A la mañana, siguiente, llegué a la empresa, puntual, a las ocho de la mañana. La señora Mariana me recibió con una cálida bienvenida y se encargó de presentarme a todo el equipo. Todos fueron extremadamente amables conmigo, aunque el jefe aún no estaba en la oficina, ya que se encontraba de viaje y regresaría hasta el fin de semana.La oficina era impresionante. Un diseño moderno que combinaba perfectamente el blanco, con el acero inoxidable y los detalles en verde. Lograba ser profesional y acogedora a la vez, con un toque de elegancia que me cautivó por completo. Y me sentí particularmente satisfecha por mi elección de vestuario: un traje negro impecable, con una blusa de satén verde oscuro y unos tacones negros que complementaban el conjunto a la perfección. Consciente de que ahora trabajaría directamente con el presidente de la empresa, sabía que debería mantener ese nivel de elegancia todos los días.A media mañana, recibí un mensaje de Meli, en el que me informaba que había
«Alessandro».En la habitación del hotel en Nueva York, un pensamiento se volvió insistente en la mente de Alessandro Meléndez: cómo sería su nueva asistente.Esa voz, parecía haberse quedado dentro de mi cabeza. Cuando llamé a la oficina solo quería contarle a Mariana que había cerrado el contrato que había ido a negociar a Estados Unidos, pero cuando escuché esa voz, algo en mí se agitó completamente. Era una voz tan melodiosa, tan tranquila… No sé por qué me irrité tanto.Ahora estaba allí sentado en mi habitación de hotel, con un vaso de whisky en la mano, mirando el Central Park por la ventana y pensando en cómo sería la dueña de esa voz. Eso me quitó completamente el foco de los detalles que necesitaba confirmar y me enojé demasiado por no saber qué decir y tener los pensamientos tan agitados. Por eso había terminado gritándole como un desquiciado a la mujer del otro lado de la línea. Creo que la asusté. Tal vez ni siquiera estaría allí cuando yo regresara y Mariana acabaría c
Mientras la Sra. Mariana me iba dando todas las instrucciones, yo anotaba atentamente cada detalle importante. Habíamos agarrado un buen ritmo de trabajo y así la tarde estaba pasando muy rápido. Me dijo que necesitaba hacer una llamada personal y salió de la oficina, avisándome que el chico del Departamento de Tecnología de la Información me entregaría un celular corporativo que debería mantener siempre encendido.Poco después entró a la oficina un chico con pinta de nerd, delgado y alto, que se sorprendió al verme:—¡Vaya! Este... disculpa, ¿tú eres?Me levanté para atenderlo:—Catarina Vergara, la nueva asistente del Sr. Mellendez—Me miró de arriba abajo como evaluándome.—¿Señorita Catarina Vergara?Le respondí que sí con una sonrisa profesional. Él sonrió y dijo:—Justamente a ti te tengo que entregar esto—extendió la mano y me entregó un celular nuevo y una tablet—Es tu celular corporativo. El jefe ya tiene el número y el suyo está en la agenda. También está configurado co
Después del trabajo, Meli me esperaba en la puerta, con Pedro acomodado en su sillita en el asiento trasero. Quedamos en ir al centro comercial a comprar las cosas que necesitaría para la guardería.—¡Amigaaa! ¿Cómo fue tu primer día? Cuéntamelo todo—dijo toda feliz con una enorme sonrisa.—Meli, creo que tendré que llamar a tu tío y pedirle mi trabajo de vuelta—dije algo triste. Me miró impactada—Pero primero cuéntame de tu entrevista.—¡No lo puedo creer, Cata! ¿Conseguiste que te despidieran el primer día? Cuéntame todo, después te hablo de mi entrevista.Sonreí y le conté todo. Cuando estacionó la camioneta en el mall, estaba muerta de risa con mi situación.—Cata, solo tú podrías meterte en una discusión así con el jefe. ¿Sabes que es súper joven, verdad?La miré como si hubiera visto un unicornio y pregunté:—¿Cómo que joven?—Ay, Cata, ¿no investigaste a tu jefe en internet?—No, Meli, entré al sitio web de la empresa, leí todo, pero no hay fotos ni referencias a su eda
—Buenos días, Catarina. ¿Todo bien?—Mariana entró a la oficina sonriente y me saludó dejando su bolso a un lado antes de mirarme.—Buenos días, Sra. Mariana. Estoy bien ¿y usted?—Estaba de pie separando unos documentos y cuando me giré la vi con la misma expresión de Meli y la vendedora en la tienda. Llevaba puesto mi vestido nuevo, mis zapatos nuevos y esa lencería indecente que Meli me compró.—Catarina Vergara, ¡pareces sacada de una revista! Niña, estás hermosísima con ese vestido.—Gracias, señora—Respondí algo apenada, pensando si no había exagerado. Pero ella enseguida despejó mi duda.—Mira, vas a causar muy buena impresión en el jefe. Llega hoy, hasta me sorprendí, porque lo programado era que volvieran el viernes, pero parece que Alessandro decidió agilizar todo y los ajustes se harán desde aquí. Ah, y por favor, deja de llamarme señora—Sonreí ante su pedido, pero no le dije que sabía que el jefe estaba por llegar—Bueno, a trabajar.La mañana pasó volando y fui a almorza
"Alessandro"Cuando me detuve en la puerta y miré a la mujer inclinada sobre el archivo de espaldas a la puerta, mis ojos fueron directo a aquellas piernas y llegaron a ese elegante par de zapatos. ¡Y qué zapatos! Aquellos tacones eran impresionantes, debería prohibirlos en la oficina. Entonces escuché ese silbido de Patricio. Ella se levantó inmediatamente y pude ver que tenía una figura perfecta. Tenía el cabello negro hasta la cintura medio recogido y muy brillante. Por supuesto que él quedó embobado con ella inmediatamente, Patricio es un conquistador empedernido. Lo miré con el ceño fruncido y él sonrió aún más al notar mi desagrado.Pero cuando aquella mujer se dio vuelta los ojos de Patricio se agrandaron aún más, es demasiado hermosa, con ojos vivaces de un verde impresionante, yo solo pensaba en sacar a mi amigo de allí inmediatamente y prohibirle siquiera mirarla. Sin duda era mi nueva asistente y de ninguna manera permitiría que Patricio usara sus encantos con ella. Pero c
"Alessandro"De repente, esa cotorra insoportable de Ana Carolina, que vio toda la escena frente a nosotros, empezó a hablar casi gritando:—¿Qué estás haciendo, mujerzuela ofrecida? Suelta a Ale, aprovechada.Sin soltar la cintura de mi asistente, le susurré al oído muy bajito:—No te atrevas a alejarte—Claro que ella había sentido mi erección, pero no necesitábamos que nadie más allí lo notara. Miré a la cotorra y con cara de querer matarla le ordené:—Baja tu tono de voz, Ana Carolina, y discúlpate con la Srta. Catarina inmediatamente.—¡Qué es esto, Ale! Solo estoy poniendo a esta cualquiera en su lugar. Está coqueteando contigo descaradamente. Además, se paró frente a la puerta impidiéndome entrar a verte, diciendo que tengo que ser anunciada. Esto es un absurdo, ¿desde cuándo necesito ser anunciada? Dile quién soy y ponla en su lugar. Tienes que reprenderla, Ale, hasta creo que deberías despedirla—Ana Carolina habló con los ojos chispeando de odio.—Ana Carolina, discúlpat
Me desplomo en la silla de mi oficina, tenía las piernas temblorosas, no sé cómo logré mantenerme firme como si nada extraordinario estuviera pasando. Qué mujer tan desagradable esa Ana Carolina. Pero no esperaba que las cosas se desarrollaran de esa manera. Cielos, cuando él me abrazó por la cintura para evitar que me cayera y me atrajo contra su pecho, me quedé muy sorprendida. Por supuesto que sentí la firmeza de su impresionante complexión contra mi espalda y eso me despertó, pero cuando susurró en mi oído que no me alejara, un calor se extendió por todo mi cuerpo, dejándome con la ropa interior húmeda y ardiente. No había sentido esto desde aquel baile. Y mi jefe estaba firme como una roca presionado contra mi espalda... ay, no sé si este trabajo va a durar.—Catarina, ¡estás en grandes problemas! —me dije a mí misma.Tomé mi celular y le mandé un mensaje a Mel, necesito contarle que conocí al jefe, así que escribo: "Conocí a mi jefe." —No tardó mucho en responder: "¡Apuesto a q