En mi opinión, creo que acabo de darle un voto de confianza a Nicolás.Hoy me sorprendió con un mensaje en el que se ofrecía a recoger a Loreline en el colegio. Mientras tanto, yo me encargaría de gestionar mis pendientes en la oficina y revisaba las aprobaciones de los proyectos de beneficencia que Nicolás había firmado.Todo parecía estar en orden, así que le pedí a mi asistente que se encargara de organizar una reunión para poner todo en práctica.A medida que avanzaba la tarde, casi llegando a las 6 de la tarde, la puerta de mi oficina se abrió. Era Rachel, quien entró cargando varias bolsas en sus manos.—Madre, creí que seguías de vacaciones —comenté con una sonrisa mientras me ponía de pie.—Mi niña, regresamos antes de lo esperado. Damián tenía trabajo y el FBI lo necesitaba para analizar a algunos de los agentes, ya sabes, cosas técnicas —me explicó.—No te quedes ahí parada, pasa y siéntate —le indiqué señalando una de las sillas.—Gracias, mi niña —respondió ella mientras s
—Bueno, ella necesita comprender que no todo en la vida es perfecto y que también hay maldad en el mundo. A veces, los príncipes azules no son capaces de rescatarlas —respondió él, acompañado de una sonrisa.Asentí en silencio, comprendiendo la perspectiva única de Nicolás. Él prefería ser el villano, aquel que podría destruirlo todo por proteger a su hija.—Bueno en ese caso me quedo con el villano que sería capaz de destruir el mundo entero por mi.—Eva, eres malévola —bromeó—Y tú eres un idiota —respondí, entre risas.Caminé lentamente hacia la habitación de Loreline, sumida en mis propios pensamientos.Al llegar, me acerqué a su cama y le di un tierno beso de buenas noches en la frente. Luego, me dirigí a mi propia habitación, con paso cansado pero decidido. El día había sido agotador y estaba ansiosa por descansar.Una vez en mi habitación, me apresuré a quitarme la ropa y dejé que el agua caliente cayera sobre mi cuerpo cansado en la ducha. Después de unos minutos, me envolví e
Negué con tristeza.—Ya sabes que no puedo hacerlo, Nicolás —le recordé.Acepté la realidad de nuestras circunstancias, aunque doliera en lo más profundo de mi ser.—Bien, descansa, Eva —dijo resignado.Intercambiamos unas últimas palabras antes de separarnos en las sombras de la noche. Sentí el vacío y la soledad en mi habitación, como si me faltara algo. Aun así, el agotamiento logró apoderarse de mí, y me sumergí en un sueño reparador.Desperté más tarde y me sorprendí al ver a Nicolás a mi lado, durmiendo plácidamente.Lo llamé suavemente, despertándolo con delicadeza.—¿Qué haces aquí? —pregunté curiosa.Él me confesó con voz suave y preocupada.—No puedo dormir si no estás a mi lado. Temo que desaparezcas y no quiero perderte de nuevo—. Sus ojos reflejaban una sincera vulnerabilidad mientras susurraba estas palabras.No pude evitar sentirme irritada.—Deja de decir esas cosas—. Pero su mirada triste me hizo replantear mi actitud.—¿Te molesta que lo haga? —me preguntó, buscando
No entiendo qué quieren decir sus palabras ni qué destino me aguarda en este lugar sombrío. Pero una cosa es segura: mi existencia nunca volverá a ser igual.Estoy encerrada en un ático oscuro y sombrío, donde las sombras bailan y se contorsionan como entidades vivas por las paredes agrietadas, añadiendo una sensación de opresión a mi angustia.La oscuridad me envuelve por completo, impidiéndome distinguir cualquier detalle más allá de la negrura que me rodea.Las lágrimas siguen su curso constante por mis mejillas, dibujando surcos de desesperación en mi rostro mientras imploro una y otra vez que me liberen de esta prisión sin sentido.La incertidumbre y el miedo se entrelazan en mi mente, preguntándome una y otra vez qué hice para merecer este castigo cruel y despiadado.—¡Por favor, déjenme salir! No entiendo por qué estoy aquí, no he hecho nada malo —mi voz se quiebra con el peso de la angustia, esperando desesperadamente una respuesta que no llega.El silencio persiste, es una ma
★ NickEl bullicio de las calles me resulta insoportable mientras me abro paso hacia mi oficina, envuelto en el caos urbano que define mi vida cotidiana.Cada mañana, debo enfrentarme al estruendo ensordecedor de la ciudad mientras me encamino hacia el imponente edificio que alberga una de las empresas más destacadas del panorama empresarial, y que, para mi orgullo, lleva mi nombre.Desde que asumí la responsabilidad de dirigir esta empresa, que ha consolidado su posición como líder indiscutible en su campo, el apellido Evans ha evolucionado de ser temido a ser reverenciado.Mis padres son figuras prominentes en el ámbito de la psicología, han dejado una marca indeleble en el mundo con sus respectivas contribuciones.Mi padre, dotado de astucia e inteligencia, ejerce como psicólogo para el FBI, desentrañando las complejidades de la mente criminal. Mientras tanto, mi madre, con su dedicación y empatía, se especializa en el tratamiento de jóvenes y niños, brindándoles apoyo en sus lucha
Mis estudios universitarios son lo único que me importa; quiero ser un orgullo para mis padres. Al llegar a casa después de un día de estudio agotador, lo único que deseaba era tranquilidad, subir a mi habitación y tomar una larga siesta. Los exámenes me están agotando y ya no creo que pueda seguir el ritmo. Una vez que bajé del taxi y entré a casa, todo parecía normal hasta que abrí la puerta. Me encontré con varios muebles volcados en la entrada, los cuadros torcidos en las paredes y todas las demás cosas destrozadas, apenas podía moverme sin tropezar. Caminé entre los objetos en el suelo, sintiendo que podría caer en cualquier momento. A medida que avanzaba por la casa, me di cuenta de que el desastre se extendía por todos lados. El caos que reinaba en mi hogar era abrumador. No podía entender qué había sucedido ni por qué. Cada paso que daba era como moverse en un campo minado, con la preocupación de tropezar con algo más y empeorar la situación. El desorden era una afrenta
En el abismo de mis sueños, reviví la escena una y otra vez.Los hombres vestidos de negro, con actitud despiadada, tenían a mi padre arrodillado, su mirada estaba fija en mí.Juré ver una lágrima escapar de sus ojos mientras aguardaba su destino incierto.Cuando finalmente emergí de las profundidades de la inconsciencia, me encontraba de vuelta en casa, tendida en mi propia cama.Mi madre estaba frente a mí, con la preocupación marcada en su rostro.La abracé con fuerza, sintiendo el alivio de su presencia y el peso de la realidad desvaneciendo el horror de mis sueños.La imagen de mi padre aún me atormentaba, pero poco a poco me di cuenta de que todo había sido un sueño.La escena macabra, la casa en desorden, las deudas abrumadoras de mi padre, todo era producto de mi mente turbada.—¿Qué pasa, cariño? ¿No te fue bien en algún examen? —preguntó mi madre, acariciando mi cabello con ternura.—Mamá, ¿y el abuelo? ¿Dónde está papá? —inquirí, confundida y aún aturdida por las imágenes p
★ Nicolás —¿No has recibido ninguna noticia sobre Andrea, verdad? —pregunté con ansiedad al investigador a cargo de localizar a mi prometida, apretando los puños con fuerza.—Lamento informarle que aún no hemos obtenido ningún indicio sobre el paradero de la señorita Collins. Sin embargo, hemos descubierto que se reunió con su padre hace unos días —respondió el investigador con voz monótona, ajustando los lentes sobre su nariz.Lo observé con desprecio, conteniendo mi impaciencia mientras seguía hablando de trivialidades irrelevantes sobre Andrea, con gestos exagerados.Me preguntaba cómo alguien podía estar tan inmerso en asuntos que no me interesaban en absoluto.Después de unos minutos, finalmente se retiró y entró Gerald, mi asistente personal, con su habitual expresión amable.—Hemos hecho lo que pediste, Evans —anunció con una sonrisa, manteniendo la cabeza inclinada en señal de sumisión.Su manía de usar mi apellido junto con el término «joven» siempre me había irritado p