas con sorpresa. "¿Ha leído…?" Una idea descabellada cruzó por su mente, una que ella misma quiso descartar en el mismo instante. "¡No! ¡Es imposible que él se haya puesto a investigar sobre mujeres embarazadas y esas cosas! ¿Por qué haría algo así? Estos bebés ni siquiera son suyos… y esto… esto no es una relación real… No es su responsabilidad…" Negó con la cabeza varias veces, como si pudiera apartar esos pensamientos con un simple movimiento. Se obligó a retomar la conversación, aunque su voz son