Capítulo 32
Le pareció muy infantil.

Nunca le había abrochado el cinturón así a Luciana, y ella tampoco se lo había pedido nunca. Aunque Luciana tenía un rostro inocente y delicado que despertaba deseos de protegerla, en realidad era muy valiente. Alejandro sacudió la cabeza, molesto consigo mismo por estar pensando en ella otra vez.

—Vamos al paseo peatonal —dijo María. Había investigado en internet y, aunque el paseo estaba lleno de tiendas, tenía plátanos a ambos lados de la calle. Si bien era invierno y las hojas se habían caído, sin el esplendor del verano y el otoño, la nieve sobre las ramas creaba su propio encanto.

Alejandro asintió. Al llegar, María se bajó primero mientras él buscaba dónde estacionarse. De repente sonó su teléfono y contestó por el bluetooth del auto. Era la voz de Victoria:

—¿Te estás llevando bien con la pequeña heredera de los Campos? No es como Luciana, ella creció entre lujos y mimos, no puedes andar de malhumorado...

Alejandro colgó antes de que Victoria terminara
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