El raro.
(Marina)
Caminaba hacia la parada del autobús turístico, pensando en lo acontecido el día anterior, en cómo ese idiota se marchó sin más, sin tan siquiera saludar, cuando nos vimos en el paso de peatones.
Quizás se sentía avergonzado por ese beso que nos dimos a las puertas del bar.
El beso. ¡Casi lo había olvidado!
Yo también me sentía avergonzada. Pero ¿cómo se me había ocurrido besar a un desconocido, así como así?
Sacudí la cabeza, era mi sexto día en aquella ciudad, me iría al día siguiente.
Me detuve sobre el puente, haciendo una foto del bonito paisaje, hacía una tarde preciosa, girando la cabeza levemente, observando a un tipo frente a mí, pasándome de largo, con las manos metidas en los bolsillos y la vist
Es diferente.(Aidan)La ayudé a levantarse de la arena, dispuesto a llevarla al bar de mi ex nana, importándome bien poco las apariencias, mi decisión del otro día sobre seguir con mi vida y alejarme de ella, en aquel momento tan sólo quería que tuviese un buen viaje.También podemos quedarnos aquí un rato más – me dijo, sorprendiéndome, soltándose de mi mano, quitándose los zapatos. Pude ver que era lo que pretendía antes incluso de que lo hubiese hecho.Hace frío – la detuve, agarrándola de la cintura, para que se olvidase de meterse en el agua, pero ella era demasiado rebelde, nunca me haría caso – Marina…¿Por qué eres tan soso? – se quejó, la miré, molesto – Lo p
Un lado oscuro.(Marina)Me había vuelto loca, no había otra explicación para lo que estaba sucediendo, para lo que deseaba que me siguiese haciendo, para lo que quería hacer, para lo mucho que deseaba aquello, sin arrepentirme ni una milésima de segundo.Estaba en el infierno, siendo poseída por el mismísimo demonio, un desconocido que fingía ser un buen hombre, pero que en el fondo era todo lo contrario.Nuestros cuerpos sudados, a pesar del terrible frío que hacía en el exterior, se entrelazaban, conectaban de esa forma adicta que nos hace llegar a la locura. Sus labios se aferraban a la piel desnuda de mi hombro, mientras mis rizos se echaban hacia atrás, con cada cabeceo, gimiendo de placer, con cada uno de los movimientos que hacía sobre él, conduciéndome a la más plena locura, al éxtasis. Su
Capítulo 9.El verdadero Aidan.(Marina).Mientras subía a la habitación pensaba en él, y en la mínima posibilidad que tenía de volver a verle después de marcharme a España. Quizás podría cambiar mis plantes, quizás podría hacer algún máster, justo como hizo Esther, quizás podría mudarme y seguir estudiando o trabajando en la ciudad, quizás podría… Pero … Si lo hacía… ¿qué sucedería con Francisco? Aún tenía que solucionar ese tema, eso en lo que no había querido pensar en todo el viaje, en aquella traición.¿Por qué me estaba si quiera planteando venirme a aquella ciudad por él? ¿Qué me estaba sucediendo? Yo no era así, no solía encapricharme de los chicos c
I Want You Here.(Aidan).No podía dejar de tomarla, una y otra vez, mientras la escuchaba gemir con cada cosa que le hacía. Ella no se quejaba como hubiese echo cualquier otra chica de la ciudad, ella se dejaba hacer, se dejaba desear, y me correspondía de la misma forma.No quería pensar en la realidad, me negaba a creer que fuese cierto, ella iba a marcharse en unas pocas horas, volvería a su país, junto a aquel capullo, ese que sospechaba que la había dañado.Le detestaba, y no sabía bien si lo hacía por el daño que le había causado, o si quizás era por tener su corazón.Volveremos a vernos – prometí, justo cuando acariciaba su piel, después de haberla tomado por quinta vez aquella noche. Ella me abrazó, más que lista para quedarse dormida – esto no es una
Aferrándome a los momentos. (Marina).Le despedí, con la mano, y entré por la puerta, dejándole atrás, dándome cuenta de que no volvería a verle. Quería aferrarme a su recuerdo, y le vi en mi mente, sonriéndome, diciendo aquellas palabras “Volveremos a vernos, esto es un hasta pronto” Me aferraría a esa idea. Porque sólo así podría marcharme, sólo así tendría fuerzas para enfrentar lo que debía, en España.En menos de tres horas ya estaba en casa. Pero no podía dejar de pensar en que una parte de mí se quedó en Irlanda, con él.Mis padres vinieron a recogerme al aeropuerto, con Mou, que me dio un abrazo tan fuerte que por poco no me rompe en dos.¿tomaste una decisión con respecto a Francisco? – preguntó
Capítulo 12.Crazy.(Aidan)Estaba casi tan ansioso por verla como lo estaba ella, así que lo primero que haría al día siguiente sería solicitar los días de vacaciones que me correspondían. Los necesitaba cuánto antes, necesitaba abrazarla, besarla, incluso hacerle el amor, si así se terciaba.Mi teléfono comenzó a sonar, lo descolgué sin tan siquiera mirar de quién se trataba, lo que fue un gran error, pues era mamá, pidiéndome más dinero.Esta vez no puedo – la corté, en el acto – necesito todo el dinero.¿Y eso? – preguntó, con incredulidad, pues yo no solía decirle que no, nunca - ¿estás mal de pasta?Tengo que comprar el billete para irme a Madrid, sup
El pingüino. (Marina).Mientras caminaba de vuelta a casa, no podía dejar de pensar en él, no podía creerme que estuviese allí, en Madrid. Había cogido un vuelo y se había presentado en un lugar caluroso, a pesar de que lo odiaba, sólo por mí.Sonreí, como una idiota, volviendo la vista hacia él, que seguía mirándome. En aquel momento me pareció guapísimo, la camiseta blanca le quedaba de miedo.Crucé el paso de peatones y caminé hacia papá, que me miraba con cara de incredulidad, al igual que mamá y Mou. Me mordí el labio, divertida, pues sabía que en breve me tocaría explicar sobre mi relación con Aidan.Es un amigo – dije, quitándole importancia. Sabía que ellos no iban a conformarse con esa mierda. Sonreí, v
Magic. (Aidan). El sexo con ella era incluso mejor de lo que recordaba. Acaricié su piel desnuda, mientras me sujetaba la cabeza con la mano, y me fijaba en cada uno de los detalles de su perfecto cuerpo. No sólo era preciosa de cara, no sólo tenía unos ojazos que me hacían perder la cordura, si no que su cuerpo era… espectacular. Tenía los pechos grandes, vientre plano y un sexo que no me cansaba de mirar. Me quedaría a vivir aquí, en esta cama – comencé, llamando su atención – si cada mañana, al despertar, esto es lo primero que veo – ella rompió a reír, haciéndome sentir incluso más feliz. Deberíamos vestirnos e ir a hacer un poco de turismo – sugirió, haciendo el amago de levantarse, pero la detuve, agarrándola del brazo, haciendo que ella mirase hacia mí. No he venido aquí a hacer turismo – le dije – he venido a v