Capítulo 34: Abrazando su oscuridad

ANDY DAVIS

Los minutos dilataron y se volvían eternos mientras Damián revisaba los papeles, uno por uno, como si fuera a cerrar un trato millonario y cada letra chiquita fuera una trampa mortal, pero… a diferencia de un contrato comercial, ese no tenía letras pequeñas y hablaba de la salud de nuestro hijo. ¡¿Por qué tenía que pensarlo tanto?!

—¡Ya firma! —exclamé tentada a presionar su mano que sostenía el bolígrafo contra las hojas. Cuando volteó levantando una ceja y sus ojos cargados de arrogancia, me sonrojé y tuve que desviar la mirada—. ¿Por favor?

—Lo haga en este segundo o a las 11:59… nada cambiará. ¿Lo entiendes? No es que vayan a someternos al procedimiento en cuanto garabat

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