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Mariah colocó al hombre que llevaba encima de su ataúd. Era evidente que estaba profundamente dormido y se preguntó cuánto tiempo dormiría y qué debería estar haciendo ella durante ese tiempo. No podía quedarse allí con él hasta que se recuperara, su gente vendría a buscarla y si lo encontraban así, conociendo a su padre y a su hermano, decidirían matarlo ahora que no era una amenaza.

Se sentó a su lado en el ataúd, mirándolo fijamente mientras se mordía las uñas. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía actuar? Cuanto más pensaba en ello, más confusa se sentía y terminó caminando de un lado a otro de la cueva y pronto, la primera luz del día entró en la cueva. Salió y vio que salía el sol. Había estado despierta toda la noche, observándolo y pensando en qué hacer. Sin embargo, ahora debía irse a casa, tenía que hacerlo o si su madre se daba cuenta de que estaba ausente, daría la alarma.

Regresó a la cueva e inspeccionó al hombre inconsciente. A pesar de haber dormido durante horas, no había n
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