Sigo inspeccionando el refugio temporal. Hay muchas camas tipo litera. Son pequeñas, no son las más cómodas, pero sirven para dormir. Veo una puerta metálica cerrada hasta el fondo, no tiene llave, aunque es pesada, logro asomarme y jadeo al ver un tipo horno en el centro de la habitación. ¿Para qué alguien querría tener un horno?La respuesta me la da el cadáver que cae pesadamente por la entrada al búnker. Cuando colisiona con el suelo se escucha un crujido que me provoca un escalofrío. Ya está muerto, ridícula, no siente nada. Pero se escuchó feo.Aiden entra al lugar y cierra la escotilla. Listo, estamos encerrados bajo tierra y sin saber por qué, comienzo a sofocarme. Solo falta que me vuelva claustrofóbica. Genial, como si con las crisis de pánico no fuera suficiente. A pesar de que son altas horas de la noche, el cansancio y el sueño no me molestan. De hecho, siento que necesito activarme, hacer algo para no sentirme inútil y torpe.—¿Cómo contacto a Sandro?Aiden jadea sudoros
Aiden se recobra de la sorpresa y me envuelve en sus brazos, siento su calor irradiar hacia mi cuerpo. Es fuerte, pero gentil. Me alza sin esfuerzo, lo rodeo con mis piernas mientras me recarga en la pared. Su lengua se abre paso en mi boca, juguetea con la mía al tiempo que el calor se apodera de mí.Mi respiración se acelera, mi corazón late cada vez más rápido en sincronía con el de Aiden. Sus manos acarician mis mejillas, mi cuello y bajan hacia mi abdomen. Sin poder evitarlo gimo muy por lo bajo. Separa su boca de la mía, aprovecho para respirar profundo, sus labios juguetean en mi cuello, me provoca cosquillas.Justo cuando un jadeo sale de mi boca, Aiden me toma y llegamos hasta la litera más cercana. Caigo sobre la cama y me besa de nuevo. Solo se separa de mí para deshacerse de mi blusa y posteriormente cuando le quito la playera. Una extraña sensación se apodera de mí, casi siento que no soy yo quien tiene control de mi cuerpo. Cuando me doy cuenta, estoy sobre él. Acaricio
Tres meses despuésEl ascensor está tardando demasiado; entiendo que bajar hasta el décimo piso no es tan rápido, pero acabo de descubrir información de suma importancia y no puedo darme el lujo de tomarlo con calma. Traigo la información impresa, esto le servirá de mucho a Sandro, pero me servirá mucho más a mí si es que Sandro acepta mi propuesta.Las cosas en la costa este no son tan complicadas como lo creí en un inicio, Sandro es persona de interés ahora, al igual que yo y al igual que muchos otros agentes que pertenecen a la empresa. Es por ello que las encargadas de dar la cara por los negocios no turbios, son Alenna y mi madre. Alenna es una mujer inteligente, alegre y comprensiva, es la mejor para sostener los medios y la comunicación. Mi madre, al operarse y fingir su muerte (porque para todo el mundo ella está muerta) adoptó nuevo nombre y nueva "vida", tiene doctorado en no sé qué de Economía y además tiene conocimientos en Contaduría porque de hecho es contadora..Para cu
Lo importante ahora es que necesito ir a visitar la cámara de los recuerdos.Me costó dos meses y medio dar con el lugar en donde se guardan los recuerdos. Aún tengo curiosidad del por qué Sandro me quitó los recuerdos de Joel, pero no me atrevo a preguntarle, aún no. Lo que más me interesa es ver si por ahí encuentro los de mi padre, algún otro mío y sobre todo, los de Sandro. Algo esconde, no sé bien qué, pero necesito averiguarlo antes de...—Di, mi niña hermosa —joder, ahorita no tengo ganas de ver a mi madre—. He pensado que tal vez necesitas algo para quitarte el estrés y más ahora que eres la encargada de las drogas —me abraza y siento el frío recorrerme—. Tal vez una mascarilla, podemos ir al spa, es territorio nuestro, no correrás peligro. Será un día de chicas.Mis ovarios, tengo cosas más apremiantes. No es que nunca haya tenido un día de chicas con esta nueva madre, pero hoy no estoy de humor. Aparte, nuestro último día de chicas tuvo como invitada especial a Elisa y aunqu
El mundo se derrumba a mí alrededor, una pesada cortina se desbarata frente a mí y siento como la ira que constantemente trato de apaciguar cobra fuerza a cada momento. Sandro es un enfermo, un hombre con algún trastorno; es un maldito psicópata. No sé nada de psiquiatría, pero estoy segura de que mi tío está mal de la cabeza. Mi respiración se acelera en un intento de evitar esta sensación de ahogo que me embarga.Las crisis son de lo peor y cada vez que se presentan siento que me muero.Por suerte, mi espalda está recargada en la pared, mis piernas flaquean y siento como caigo al suelo. Jadeo de dolor, no sé de donde proviene, solo siento que me recorre de cabeza a pies. Sabía que mamá no se sentía real, algo en ella es artificial, pero el verlo, presenciar el momento en que Sandro la asesinó... es otro golpe duro. No es un dolor de pérdida, ese lo superó la Dinaí de 16 años, este dolor es distinto, es decepción, sorpresa y más que nada me siento mal por la mujer que tiene los recue
Dado que he ganado todas las carreras de la una de la mañana, tengo pase directo a la competencia final. Elisa es la encargada de hacer mis apuestas, tiene buen tino para eso o es solo que agarró experiencia en El Arco. Mientras llega la hora de hacer rugir el motor, me dedico a echar un vistazo por los alrededores. Nada sospechoso, nada fuera de lugar. Si Elisa me falla, me enojaré con ella. Gibrán, como siempre, se acerca a charlar y a mandar indirectas y directas sobre irme con él después. Me vale madre, solo quiero competir, pues creo que Elisa se equivocó y la persona a la que quería ver no vendrá. Debí quedarme para matar a Sandro.La esperada carrera llega, entre vítores y aplausos, nos reciben. Llego a la línea de salida con el Audi y le sonrío a una chica que me saluda desde fuera. Casi siempre elijo el carril de la izquierda, de alguna forma me hace sentir mejor. Volteo a la derecha y veo a Ramón, uno de los que siempre ganan, pero yo siempre le gano. Más allá hay un autom
La mirada de Mateo se clava en la mía. Sus ojos color ámbar son tan familiares que entre tanta frialdad es como una corriente tibia. Si rostro no refleja emoción alguna, él siempre ha tenido el talento de esconder muy bien sus sentimientos.Me desestabilizo por un breve momento, debo admitir que por poco dejo caer una lágrima, pero él no es el único que sabe disfrazar las emociones. Tomo el broche de mi madre, la verdadera y no el experimento, lo admiro una vez más y una máscara de inexpresividad cae en mi rostro.Siento el ferviente deseo de sacar la cocaína, hacer una línea y metérmela aquí mismo. Los dedos de mis pies juguetean nerviosos, espero que nadie se percate de mi creciente ansiedad. La frecuencia cardíaca incrementa, puedo sentirlo, intento disimular mis respiraciones agitadas, pero la crisis es inevitable, la siento tan cerca.—Tranquila, Dinaí —su voz es pausada y su rostro adopta expresión preocupada—. Respira, solo concéntrate en el aire. No pasa nada, estoy bien, está
Las puertas se abren y entro casi corriendo, pulso el botón con el número 5 marcado, por alguna extraña razón, estoy impaciente por llegar a mi destino. Pero también siento el deseo ferviente de inhalar. Podría hacerlo, estoy sola en el elevador... no, no es correcto. Solo me hago más daño del que ya me he hecho. Culpas a Aiden por bullearte, pero te haces el mismo daño. Es mi vida, si me quiero hundir, lo hago. Pero nadie tiene derecho a hundirme. Y por favor, desaparece, no te necesito. Claro que necesitas de mí, soy tú. Estos últimos meses gracias a mí has resistido. Gracias a mí mataste a Catarina, gracias a mí te uniste a Sandro. Así es, lamento informarte que esto se acabó.Llego a la puerta indicada, el número 512 está en lo alto. Trago saliva, ¿qué tal si esto es una trampa? Me podrían matar o torturar. Y es viable, le jodí la vida a Mateo después de que accidentalmente me la jodiera a mí. No, Mateo no es así, me hizo daño, le hice daño, pero sé que no lo hará de nuevo, porque