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Cap. 5: Engañada y amenazada

Había llamado a la señora Adia por teléfono y le informó que iba camino al hospital por lo que le pidió encontrarse allí, necesitaba concretar todo con ella, luego de despedirse del médico, Patricia estaba muy cerca de la entrada pendiente de su llegada y al verla se acercó:

            –Buenos días señora Adia, gracias por venir, se imaginará el motivo por el que la llamé, necesito que me entregue el dinero de inmediato para iniciar los trámites de la intervención de mi hijo.

            –Sabes que he estado pensando al respecto y realmente tú deberías estar muy agradecida conmigo porque te conseguí la entrada directa a una de las familias más prestigiosas del país.

            –De acuerdo, se lo agradezco mucho, ahora por favor me da el dinero que me prometió –la apremió impaciente.

            –Te voy a facilitar las cosas aún más, olvídate del niño y vive tu nueva vida junto a Enzo Villalba Reyes, estoy segura de que su familia no te dejará desamparada. Ese niño solo será un obstáculo en tu matrimonio, te advierto que si tu esposo se entera puede anular todo con un plumazo.

            –¿Cómo se le ocurre siquiera pensar que yo voy a abandonar a mi hijo? Págueme lo que me ofreció o voy a contarle todo a Enzo.

            –No me amenaces poca cosa, tú y tu familia tienen mucho que perder si abres la boca, sé todo sobre tus padres y no me voy a conformar con arruinarles la vida, también puedo acabar con todos ustedes, así que no me molestes.

            –Es una mentirosa manipuladora –dijo ya con lágrimas en los ojos–, ¿por qué hace esto?, yo solo quiero salvar la vida de mi hijo.

            –Ya te lo dije, considéralo un buen consejo, deja ese niño como está y comienza a disfrutar tu vida de casada.

Su situación no podía ser peor, ahora estaba casada con un hombre que no quería y que tampoco sentía nada por ella, su hijo seguía enfermo y necesitando el trasplante de médula para lo que ella no había logrado absolutamente nada casándose y sustituyendo a la hija de esa desgraciada mujer que la engañó y tontamente había creído en su palabra, tenía que buscar trabajo a como diera lugar para pagar el tratamiento de su pequeño.

No iba a rendirse ahora, aunque debía mantener esa farsa de matrimonio, ya que no sabía realmente cómo reaccionaría su, ahora, esposo.

“¡Dios! Te necesito y mucho.”

***

Luego de una semana de casado, Enzo se sentía afortunado porque su esposa había cumplido cabalmente con sus condiciones, ni siquiera se la había topado en la casa y eso lo consideraba muy bueno, él continuó con su vida como si nada hubiera sucedido, seguía con sus actividades y nadie sospechaba absolutamente nada.

Reconocía que, algunas veces, le daba curiosidad volver a ver su hermoso rostro, pero era incapaz de abrir la puerta de su habitación, ninguna mujer había estado con él obligada. Esa noche habría una cena familiar y tendría que llevarla con él, así que le mandó a avisar desde temprano que estuviera lista a las ocho de la noche, ahora esperaba que fuera puntual.

Estaba revisando en su reloj que faltaban cinco minutos para la hora pautada cuando la vio en el tope del piso superior, le gustó como lucía, estaba preciosa esa noche, la esperó al pie de la escalera y no quitó sus ojos de su figura, el vestido se ceñía a su cuerpo, su escote era tentador y la abertura que dejaba ver su pierna desde la mitad del muslo lo hizo tragar saliva.

Le extendió la mano para ayudarla a terminar de bajar, luego ella posó su mano en el brazo de él para dirigirse a la salida, no le dijo absolutamente nada de cómo se veía, pero solo porque no quiso descubrirse ante ella.

***

A pesar de la indiferencia de su esposo, Patricia no se quejaba de lo que había sido hasta el momento su vida de casada, había podido salir libremente visitando a sus padres y a su pequeño, sin ningún contacto con Enzo hasta que le envió un mensaje invitándola a una cena familiar.

Además, incluyó varios trajes para que escogiera con cuál asistiría, lo que le resultó bastante extraño, los revisó y se percató de que eran de muy buena calidad, “espero que no los haya robado” –pensó mientras seleccionaba uno en azul cobalto.

El vestido era vibrante, le gustaba mucho ese color y le quedó muy bien, también tenía calzado y accesorios; peinó su cabello de medio lado sujetándolo con un broche brillante y se maquilló como una profesional, algo que aprendió desde muy jovencita y gracias a su mejor amiga Abigail que ya descansaba en paz, ya que había fallecido un tiempo atrás.

Salió un poco antes de las ocho de la noche y lo encontró al pie de la escalera, vestido elegantemente con un traje de tres piezas, sus ojos la recorrieron desde el cabello hasta los zapatos y no pudo ocultar el brillo en su mirada, aunque no le dijo nada sobre su aspecto, su expresión habló por él.

Así que se dio por satisfecha sonriendo internamente, aunque no sabía bien la razón para que eso le fuera relevante, tomó su mano y luego su brazo en completo silencio, así salieron de la casa, subieron al automóvil y llegaron a la mansión Villalba para…, lo que él llamó, una cena familiar.

Al entrar todos la vieron detalladamente, Enzo observó los rostros de sus familiares y amigos cercanos que fueron invitados esa noche y estaba complacido por las expresiones de aprobación al ver a la preciosidad que caminaba a su lado:

            –Estás haciendo muy bien tu papel y me siento bastante cómodo con eso –le dijo al momento de tomar asiento en la mesa.

Durante la cena no faltaron las preguntas indiscretas, pero ella respondió algunas y otras las sorteó con mucha habilidad, Enzo se mantuvo la mayor parte del tiempo en silencio para no insultarlos a todos.

La mayoría quería saber dónde se habían conocido, cuánto tiempo tenían de relación, aparte de que bromeaban mucho diciendo que él la tenía escondida.

Los más osados le preguntaron si tenía trabajo ya que lo necesitaría para cubrir sus gastos y los de su esposo a quien no le gustaba mucho trabajar.

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