Capítulo 33
—No es para mí, es para ti —dijo Luciana.

Catalina abrió los ojos sorprendida:

—¿Para mí?

—¿Por qué te sorprendes tanto? No es la primera vez que te compra algo —comentó Mariano.

—Ay, pero es que la última vez la hice enojar...

—Esta vez es diferente —interrumpió Luciana sonriendo—. Antes, aunque fuera para consentirlos, usaba el dinero de Alejandro. Esta vez... es dinero que gané yo misma.

—¿Estás trabajando? —preguntó Catalina.

Luciana asintió.

Catalina se mordió los labios con algo de melancolía:

—Está bien, está bien.

Su hija nunca había trabajado. ¿Se adaptaría bien?

Luciana, adivinando los pensamientos de su madre, dijo:

—Mamá, es mejor depender de una misma que de otros. Solo cuando tienes tus propias capacidades, realmente posees algo.

Catalina asintió con firmeza:

—Tienes razón.

Luciana le escogió a Catalina una pulsera de veinte gramos. No era mucho, pero con 2000 dólares no podía comprar una más grande.

—Mamá, cuando gane más dinero, te compraré una más grande.

Catalina sonr
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