DAMIÁN ASHFORD
Sostuve la mirada de Camille y esperé a que los hombres de bata blanca terminaran su trabajo. Camille ni siquiera pestañeó cuando la jeringa perforó su piel, ni cuando los hisopos rasparon el interior de su mejilla. No hubo súplicas ni quejas, solo una sonrisa afilada y desafiante. Me recordó a mí mismo. Podía admitir que era una digna Ashford.
—Supongo que esto es lo que llaman hospitalidad —se burló, cruzando las piernas con desdén mientras me observaba.
—Digamos que es una precaución necesaria —respondí sin emoción.
Ella rio suavemente, inclinándose hacia adelante.
—Y ahora que ya tienes mis muest
DAMIÁN ASHFORD—¡Vaya que has escarbado profundo! —exclamó Camille con ironía y el rostro tenso. Su alegría fingida solo me dejaba en claro lo molesta que estaba por meterme en su vida.—Si vas a ser mi hermana… No puedes seguir moviendo el culo para hombres asquerosos —solté tomándola del brazo para dirigirla hacia el elevador, pero ella se zafó de mi agarre y me empujó del pecho con ambas manos.—Eso es lo que pasa cuando tu madre enferma y el trabajo «decente» te paga una mierda —siseó con los ojos inyectados de furia y dolor—. De donde obtengo el dinero no es tu asunto, y si me da la gana regresar a ese maldito congal, lo haré. La sangre no significa nada, porque tú no estuviste ahí cu
ANDY DAVISLas felicitaciones me asfixiaban. Cada mensaje, cada llamada, cada sonrisa bienintencionada de quienes celebraban mi compromiso con Bastián pesaban sobre mis hombros como una losa, y dentro de todo ese caos sentimental podía ver como mis niños se volvían cada vez más retraídos y desconfiados. Toda la felicidad que un día los había invadido estaba desapareciendo poco a poco. ¿Bastián tenía razón en que conocer a Damián los había cambiado?—Mami… —susurró León mientras arrastraba sus piecitos hacia mí. Cuando llegó a mi lado, pegó su frente a mi muslo y suspiro.—¿Qué pasa, mi amor? —pregunté preocupada por su comportamiento cabizbajo, enton
ANDY DAVISEl trayecto fue un martirio. Los niños parecían traicionados por haber escuchado lo que Bastián tenía que decir. Podía ver sus ceños fruncidos a través del retrovisor.—¿Nos vamos a mudar del departamento de Bastián? —preguntó León rompiendo el silencio, con su pequeño ceño fruncido y la voz quebrada—. ¿Nos mudaremos con papá?Sus ojos llenos de ilusión me cortaron toda intención de negar todo.—¿Cuándo volveremos a ver a papá? Lo extrañamos. —Ahora fue Victoria quien preguntó, asomándose entre los asientos, ansiosa por una respuesta.Mi
ANDY DAVIS—Vete antes de que grite y llamen a la policía —solté como último esfuerzo, si después de eso Damián no cedía, ya no podría seguir resistiéndome a él.Damián exhaló pesadamente, acariciando con su aliento mi boca y tomó mi rostro con una ternura que me dolía.—No me iré de aquí sin esto… —Su boca atrapó la mía en un beso que me derrumbó.Luché contra la sensación que me provocaba, contra la forma en que su lengua exigía respuestas que mi cuerpo le concedía sin permiso. Podía mentir todo lo que quisiera, podía decir que lo odiaba y que deseaba jamás verlo en la v
DAMIÁN ASHFORDDecidí preparar una fiesta digna de la noticia. Mi madre y Mindy, siempre buscando el mejor ángulo para beneficiarse, asumieron que se trataba de la celebración de un compromiso que jamás sucedería. Las dejé pensar lo que quisieran, entretenidas en sus ilusiones de manipulación.Cuando la noche llegó y el salón se llenó de gente: grandes empresarios no solo de América sino también de Europa, además de modelos, políticos y otras personas importantes, Mindy se apareció con su mejor vestido, uno color dorado con escotes provocativos pero elegantes, parecía una muñeca bañada en oro, su belleza nunca quedó en duda, el problema era la maldad que parecía correr por sus venas. —El museo Louvre es un gran lugar para nuestra fiesta de compromiso, sabía que harías lo correcto con lo nuestro —soltó con una gran sonrisa mientras se colgaba de mi brazo—, creo que la noticia llegará rápido a los ojos indicados. Estaba convencida de que el festejo en París sería un golpe contra Andy
ANDY DAVISEl nombre de Rachel Monroy se convirtió en una espina clavada en mi mente. Lo intenté. Intenté no pensar en ello, intenté fingir que no me importaba, pero sabía que Damián la había mencionado, no solo para molestar a Bastián, sino también para clavar la duda en mí. Ese hombre no hacía nada de manera casual. Cada una de sus palabras tenía una intención. —Andy, Rachel Monroy no es nadie —dijo Bastián molesto. Entonces levantó sus ojos avellana hacia mí. A diferencia de otras veces, parecían hostiles y fastidiados. Sintiendo mi molestia, caminó hacia mí, posando ambas manos en mis hombros—. Rachel solo está vinculada a una deuda que tenía. Me ayudó a que su padre me diera mucho dinero, ¿entendido? Eso es todo. Esa es la deuda que he podido saldar con el dinero del caso que gané. Ahora soy un hombre libre y no hay motivo para volver a pronunciar su nombre.»Por favor, no dejes que Damián arruine todo, más de lo que ya ha hecho. Solo… recuerda lo felices que éramos juntos, cuan
ANDY DAVIS—No importa que seas su padre, sigues siendo un desconocido, y no dejaré que te los lleves a quién sabe dónde —agregué tajante, queriendo terminar la discusión en ese momento.—Pero… no es un desconocido —dijo León con el ceño fruncido.—Es papá —agregó Victoria ladeando la cabeza como si no comprendiera mis palabras.—Además, no irán solos conmigo, no pienso llevármelos sin ti —interrumpió Damián con esa seguridad aplastante—. Velo como una salida familiar. Hasta te compraré un helado si prometes portarte bien.—¿Cómo dices? ¿Portarme bien?
ANDY DAVISNi siquiera pude contestar cuando sus labios se posaron suavemente sobre los míos. Apenas era una ligera presión, pero fue suficiente para arrancarme todo el aliento y acelerar mi corazón hasta hacerlo explotar. Mi mano se posó en su mejilla, sintiendo ligeramente lo rasposo de su barba que comenzaba a brotar.—¡Awww! ¡Qué bonito! —exclamó Victoria con tono meloso.—¡Yei! ¡Lo hizo, besó a mamá! —segundó León y pude escuchar como chocaba la mano con su hermana, en símbolo de victoria.Salieron corriendo hacia los juegos, satisfechos con lo que habían provocado, mientras yo posaba mis manos sobre el pecho de Damián, alejándome d