Los doctores que hablaban con Alanna le infundieron tranquilidad y esperanza, se despidieron prometiéndole mantenerla al tanto de cada acción que tomaran con Zak, también le dieron el informe médico de Erin y le dijeron que ya ella podría visitarla regularmente. Unos minutos después, el médico trat
Cuando Gabriel Pearson entró a la casa con el fin de hablar con la “hermana María Eugenia” la buscó por las estancias comunes de la casa, tocó varias veces en la puerta de la habitación que le habían asignado y así lo encontró su esposa. –¿Qué pasa cariño? –No encuentro a l
Con esa sonrisa la encontró su amiga y vecina Penny. –¿Cuánto por tus pensamientos? –le espetó al acercarse a su cama, sobresaltándola. –Eres muy curiosa, ¿sabías? –¿Cómo te sientes amiga? –le preguntó al tiempo de inclinarse y darle un beso en la frente.
En su habitación Erin estaba acostada con la vista fija en el techo, Penny se acercó a ella acompañada por una enfermera, la niña estaba tan metida en sus pensamientos que su amiga y vecina tuvo que llamar su atención tocándola suavemente en un bracito. –Mi peque, estás perdida en tu me
Las despertaron porque le llevaron el almuerzo a Alanna y Erin debía volver a su habitación para comer también, una enfermera se la llevó en la silla de ruedas con la promesa de su madre de que le devolvería la visita en la tarde.Penny anunció que iba a la cafetería a comprarse algo, pero no alcanz
Al estar en su piso la enfermera estaba esperándola y apenas entró a la habitación, la tomó por un brazo y comenzaron a caminar, el señor Gregg iba a su lado al mismo paso, él de pronto le dijo: –Mi niña, lo que viene a continuación, tal como dijo el oncólogo de Zak es largo, sabes que t
Se despidieron temporalmente y Alanna continuó caminando junto al señor Gregg y la enfermera. –Señor Gregg, Kurt me había investigado porque sospechaba que mis hijos fueran suyos también, verá cuando estaba en California una noche salí con mis compañeros a celebrar que había superado tod
Kurt se incorporó un poco más en la cama y quedó sentado por lo que invitó a Alanna para que tomara asiento a su lado, ella lo hizo dócilmente, se tomaron de las manos y al mirarse sonrieron. –¿Sabes?, Erin me preguntó que, si ya éramos novios, le respondí que sí, pero enseguida dijo que