Después de su triunfo del día, Zashirah, había cenado satisfactoriamente, para luego marcharse a sus aposentos, se sentía feliz, los besos ansiosos de Shemir, le recordaban al pasado, un pasado en el que era difícil controlar la necesidad de estar cerca, un pasado que evidentemente él tampoco había olvidado, aunque le hubiese querido hacer creer que si.Después de una rápida ducha, se colocó su pijama, y sin poder resistirse se quedó de pie viendo a través del ventanal de su habitación, la oscura inmensidad del desierto. Sospechaba que aquel era un gusto que todos disfrutaban, el desierto de noche era tan oscuro, tan inmenso que parecía absorber todo, daba la impresión de atraparte en su inmensidad, y si a eso le sumamos un cielo iluminado por millones de estrellas, era algo mágico. Para otros sería una vista cualquiera, para los Norusakistanes, era una vista increíble, quizás tan hermoso como ver ese mismo desierto iluminado por el vibrante sol diurno.-¡Gracias Alá!- elevó su plegar
Con el nuevo día, llegaron también las nuevas esperanzas, Zashirah, se giró observando a su gemela dormir a su lado, sonrió, agradecía mucho que su hermana se preocupara por ella, y que hubiese intentado protegerla, agradecía también que pudiesen solucionar aquella situación de la mejor manera posible, amaba demasiado a su hermana, y no podría estar enojada con ella, aunque quisiera.Con cuidado salió de la cama y se dispuso a prepararse para el nuevo día, rogaba internamente a Alá para que lo que estaba planeando, saliese bien, hasta el momento sentía que había hecho grandes avances, aunque no pudiesen evidenciarse a simple vista, sabía que con cada recuerdo que le estaba devolviendo se acercaba más y más a él, podía verlo claramente en sus ojos, en su insistente necesidad de hablar con ella, de acercarse y le encantaba la manera en la que él obedecía a su deseo de mantenerse en silencio.-Buen día, Zash.-Buen día- su hermana se giró hacia ella con una enorme sonrisa- Alá, bendiga t
Shemir, se quedó pensando en las palabras de su madre, en Norusakistan tenían un dicho bastante popular; "Alá, otorga sabiduría con los años", y su madre a pesar de aún ser bastante joven parecía ser muy sabia. ¿Sería realmente posible aquello?, ¡ver materializado su amor por Zashirah?, cuando lo veía con ojos del corazón, se decía que sí, claramente era posible, pero entonces lo golpeaba la realidad y dudaba de la veracidad del lejano hecho. Volvió sus pensamientos a los documentos en el escritorio, antes de sumergirse de nuevo entre letras, sus fieles compañeras. Zashirah, caminaba intentando parecer despreocupada, se consiguió con que Naiara venía de frente hacia ella.-Alteza- la saludó con una enorme sonrisa- que gusto verla.-Lo mismo digo, Naiara. - devolvió el gesto, regalándole una tímida sonrisa- yo... estoy en busca de... Shemir- dijo un poco dubitativa. Naiara, sonrió con ternura.-Mi hijo está en el salón azul, un poco ocupado con algún papeleo y...¿Usted, le necesita?
Sintiendo la satisfacción recorrer su cuerpo, Zashirah abandonó la biblioteca con una enorme sonrisa en su rostro, sentía que podía dar saltos de alegría, solo que, seguramente no sería lo más adecuado, que una de las princesas anduviese dando literalmente saltos en palacio, sin motivo alguno aparente.-¡Oh, Alá, que alegría!- se dijo, los guardias que conseguía en su recorrido le saludaban y ella devolvía el saludo muy animadamente, pasó junto al salón rosa que tenía la puerta abierta, decidió entrar para encontrarse con su madre y sus tías, quienes tomaban té de jazmín.-Qué bueno verte, tesoro- le dijo su madre con una enorme sonrisa.-Lamento interrumpirlas- se disculpó.-Nada de eso, no interrumpes- aseguró Suseth.-Por supuesto que no, deberías sentarte y tomar el té con nosotras- aseguró Isabella, sonriente y la feliz Zashirah asintió, tomando un lugar en la mesa, se sirvió un poco de té y tomó una galleta de avena.-Espero que no estén hablando de algo muy personal.-Nada que
Después de la cena junto a la familia, Nael, había invitado a Shemir a su despacho para conversa un poco y expresarle lo agradecido que estaba por su colaboración con la nación, realmente apreciaban que él se estuviese esforzando por aportar su grano de arena a la constante evolución de la nación, con el paso de los años de a poco Norusakistan no dejaba de crecer, a paso lento pero constante y Nael se sentía satisfecho de que bajo su gobierno todo siguiera marchando tan ben para todos, se sentía un buen soberano.-Me siento afortunado de contar con tu ayuda, Shemir, has sido de gran ayuda, has dedicado muchísimas horas a la revisión de leyes, proyectos y futuros proyectos, realmente agradecemos a Alá que hayas regresado a casa, con nosotros, los nuestros- Shemir se sintió conmovido de que Nael hiciera esa referencia a que él era uno más de su familia.-Soy yo quien da las gracias a Alá, Excelencia, poder hacer algo, por pequeño que sea, que pueda contribuir a la nación me llena de pro
Shemir, se quedó con la mirada perdida a la nada, las disculpas de Zahiry lo habían tomado por sorpresa, sus sinceras palabras realmente lo habían tocado, verla allí disculpándose, hablaba del inmenso amor por su gemela. Shemir suspiró y se giró para marcharse en dirección a sus habitaciones. -¿Shemir?- la tímida voz lo sacó de sus pensamientos. -¿Mishah?, ¿Qué haces fuera, tan tarde? -Regaba las rosas de su majestad, bien sabes que le encanta que el jardín esté bien cuidado- dijo sin poder mirarlo fijamente. -Si, es muy cuidadosa con su jardín. ¿Estás bien?- preguntó con preocupación. -Intento estarlo- dijo débilmente- te vi... con la princesa... - dijo apenas audible y Shemir, suspiró. -Mishah, lamento ser el causante de tu dolor, quisiera poder remediarlo... -Si puedes, solo que no quieres. -Uno no elije a quien querer, Mishah, lo sabes bien- dijo con dulzura- si fuese asi, la vida sería menos complicada- le respondió con una sonrisa. -La princesa Zahiry. . . -No es ella
La música inundaba Palacio, los muchos invitados bailaban y comían inmersos en la celebración del día, los votos de Drew e Isabdiella, habían sido muy hermosos y emotivos, ambos se profesaban un amor desmedido y era evidente a todos los presentes que la princesa Isabdiella estaba perdida de amor por Drew, durante los votos matrimoniales, Zashirah no había podido evitar buscar con sus ojos a Shemir, quien para su sorpresa, tenía los ojos fijos en ella, la miraba con un ardor que posiblemente la había hecho ruborizar, y en cuánto ella lo miró con la misma intensidad, el abogado había desviado la vista, centrándose en los novios y así tal como comenzó el momento de intimidad, se había esfumado.-¿Una pieza con tu primo?- Zashirah salió de sus pensamientos y centró la vista en la persona que le hablaba. -Nael- le sonrió- claro que si- tomó la mano que le ofrecía y se dirigieron a la pista de baile, para comenzar la danza- me imagino lo feliz que estás por Isa.-Muy, muy feliz- sonrió Nae
La partida de Drew, Isabdiella, Suseth y Matt, habían dejado una especie de vacío en Palacio, dos días después de la boda ellos se habían marchado para instalarse en su nueva casa, no sin antes prometer que volverían muy pronto, Zabdiel se mostraba feliz, ante la dicha de su hija, aunque también un poco nostálgico de que ella se marchara nuevamente.Aquellos dos días nada mejoraba entre Shemir y Zashirah, él seguía rehuyéndola cuando ella se acercaba y la verdad se estaba acercando a un punto en el cual estallaría y lo confrontaría delante de quien fuese, no soportaba ver como él apartaba su mirada como si se sintiese avergonzado del momento de intimidad que habían compartido, no debía ser así, ella lo había disfrutado mucho.-Se ha quedado dormido- dijo Vanessa, observando a su pequeño hijo en brazos de Zashirah.-Es una ternura- le acarició la regordeta mejilla- todo un ángel, mira como duerme, sin ninguna preocupación en el mundo,-Es que no las tiene- Isabella rio- es una hermosa