La cocina estaba en completo silencio, solo se escuchaba el tenue sonido de la cuchara de Kisa dando vueltas en una pequeña taza, pues preparaba una chocolatada para Coral. De pronto, sintió una presencia detrás de ella. Se giró lentamente y allí estaba Regina, de pie en el umbral de la entrada, observándola con una expresión que no pudo interpretar. No dijo nada al principio, solo la miró fijamente, como si analizara cada detalle de su rostro, cada movimiento de sus manos, cada respiración.Kisa se mantuvo en su lugar, sosteniendo la cuchara, mirándola de vuelta con la misma intensidad. Había algo en el ambiente, una carga eléctrica que llenaba la cocina, un peso de palabras no dichas que colgaba entre ellas. No era la primera vez que se encontraban a solas, pero esta vez era diferente. Esta vez no había una disputa abierta, ni palabras envenenadas entre ellas. Finalmente, después de varios segundos que parecieron eternos, Regina suspiró y cruzó los brazos sobre su pecho.—Pensé que
Kisa estaba completamente sorprendida por las palabras de Regina. No esperaba, ni por un instante, que ella reaccionara de esa manera. Todo lo que le estaba diciendo era tan inusual que por un momento pensó que quizás Regina se estaba forzando a decir esas cosas por simple obligación, por cumplir con algún tipo de deber moral. Pero no. No tardó en darse cuenta de que estaba siendo sincera, de que cada sílaba que salía de su boca era honesta y nacía desde lo más profundo de su corazón. Regina nunca había sido una mujer que hiciera cosas por compromiso, sino que siempre actuaba por convicción, y si estaba diciendo todo aquello, era porque realmente lo sentía.—Señora... yo le agradezco mucho sus palabras. De verdad. No sabe cuánto me alegra que finalmente me acepte en su familia. A decir verdad, me dolía mucho cuando usted me juzgaba sin siquiera conocerme. Me lastimaba que me mirara con tanto desprecio. Pero traté de comprenderla, de pensar que quizá lo único que quería era proteger a
Regina permaneció en silencio, asimilando cada sílaba. Luego, parpadeó varias veces, con la mirada perdida en un punto indeterminado. Finalmente, asintió con lentitud, como si dentro de ella acabara de tomarse una decisión irrevocable.—Sí… entiendo —replicó en voz baja.—Por eso la necesito aquí, señora. Bueno… no yo, sino Royal. Él necesita a toda su familia a su lado en este momento. Debemos estar con él, asegurarnos de que sepa que no está solo, que siempre tendrá un hogar donde sentirse seguro. Cada vez que despierte asustado, creyendo que está atrapado nuevamente en ese lugar oscuro y sofocante, quiero poder recordarle que eso ya pasó, que está a salvo, que su familia está con él y que nadie permitirá que algo así vuelva a ocurrirle.Regina la observó en silencio, y poco a poco, sus pupilas se llenaron de una emoción intensa. Había ternura en sus ojos, pero también un dejo de arrepentimiento.—Realmente lo amas… —manifestó conmovida—. Es la primera vez que veo a alguien preocupa
El psiquiatra tomó nota, sin interrumpirlo.—Royal, lo que estás experimentando son síntomas claros de un trastorno de estrés postraumático y ansiedad severa. No tiene nada que ver con ser débil. Tu cerebro está procesando un trauma intenso y necesita ayuda para sanar. Lo primero que haremos será ayudarte a manejar los síntomas más debilitantes con medicación. Voy a recetarte ansiolíticos de acción rápida para los ataques de pánico y un antidepresivo que te ayudará a estabilizar tu ansiedad a largo plazo.Royal frunció el ceño.—¿Tengo que tomar pastillas?—No es obligatorio, pero te facilitará el proceso. Los ansiolíticos no son una solución definitiva, solo un apoyo para que puedas recuperar el control cuando la ansiedad sea demasiado intensa. El antidepresivo tardará un par de semanas en hacer efecto, pero te ayudará a reducir la frecuencia e intensidad de los síntomas. Lo importante es que combines esto con terapia psicológica.—¿Terapia psicológica? —preguntó Royal con cierto esc
A medida que el tiempo avanzaba, el embarazo de Kisa se hacía más evidente, y con él, llegaban nuevas sensaciones, emociones y desafíos. Su vientre se redondeaba con el paso de los días, y aunque al principio había sentido temor por todo lo que implicaba traer una nueva vida al mundo, poco a poco comenzó a experimentar una conexión indescriptible con el bebé que crecía dentro de ella.Desde el momento en que supo que estaba embarazada, Coral, su hijastra de siete años, se mostró emocionada. La pequeña solía apoyar sus manitas en el vientre de Kisa con la esperanza de sentir al bebé moverse.—¿Crees que me escuchará si le hablo? —preguntó una noche, mientras Kisa acariciaba su cabello.—Por supuesto, Coral. Él ya reconoce tu voz —respondió con una sonrisa.A partir de ese día, Coral le hablaba todas las noches, contándole sobre su día, sus juegos y lo mucho que esperaba conocerlo.Marfil, la hermana de Kisa, también jugaba un papel fundamental en este proceso. Con su energía inagotable
Royal, por su parte, no se alejaba ni un momento de su esposa. Aunque aún lidiaba con algunos pensamientos oscuros, su determinación de ser un buen esposo y padre lo mantenía fuerte. Acompañaba a Kisa a cada chequeo médico y se aseguraba de que no le faltara nada.Finalmente, una noche de tormenta, todo comenzó.Kisa se despertó con una sensación extraña en el vientre, como si algo se rompiera dentro de ella. Se quedó quieta por un momento, confundida, hasta que sintió la humedad extendiéndose por las sábanas. Su fuente se había roto.—Royal... —susurró al principio, tratando de despertarlo con suavidad.Pero una punzada de dolor la hizo jadear y apretar los dientes. Se llevó una mano al vientre y tocó el hombro de Royal con la otra.—Royal, despierta...Él se movió un poco, murmurando algo en sueños, pero entonces Kisa dejó escapar un quejido más fuerte y Royal abrió los ojos de golpe.—¿Qué pasa? —preguntó, incorporándose de inmediato.—El bebé... Se rompió mi fuente... —expuso ella
Las primeras semanas de Katherine en la cárcel fueron un infierno. Desde el momento en que cruzó esas puertas, sintió el peso de su nueva realidad. Ya no era la exesposa de un hombre poderoso, ya no era la madre de una hermosa y noble niña, ya no era la hija de unos padres con buena reputación y buena posición económica, ya no tenía influencia ni privilegios. Ahora, era solo una más entre las presas, pero con una gran diferencia: Regina se había asegurado de que su vida allí fuera lo más miserable posible.Todo comenzó con pequeñas cosas. Sus pertenencias desaparecían misteriosamente. Su cama estaba llena de humedad, lo que le hacía difícil dormir. La comida que le servían estaba fría o llena de cosas desagradables que hacían que su estómago se revolviera. Pero esos eran solo los primeros indicios de lo que vendría.Una tarde, mientras buscaba mantenerse alejada de problemas en el patio de la prisión, una de las reclusas más temidas, Martina, se le acercó con una sonrisa burlona.—Vay
El dinero lo era todo. O, al menos, así lo veía Marfil Maidana.Desde pequeña, había entendido la diferencia entre tener y no tener. Creció en un barrio humilde, donde las paredes de las casas eran tan delgadas que podía escuchar las discusiones nocturnas de los vecinos, incluso los gritos de frustración de quienes luchaban cada día por sobrevivir. Las calles a menudo olían a desesperanza y, otras veces, a sueños rotos, esos sueños que nunca llegaban a concretarse por falta de oportunidades. En su hogar, el esfuerzo de su madre era constante, aunque siempre pareciera insuficiente frente a las necesidades diarias. Su padre las había abandonado y su madre trabajó tanto que terminó enfermando, lo cual la llevó a su muerte. Y su hermana Kisa... Kisa siempre había sido la fuerte. La que se sacrificaba por todas, la que tomaba las riendas cuando las cosas se ponían difíciles, la que sonreía cuando el mundo parecía estar en su contra. Kisa nunca se quejaba. Kisa siempre estaba dispuesta a da