Paso 21

Nino

Manu estaba furioso, y aunque podía tratar de imaginar el porqué, jamás entendí que en toda su furia, resultara apareciendo yo como protagonista y responsable de casi toda su molestia.

—¡Ya basta! ¡Denme un respiro, por favor! ¡Me están volviendo loco! Tú —dijo dirigiéndose a su madre—. Déjame tranquilo de una vez, te he dicho que eso no se repetirá. ¡Me agobias! ¡Dame un poco de espacio! Y tú —me gruñó—: no te tomes atribuciones que no te corresponden. No soy tu novio, no soy tu hermano. Entiéndelo.

Eso dolió tanto. No solo escucharlo hablarme de esa forma, sino el espectáculo completo, pues esas atribuciones que supuestamente me tomaba, no eran más que lo que sentía por él y los grandes avances estaba segura de que teníamos. Me había equivocado una vez más, y no era rabia lo que sentía, sino una profunda decepción conmigo misma y mi nefasta intuición. A final de cuentas, lo único que había logrado con mi papel de mártir dispuesta a ayudar a Manu, fue agobiarlo, al igual que Cla
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