Isabella Me acuesto asustada y me cubro con las sábanas, es un sueño, es un sueño, es un sueño, repito una y otra vez en un susurro. —Debería a prender a guardar silencio señorita Phoenix —jala las mantas de un tirón. Siento el calor recorrer mi cuerpo al verlo frente a mi con la camisa abierta y los tirantes sujetado su pantalón. La garganta se me seca y la respiración se me corta. —Se... Señor Ritchson ¿qué hace aquí? No debería, yo... —Usted, me ha tentado desde que la vi, usted, se ha comportado muy mal señorita, debería darle una lección. Sube gateando desde la base de la cama en mi dirección, encojo las piernas que ya están temblando. Cuando llega a ellas, las toma por las rodillas y las separa dejando espacio para meterse entre ellas. —¿Qué... Qué hace? —trato de preguntar, más solo sale un pequeño quejido. —Guarde silencio —su voz es gutural y sus manos sostienen las mías por encima de mi cabeza. Nuestros ojos están fijos en los del otro, mi pecho sube y baja; su ros
Clark ¡Maldita sea! Ya hasta en mis sueños la tengo presente, no creo poder contenerme por mucho tiempo, esa mujer va a acabar conmigo. Voy camino a la oficina con algo de dolor de cabeza, y mal descansado, es la primera vez que algo así me sucede. Ni con... Olvidalo Clark, ella no tiene nada que ver contigo. Son las siete en punto cuando entro al estacionamiento, es algo tarde, pero las bolas azules no bajan después de ese sueño. Veremos que tal pasa el día de hoy. Saludo a todos los que encuentro en mi camino, mi mal despertar va menguando y mi genio también; hasta que los veo juntos y sonriendo. Es como si una ola de ira me recorriera de la cabeza a los pies. —Vince, a mi oficina ¡AHORA! —grito sin poder controlar mi furia. —Señor, buen día —entra detrás de mi. —Buen día —se escucha la voz de ella. —Señorita Phoenix, a su sitio —trato de modular el tono de mi voz. —Si señor —se escucha que abre la puerta y después —si es porque nos encontró hablando, fue porque Bria
ClarkDejó un último beso en sus labios, salgo de forma tranquila de su pequeña oficina qué da a la mía, y en cuanto cierro la puerta, corro a mi baño personal.Me contuve con la poca cordura que me quedaba, porque se que ella se merece más, que solo ser la amante de su jefe.Siento mi dureza en mis dedos y recuerdo sus gestos, sus jadeos reprimidos y como mis manos recorrieron parte de su suave piel.Tenía unas inmensas ganas de poseerla, de hacerla mía de una vez por todas, más no podía arrebatarle la oportunidad de sentirse amada.Si, si, maldita sea si ¿como pasó? Ni yo lo sé, pero mi pecho brinca de felicidad al verla, al soñarla, al sentirá a mi lado, al escucharla, solo la quiero conmigo para siempre.Unos minutos después, mi simiente es vaciada en el retrete, por el momento es todo lo que puedo hacer, mínimo, ya se me bajaron las bolas azules.El poder disfrutar de su cuerpo, aunque sea por unos minutos, y carajo;poder probar el elixir de su ser, es lo más grandioso que jamás
Clark Todo fue muy rápido, solo atiné a jalarla y cubrirla con mi cuerpo, recibí sus puños en mi espalda, sus gritos se escuchaban lejanos. Solo me importaba ella, que despertará y poder ver sus lindos ojos marrones. —Despierta hermosa, todo está bien —intenta quitarme —suéltame, eres un imbécil Silver, largo de aquí ahora. —No tienes ningún derecho, es mi esposa —ruge con furia —VINCE, VINCE —llamo a Brian, desesperado. —Señor —llega de inmediato. —Llama a seguridad, qué saquen a este idiota de aquí y llama a una ambulancia. Sale corriendo mientras Frank, intenta que me quite, no pienso soltarla, por su culpa mi mariposa se desmayó, no la merece en absoluto. —Suelta a mi esposa, no lo entiendes, nadie lo hace —giro un poco mi cabeza y lo veo de cuclillas con las manos cubriendo su rostro. —No me interesan tus malditas excusas, no la mereces Frank, la tuviste por no sé cuanto tiempo, y lo mejor que pudiste hacer, fue engañarla. Acepta que la has perdido y vete con la poca d
Isabella Este hombre juega con mi cordura como se le da la gana, me hace volar con cada beso, con cada caricia, y de la misma forma me hace cuestionarme sobre si lo que siento es bueno o malo. Hace apenas unas horas, aún estaba casada con Frank; y ahora de la nada, parece que todos esos años de amor incondicional se esfuman entre sus dedos, sus besos, su piel. La forma en la que me ve, el como me desnuda con la mirada, el hecho de que me hace sentir deseada y a la vez cómoda en su presencia; y se que es una locura, pero una locura que me hace sentir mas viva que nunca. Me dejo hacer, sentir y vivir por primera vez en años. ¿Cuantas veces soñé sentirme así con mi esposo? Jamás llegó aquel día. Y a pesar de haberlo anhelado tanto, hoy, en este momento entré los brazos de mi jefe, me puedo olvidar de todo el mundo por unos segundos. Sus manos me recorren sin pudor alguno, mi cuerpo reacciona a su toque fuerte pero delicado. Cierro los ojos disfrutando el momento. —Señor, su pedid
ClarkMe cambio en la oficina para no hacerla sentir más incomoda, pude notarlo en sus ojos. Maldito Franklin, la hiciste una mujer insegura de si misma.Tomo el intercomunicador y le pido a Vince que venga; tengo algo en mente para que mi bella mariposa al fin, despliegue sus alas. —Señor —siempre tan profesional.—Necesito con urgencia lo que te pedí, además de eso, reserva hoy en el Qualton Rivera, habla con...—El señor Rivas y reservo el restaurante, desea una habitación ¿también? —¿me leerá la mente?—Exactamente —no me queda más que asentir.—Enseguida, y con respecto a lo otro; aún no tengo gran cosa. Solo que el señor Silver, cada mes se realiza estudios generales, eso empezó al mes de su boda con la señorita Phoenix. —Gracias Vince, puedes retirarte y por favor date prisa con eso. Asiente y da la vuelta para salir ¿estudios? Que mierda ocultas infeliz, y toda esa palabrería de que la amas ¿eres imbécil o muy cobarde? Sea lo que sea, lo voy a descubrir y juro por lo más s
Isabella Logramos cerrar el trato y después de eso, Clark, me lleva a mi casa, de camino vamos hablando de banalidades, hacemos chistes, vamos tan inmersos en ello, que no me doy cuenta cuando llegamos a mi edificio. —Bien señorita Phoenix, hemos llegado —su tono cambia a uno muy serio. —Muchas gracias Clark, entonces nos vemos más tarde —trato de hacerme la loca y salir del auto. —No piensas despedirte ¿cierto? Paro mi movimiento y regreso lentamente, no es que no quiera despedirme, porque la verdad es que tengo unas malditas ganas de hacerlo pasar a la casa y rogar porque este conmigo. —Nada de eso -sonrío sin pizca de gracia —lo que pasa es que no sé cómo actuar ahora, yo jamás me había comportado de esta forma en ningún trabajo, no sé si ofrecer disculpas o simplemente hacer como si nada pasara, yo... —Usted, se va a relajar y dejar de pensar cosas sin sentido, en la cena de esta noche pondremos todas las cartas sobre la mesa, ahora baje del auto y descanse. Paso por uste
Clark Me quedo sin palabras al escuchar su respuesta, es decir, lo deseo con todo mi ser, y escuchar que ella también lo desea, es algo que me llena en muchos sentidos. Se me infla el pecho de felicidad, hoy solo existimos mi mariposa y yo. Los miedos que tenía, se esfuman en segundos. —Solo tengo dos condiciones —frunce el ceño —la primera es, que pase lo que pase, lo hables conmigo, puedes confiar en mi; jamás haría nada para lastimarte y dos, que si en algún momento, ya no quieres estar conmigo, me lo hagas saber. No me gustan las mentiras ni los engaños, y creo que tampoco a ti. —Esas condiciones aplican en ambas partes, pido exactamente lo mismo, no sé que pasó contigo, pero creo que queda claro mi caso. Así que al igual que a ti, tampoco me gustan las mentiras y mucho menos los engaños. Y una cosa más. —Por supuesto mariposa, tu dirás —extiendo lo brazos en señal de que puede preguntar lo que desee. —Muy bonito todo pero ¿qué somos ahora? Digo, es claro que tenemos un