Capítulo 38
Armando, mientras me miraba con un toque de gentileza.

—Sabe que me muero de ganas de ver al profe, así que le rindió para buscar una excusa para invitarlo a salir.

—¿No quieres cenar con él?

Él quería que cenara con él de manera abierta y sin rodeos, pero yo no era capaz. Me sentía culpable, asustada.

Después de tantos años, no quería que el profe, que apenas habría logrado olvidarse de esta estudiante que tanto lo decepcionó, volviera a pensar en mí con pena y desilusión.

—No pienses tanto. Estos años, el profe siempre me ha hablado de ti. Aunque sí siente pena, puedo notar que te aprecia mucho. Cuando un maestro de verdad quiere a un estudiante, no puede estar enojado con él por mucho tiempo.

—Ahora soy maestro también. Créeme.

Desde que Armando regresó el año pasado de su estancia en un instituto de investigación en el extranjero, comenzó a impartir clases. Sé que quiere lo mejor para mí, pero, aun así, lo rechacé. No solo era miedo, es que no sabía cómo enfrentar al profesor.

Solo
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