Lyon corrió hacía el lago que estaba cerca de sus fronteras, desde ahí se tenía la mejor vista de su madre la Diosa, era un lugar habitual para él, donde podía ir a pensar sin que nadie lo interrumpiera, algo que le parecía imposible en ese momento, pues su lobo no dejaba de recriminarle la forma que había tratado a su compañera. —Sabía que te encontraría aquí —escuchó la voz de Uzziel ya casi amanecía, por lo que su amigo fue a buscarlo.—Tú no, ya tengo suficiente con él—refiriéndose a su lobo que seguía molesto con él.—Yo solo quería saber ¿Qué le dijiste a Aysel que la hizo llorar? —su pregunta evidenciaba la molestia de su amigo, como si fuera a defender a su mujer. —A ti no te importa lo que le dije a Aysel —replico Lyon si voltear a verlo —mejor respóndeme ¿te interesa mi compañera?—Si fuera así ¿Qué me harías? —volvió a responder de forma retadora, Lyon se volvió para tomarlo del cuello.—No me provoque Uzziel, ella es mi compañera… —dijo Lyon mirándolo con los ojos rojos…
Aysel había pasado una muy mala noche, Lyon no había vuelto a casa en toda la noche, ¿A dónde había ido? No sabía. No pudo dejar de pensar en lo que sintió cuando estuvo entre sus brazos, ese deseo que el tenía por besarla, pero, un segundo todo cambio cuando quedo al descubierto su marca, Lyon la empujo lejos de él, sin importar que la lastimara. Cuando volteo a verlo, no pudo ver sus ojos, estos estaban cerrados, así que no pudo ver asco en ellos, pero que más podría ser para que él la aventara de esa forma y le pidiera que se alejara de él. Aunque Lara quería ocultar lo que decían, unas lobas se habían puesto hablar por fuera de su puerta sobre los nuevos rumores que corrieron como pólvora, donde le daban la razón, Lyon sintió asco por ella. Quería quedarse encerrada en su habitación, no salir para nada, fingía el dolor de cabeza que sentía, para que no insistiera Lara, ni Uzziel que saliera, pero cuando Feray entro a su habitación dando brincos de gusto todo cambio. La llegada
—Si Radolf regresa recíbelo en la manada, él no puede vivir lejos de su familia, necesita el amor, sobre todo el tuyo para cambiar, no vivas con ese rencor al final será la perdición de los dos… —esa había sido la suplica de su padre antes de morir.Pero no sabía cómo volver a quererlo, menos cuando al tenerlo enfrente vio en sus ojos peligro, odio.Gruño de coraje, lo que su padre le había pedido era muy difícil de conseguir, no podía perdonar el crimen que había cometido su hermano, menos cuando cada vez que lo veía la sangre le hervía, querer destrozarlo al tenerlo en frente, no, ellos no podían estar de nuevo en el mismo lugar juntos, debía encontrar la manera para que se largará por su propio pie, sin causar más daño, evitando que Feray intentara irse con él. Unos golpes lo sacaron de sus pensamientos. —¡No quiero hablar con nadie! —grito, pero la persona que había tocado no le importó lo que él había dicho. —Lyon soy yo —escuchó que decía Emel —déjame pasar por favor, no me a
Solo la idea de que Aysel pudiera traccionarlo, de no tenerla a su lado, le afectaba demasiado. Cuando Emel le dijo que podía estar faltando a su orden, le hervía la sangre, más al pensar que estuviera aceptando también los coqueteos de Radolf.Al bajar las escaleras camino más aprisa, al tenerla a su alcance la tomo con fuerza de la muñeca y la alejo de su hermano y su mejor amigo. —Te di una orden Aysel, ¡no puedes obedecerla! —le grito furioso, sin dejar de apretar su muñeca. —Te juro que no quise desobedecerte Alfa —dijo soportando el dolor.—No, pero lo hiciste ¿acaso te gusta coquetear con todos? —la pregunta de Lyon la ofendió y le dolía, como podía pensar eso de ella, no era Dilay. —Lyon no sigas —le ordeno Uzziel sabiendo que estaba ofendiéndola y hiriéndola —te puedes arrepentir…—Tú no la defiendas, eres otro que ha conquistado —replicó molesto Lyon sin dejar de verla —ahora mismo te voy a enseñar que debes obedecerme.Levantó su mano libre para abofetearla, pero Uzziel
La sacerdotisa aceptó que Lyon se quedara, mientras ella revisaba a Aysel que seguía desmayada. Los minutos fueron largos para Lyon que quería una respuesta de inmediato sobre la salud de Aysel, por la mañana despertó indispuesta, tal vez era que no había descansado lo suficiente…—¿Por qué no abre los ojos? —cuestiono desesperado.—Tal vez es porque no quiere abrirlos y saber que usted la dejará…—abrió los ojos, parecía que Emel ya había esparcido el rumor que él iba a despreciar a Aysel, que la echaría de la manada y sepa cuanta mentira más…—Eso nunca pasara —exclamo molesto Lyon mirando el rostro de Aysel, con delicadeza paso las yemas de sus dedos por la marca de su rostro —Nuestra madre la Diosa me la dio como compañera y así va ser hasta el día de mi muerte…—Qué bueno que me lo dices, porque Emel no merece llevar el título de Luna —dijo la sacerdotisa, sorprendiendo a Lyon —solo Aysel, ella ya era querida, pero desde que se convirtió en tu Luna, fue mayor el amor y la lealtad
Feray brinco y grito de alegría al escuchar a su hermano, por lo que le entró una duda a Lyon.—Feray dime una cosa, ¿Por qué quieres más a Aysel, que a Emel? ella fue tu niñera mucho tiempo —la niña bajo la vista, poniéndose nerviosa ante la pregunta de su hermano —Feray confía en mí, soy tú hermano…—Emel fue una bruja conmigo —soltó Feray mirando el suelo —desde que me dejaste a su cuidado, fingía cuidar de mí, su cariño por mí, pero solo dabas la espalda y se volvía otra, me pegaba cuando no le hacía caso, por cualquier tontería se enfurecía, cuando te fuiste a las tierras altas, comenzó a decir que ella sería tú luna, yo una vez la contradije y me dejo sin comer por días…Lyon abrió los ojos, nunca se imaginó que Emel hubiera sido capaz de hacer algo así a su hermana. —¿Pero tú querías irte a vivir con ella el día de la ceremonia de Luna? —cuestiono desconcertado. —Ella me obligo, me amenazo con encerrarme en la torre para siempre si no lo hacía —Feray comenzó a llorar —ella fu
—¿Cómo está Aysel? —preguntó Uzziel en cuanto lo vio —La sacerdotisa dijo que estaba bien, que solo necesita descansar —se detuvo un momento, puso su mano sobre el hombro de su amigo —quédate en la puerta de Aysel, no quiero a Radolf cerca de ella…—Como digas Lyon —afirmó con la cabeza —¿tú a dónde vas? —Voy a expulsar a Emel de la manada —le respondió con firmeza Lyon, nada de lo que le dijera, haría que tuviera misericordia de ella. —Sabía decisión —dijo Uzziel con una amplia sonrisa —ahora solo falta que Radolf se marche para vivir en paz en la manada, de nuevo…—Eso puede que sea algo difícil, pero no imposible… —con esas palabras salió de su casa en busca de Emel, ella tendría que darle muchas explicaciones. Cuando llegó a la casa de Emel escuchó los gritos de dos mujeres que estaban discutiendo.—…Tú nunca serás la Luna de la manada —escuchó la voz Lara.—Eso está por verse —el tono de voz de Emel denotaba soberbia —ahora recoge todas mis cosas, me voy a mudar a la casa de
Aysel abrió lentamente los ojos, dándose cuenta que aún estaba en su habitación, por lo menos Lyon no la había sacado de ahí cuando ella estaba inconsciente, le estaba dando la oportunidad de irse por su propio pie y con la cabeza alta, porque no pensaba rogarle. Sin poder evitarlo comenzó a llorar, que había hecho todos esos días para que Lyon pensará en dejarla, en romper su enlace, ni un mes le había dado para tener una oportunidad para ganarse su corazón. —Hay Lyon —sollozo pensando que estaba sola, de entre las sombras surgió una figura alta.—Veo que ya despertaste, ¿Tienes apatito?, ¿Quieres que ordene que te traiga algo de comer? —no puedo evitar que sus palabras y preocupación la llenaran de asombro, que no sabía que decir —Feray dile a Lara que suba algo para Aysel…—Si voy corriendo —dijo la niña dejándolos solos. —Alfa ¿Qué hace aquí? —fue la primera pregunta que salió de sus pensamientos. —Ver que estes bien —Lyon se acercó un poco apenado —tenemos que hablar de lo q