59: Ojos naranjas

El amanecer en Velkan era un espectáculo de esplendor, y aquel día, el castillo irradiaba una energía inusual. Las torres proyectaban sombras largas sobre los jardines mientras los primeros rayos del sol teñían las piedras grises de un dorado cálido. Los soldados se encontraban alineados, con sus armaduras impecables brillando como espejos bajo la luz matutina. Mia había ordenado que cada detalle de la recepción reflejara la grandeza de su reinado y el poder de Velkan. Aunque Seth era, sin duda, un enemigo, ella estaba decidida a mostrarle que no podía subestimarla.

Seth y su Beta, Liam, llegaron montados en caballos negros de pelo brillante. Su presencia, oscura y marcada por una especie de gravedad, hizo que las conversaciones entre los soldados cesaran instantáneamente. Al verlos llegar los hombres intercambiaron miradas discretas; desde hacía tiempo habían historias susurradas sobre las tácticas despiadadas de Seth, sobre las batallas donde el suelo se había teñido de sangre bajo
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