Capítulo 16.

Los recuerdos de la chica al momento de haber creado ese invento y los pensamientos que la hacían sentir productiva, porque iba a proteger la manada de otra manera a pesar de sus defectos, solo eran puñaladas que atravesaban el corazón de Oleika.

“Esa es mi trampa” pensó ella “aunque los picos eran más grandes, los había contemplado para evitar que los atacantes escaparan, detenerlos con los pinchos, pero esa modificación fue pensada específicamente para tortura, para provocar dolor agonizante” y eso le erizó la piel.

Del lado izquierdo alcanzó a ver a Nando, su hermano, la pose de orgullo al caminar al ritmo de los gritos desgarradores llenos de pavor de la joven esclava provocaba ganas de vomitar en Oleika.

Incluso con la llegada de la brisa olió esa fragancia característica de él.

“Necesito ocultarme, no puede verme aquí” pensó ella.

De forma discreta, aprovechando que todos estaban concentrados en la llegada del creador y en los gritos de la mujer agonizante, se alejó del grupo
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