Sabrina se quedó muda de asombro.¿De dónde venía eso de repente? ¿Cómo iba a decirle que la amaba? ¿Amor? ¿Estaba hablando de Amor en serio?Su corazón quería saltar sobre él y gritarle ¡Yo también te quiero! Pero su cerebro le dijo que se respetara a sí misma.—¿Qué estás diciendo? Estoy tratando de decirte que estamos en el estacionamiento y tú deberías liderar el camino y tú estás... estás. Diciendo que...—Te quiero —volvió a interrumpirla. Esta vez su sonrisa se ensanchó.—Sí, me acabo de dar cuenta... De que lo que estoy sintiendo... Es que estoy...—¡Gabriel!, ¿qué te ha pasado? ¿Ni siquiera llevamos saliendo un mes y ya estás hablando de amor? —hizo una pausa y arrugó las cejas.—Ahora que lo pienso, fue un error haber aceptado tu oferta en aquel momento, esta relación está oficialmente acabada, ya no la quiero, puedes irte con tu amigo, llamaré a un taxi.Fue entonces cuando Gabriel se dio cuenta de lo rápido que se estaba tomando las cosas. Tenía razón, ¿quién habla de amor
Al mismo tiempo...Claudia estaba en unos de los balcones del hospital y dejaba que la suave brisa del atardecer le rozara la piel. llevaba allí casi una hora mirando directamente al espacio.Alguna vez alguien a quien aprecias tanto se ha ido alejando de ti despacio e impotente ante tus propios ojos, sin que pudieras hacer nada para evitarlo.Esa sensación de perder a alguien a quien aprecias tanto.Su padre no la quería, pero ella le quería mucho. Había estado ahí toda su vida, y si tuviera que elegir, preferiría que estuviera vivo y la golpeara todos los días, si eso podía mantenerlo con vida, ella lo soportaría.Su madre no habló de las facturas cuando salieron de la consulta del médico, simplemente caminó despacio hasta el cuarto y se sentó junto a su padre, apoyando suavemente la cabeza en la cama.La sola visión de aquello derrumbó su pequeña determinación. Subió corriendo a una sala vacía y se echó a llorar. Sabía que no había dinero en ninguna parte y su madre ya estaba esper
Claudia abrió la puerta de la habitación y se quedó paralizada durante dos segundos. Su madre estaba tirada en el suelo, cerca del asiento en el que se había sentado, inmóvil y tranquila.Claudia corrió hacia ella y la sacudió de manera un poco violenta, su corazón latía con extrema rapidez. Sintió un punzante dolor de cabeza en las sienes.¡Que no fuera lo que estaba pensando!—¡¡¡Doctor!!! ¡¡Doctor!! ¡¡Que alguien me ayude!! —gritó Claudia con todas sus fuerzas. Su madre no respondía, estaba inmóvil y un poco fría.—¿Se ha vuelto a desmayar por la tensión?, tiene las manos frías, ¿es tan grave?A Claudia le entró el pánico. Cuando estaba a punto de volver a gritar, dos médicos y una enfermera entraron corriendo en la sala casi al segundo. Ayudaron a la desconfiada Claudia a alejarse de su madre, una enfermera salió corriendo a por una camilla y volvió con otras dos enfermeras que le ayudaron a colocar a la señora en la camilla y se la llevaron.Claudia intentó correr tras ellos, per
Al día siguiente...Cuando Claudia despertó, ya era de día, se encontró en una cama con un gotero a su lado, tardó en darse cuenta de dónde estaba y de lo que acababa de ocurrir.Empezó a llorar de nuevo.Esto significaba que no volvería a ver a su madre... ¡Nunca más!Era una realidad amarga de aceptar. Su corazón se desangraba de dolor hasta que no pudo llorar más. Se quedó tumbada con la mirada perdida en el espacio.Ahora habia muchas cosas que hacer, el entierro de su madre, la cirugia de su padre y obviamente el dinero para la cirugia, eso, no lo habia olvidado.Necesitaba actuar, y actuar realmente rápido si no quería perder a otro padre.Justo en ese momento, sonó el teléfono de su bolso que estaba en una mesita al lado de la cama. Frunció un poco el ceño y estiró la mano para cogerlo.—¡Claudia! Te he estado llamando desde ayer, no contestabas a mis llamadas, casi me asusto. ¿Qué ha pasado?, pero espera, tengo algo para ti. ¿Conoces a ese guapo CEO, Ricardo? ¿Adivina qué?, es
—Espera...Claudia se quedó helada, se giró instintivamente para mirarle.—Siéntate —le dijo señalando el asiento del que ella se había levantado y Claudia se sentó con cuidado de no hacer ruido.—¿Has pensado siquiera en lo que acabas de sugerir? ¿No pensaste en otra posibilidad que no fuera venderte? —preguntó Ricardo muy disgustado. Pensando en ello, sabía que si la hubiera dejado marchar, podría ir a parar a otra persona, que no se lo pensaría dos veces antes de aceptar la oferta.Para los ricos, dos millones de dólares no era nada y él lo sabía. No podía soportar la idea de que ella tuviera relaciones sexuales con otro hombre.—Lo necesito urgentemente, y realmente pensé en millones de formas posibles, esta era mi última opción.Quiso decirle que su padre moriría si no conseguía el dinero pero las palabras que salieron de su boca fueron diferentes a sus pensamientos.—Sería mejor que me sacrificara, que dejar que..., no importa... no es tan importante.Concluyó apenada, Ricardo c
—Eh —dijo Gabriel a través del teléfono, su voz era extremadamente tranquila y Sabrina pudo oír el fuerte sonido de la suave brisa.—¿Gabriel?, ¿por qué llamas tan tarde, son casi las doce —susurró Sabrina que acababa de despertarse por las incesantes llamadas de él, todavía media despierta.—Lo siento, pero ¿podrías salir un momento?—¡¿Qué?! ¿Cómo fuera de mi casa?, ¿qué haces fuera de mi casa a estas horas de la noche?Sabrina se levantó de la cama, su somnolencia desapareció en ese instante.Encendió la luz de su habitación y corrió hacia la ventana para asomarse al exterior.Había un Tesla aparcado frente a su puerta y vio a Gabriel apoyado en él, con el teléfono en la oreja.—Te echaba de menos, no podía dormir, así que he decidido pasarme por aquí —respondió Gabriel. levantó los ojos para mirar en dirección a la habitación iluminada.Divisó las facciones de Sabrina cerca del cristal de la ventana, se le dibujó una sonrisa en los labios y levantó la mano para saludarla.—¡¡¡Gabr
Tanto que contarte... —Cariño, ¿estás dormida?A Gabriel, que acababa de llegar a casa, le preocupaba que le hubiera malinterpretado, así que la llamó para aclarar las cosas.—No, todavía no, ¿qué ha pasado?, te has ido de repente —Sabrina que estaba a punto de dormir exclamó por el teléfono.—Lo siento, lo que pasa es que... Dulce, ni siquiera tengo una buena razón que darte, pero tú perdóname ¿esta bien? —explicó dándole vueltas a la cabeza, no sabía cómo decirle que fue el tacto de ella lo que le hizo salir corriendo.—Mm, no estoy molesta pero fue tan repentino y completamente extraño, incluso pensé que estabas fuera de tus cabales —dijo en voz baja mientras se acomodaba en su cama.—Jaja, no estoy fuera de mis cabales, olvidémoslo, ¿de acuerdo?—Mm, ¿ya has vuelto?—Sí, acabo de llegar a casa, ¿y tú?—Estoy a punto de dormir, gracias por el regalo —murmuró suavemente, sus ojos se cerraron somnolientos.Gabriel abrió de un empujón la puerta de su dormitorio y se acercó a la cama.
Más tarde...—Así que eso es lo que has estado haciendo últimamente, hermano, ¡¡¡eres realmente malo!!!, y aquí estaba yo pensando que era el chico más malo de la Cuidad de Bogotá ¡sin saber que eres un asesino silencioso! Así que la todopoderosa Claudia estará viviendo contigo en la misma casa, bajo el mismo techo, ¡y estoy seguro de que se alojará en la habitación contigua a la tuya, si no en la misma!—Gabriel, esto es puramente trabajo, es un trato. No es que haya algo más de por medio —Ricardo respondió fingiendo seriedad.Su alegría no había conocido límites desde el día en que Claudia llegó. Ese día había salido temprano del trabajo y había decidido llamar a Gabriel para tomar algo.—Jaja, ¿en serio? Vaya, es la broma más divertida que he oído en el planeta Tierra. Es un contrato de negocios, pero la has convertido en tu criada personal, ni siquiera en cocinera o limpiadora. Incluso podría fregar los platos si eres tan generoso, pero no, una criada personal, para que te vista l