A la mañana siguiente Gerald sostenía una importante reunión en su casa, estaba trabajando desde ahí, pues no deseaba que nadie se enterara de que se sometió a un procedimiento médico.
—Señor Lennox, buenos días, vine apenas me llamó —indicó un corpulento hombre de edad media, vestido de negro.
—Gracias por acudir —expuso Gerald al investigador y con un gesto de su mano lo invitó a tomar asiento—, necesito saber todo acerca de la vida de una persona —indicó y le dio los datos de Myriam.
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