Hayami salió del ascensor esa mañana y lucía muy guapa con el cabello recogido en una "cebolla", el delineador negro sobre sus ojos miel, la blusa de manga corta con la falda tableada en rosa palo. Al salir de este, saludó a Ariel como era costumbre; Ariel solo le dio una sonrisa falsa. Al acercarse a Angélica, le sonrió como todas las mañanas.—Buenos días, Angie. Necesito que llames a Carolina y que venga a mi oficina lo más pronto posible. Cuando llegue, ambas entren a mi oficina.Angélica estaba un poco confundida, pensó, ¿en qué podría ser tan importante para solicitar a Carolina e inclusive a ella? Pero aun así aceptó la tarea.Hayami había empezado a caminar hacia su oficina, pero retrocedió unos pasos para quedar nuevamente frente a Angélica.—Otra cosa, si el señor Iván Montenegro habla y pregunta por mí, dile que no he regresado de Canadá.—Sí.Hayami entró a su oficina, dejó su bolso en el sofá donde ella también se sentó. Al revisar su celular, no tenía ninguna notificación
—Aquí tienes, aunque no sé, ¿por qué la insistencia de que te trajera esto cuando estás a punto de casarte?Dijo Jazmín a Hayami que ya se encontraba vestida de novia. Un vestido blanco de corte recto; el escote era de corazón, las mangas de encaje. El vestido tenía una abertura en la pierna donde se miraban las zapatillas color perla de Hayami. Su cabello estaba recogido y caían algunos de sus caireles; sobre su cabeza tenía una corona de flores.Hayami tomó la revista que su madre le había llevado a petición de ella y, al abrirla, buscó la página de sociales. Al encontrarla, se miró a ella misma con Noah y el encabezado de boda; finalmente sonrió.—¡Mira, mamá! Lo publiqué. Mi papá estará orgulloso, ¿no?—Hija, estás actuando extraño, se supone que no te gustan este tipo de eventos, pero...—Las personas cambian, mamá.Isabel entró con el vestido color coral.—Ya es hora. Mamá, ¿me dejarías sola con Hayami?—Sí, pero dense prisa.—Solo será un momento.La madre de las chicas salió de
—¿Cómo entré? ¿No recuerdas cuándo entraba por las noches para verte? Así como aparentemente no recuerdas que estábamos saliendo.Él se levantó de la cama y se acercó a ella. Acercó a su rostro la revista de donde salía el compromiso.—¡Me voy y al regreso estás casada! ¿Por qué? No entiendo.Iván tiró la revista al suelo.Hayami solo lo observaba con una ligera satisfacción.—Dime tú, ¿por qué te fuiste sin decir nada? No me digas... Fue por negocios.Ella cruzó las manos esperando la respuesta.Iván se tomó del cabello mientras daba vueltas por la habitación, tratando de no hacer ruido para no alertar a nadie de que estaba ahí.—Me fui con mi esposa, bueno, ahora exesposa. Te mencioné que me estaba separando, firmé el divorcio, solo que tenía algunos pendientes con ella; no quise decirte nada para darte la sorpresa, pero veo que el sorprendido fui yo.—Bueno, yo pensé...Hayami levantó los hombros como si fuera una niña que había hecho una pequeña travesura.—Hayami, no puedo contigo
Hayami aún seguía dormida. Cuando Noah despertó, la miró dormir profundamente. Él bostezó por el sueño que aún se mantenía en su cuerpo, se estiró un poco para luego levantarse de la cama y caminó al baño para asearse. Al salir, vio cómo Hayami aún seguía en la misma posición. Su cabello rojo estaba sobre la almohada blanca y este hacía un contraste hermoso. Era la primera vez que la miraba dormir. La noche que pasó con ella se había ido antes de que él despertara.Noah buscó su celular, después hizo una llamada. Al terminar la llamada, se sentó en el sofá de su sala de estar, giró un poco su cuello, ya que no había dormido muy cómodo, ya que estuvo tratando de no hacer ningún movimiento brusco para no despertar a su ahora esposa. Después de algunos minutos, el sonido del timbre de la puerta sonó y, al abrirse, quien estaba llamando a esta era un servicio a domicilio. Noah había pedido el desayuno a un restaurante. Después de pagar el servicio, dejó las cosas sobre su comedor, entró de
—¡Perfecto! Me da gusto que les haya gustado la casa; se ve que son una pareja que se ama mucho. Tendrán un lindo hogar aquí.Respondió sonriente la vendedora.—¿Usted cree?Preguntó Hayami mientras tomaba el brazo de Noah y pegaba su torso a él. Noah solo la miró extrañado sin ver venir que ella se acercó a él dándole un beso en la mejilla; sintió sus labios sobre su mejilla y, por un pequeño instante, pensó en los besos de ella.—¿Lo oíste, cariño? Seremos muy felices aquí.Dijo ella, fingidamente.—Entonces, solo firmaremos el contrato de compraventa.—Perfecto.Respondió Noah.—Después de la firma, en unos 4 días podrán mudarse.—Ok, me parece bien.Noah respondió amablemente.—Perfecto, señor Quivera, entonces mañana firmaremos.Después de despedirse de la vendedora, ambos subieron de nuevo al auto.—¿Iremos ahora a comprar algunas cosas? ¿O lo hacemos al mudarnos?Hayami pensó un momento en la respuesta que le daría a Noah.—Creo que ahora que estamos libres, mañana hay que regre
El sonido del despertador que provenía de la sala de estar despertó a Hayami. Buscó su celular que estaba en la mesa de noche, miró la hora; apenas si tenía una hora para arreglarse e irse a la empresa.Se levantó de la cama y comenzó a desabotonarse la camisa del pijama. Esta cayó al suelo, después bajó el pantalón sacando sus pies. Se acercó a su pequeña maleta revisando su ropa. Solo tenía una muda de ropa para ese día, así que tendría que ir esa tarde por más ropa. Estaba a punto de entrar al baño cuando la puerta de la habitación se abrió, entrando Noah. Él se frotaba un ojo y bostezaba; su mirada se encontró con Hayami en ropa interior, la vio un solo segundo para luego bajar la mirada hacia el suelo.—Lo siento, pensé que ya estabas en el baño... Yo ... Eh.El rubor en sus mejillas apareció, lo cual era extraño porque no era la primera vez que la miraba en sostén. De la noche que pasaron juntos no podía recordar mucho, pero sí el día en que ella no quería entregarle las llaves.
Noah sentó a Hayami en una de las sillas de su oficina mientras buscaba en un botiquín de primeros auxilios que tenían en la oficina, así como en cada una de ellas en la empresa.—Disculpa que haya pasado esto.Él lo dijo mientras se acercaba a ella. Para después levantar un poco la falda del vestido y observar la pierna que se encontraba roja por la quemadura, Noah abrió un pequeño recipiente con crema.—No te preocupes, no fue culpa tuya.Él puso un poco de esta crema en su dedo y lo acercó a la quemadura de Hayami. El roce de la yema del dedo de Noah le provocó ardor a ella, pero también le provocó la misma sensación que tuvo cuando él rozó su espalda la noche anterior. Hayami detuvo la mano de Noah; él, confundido, levantó la mirada. Ella también lo miraba mientras sostenía su mano.—Yo puedo hacerlo.—Sí, lo sé.Noah le ofreció la crema a Hayami; ella se la terminó de colocar.Te llevaré a tu casa para que te cambies y también empaques las cosas que necesitas.Está bien.Hayami no
Noah la sujetó de la mano y la levantó de la cama a pesar de que ella pusiera resistencia y pereza.—Hay que darte un baño.Ella se soltó y cruzó sus manos, aunque se tambaleó un poco.—Ya te dije que yo podía cuidarme sola.—Si no cooperas, le hablaré a tu mamá y a tu hermana.Hayami torció un poco sus labios.Está bien, lo haré, pero lo haré sola.Hayami caminó un poco y tropezó, pero se mantuvo firme. Entró al baño, abrió la ducha y quedó inmóvil, permitiendo que el agua cayera sobre ella. Después de varios minutos salió envuelta en una toalla. Noah estaba sentado a los pies de la cama esperándola.—Listo, ¿feliz?Él se levantó y se acercó a ella para ver si aún tenía fiebre.—¿Acaso no conoces los termómetros? Son unos aparatitos que miden la temperatura corporal.—Si los conozco, aunque estés enferma, no dejas de ser tan tú, ¿no?Hayami caminó un poco, pero sintió cómo el piso se movía; casi caía, pero él la sostuvo y la sentó sobre la cama.—Dime, ¿dónde está tu pijama? Yo lo bus