—¡Perfecto! Me da gusto que les haya gustado la casa; se ve que son una pareja que se ama mucho. Tendrán un lindo hogar aquí.Respondió sonriente la vendedora.—¿Usted cree?Preguntó Hayami mientras tomaba el brazo de Noah y pegaba su torso a él. Noah solo la miró extrañado sin ver venir que ella se acercó a él dándole un beso en la mejilla; sintió sus labios sobre su mejilla y, por un pequeño instante, pensó en los besos de ella.—¿Lo oíste, cariño? Seremos muy felices aquí.Dijo ella, fingidamente.—Entonces, solo firmaremos el contrato de compraventa.—Perfecto.Respondió Noah.—Después de la firma, en unos 4 días podrán mudarse.—Ok, me parece bien.Noah respondió amablemente.—Perfecto, señor Quivera, entonces mañana firmaremos.Después de despedirse de la vendedora, ambos subieron de nuevo al auto.—¿Iremos ahora a comprar algunas cosas? ¿O lo hacemos al mudarnos?Hayami pensó un momento en la respuesta que le daría a Noah.—Creo que ahora que estamos libres, mañana hay que regre
El sonido del despertador que provenía de la sala de estar despertó a Hayami. Buscó su celular que estaba en la mesa de noche, miró la hora; apenas si tenía una hora para arreglarse e irse a la empresa.Se levantó de la cama y comenzó a desabotonarse la camisa del pijama. Esta cayó al suelo, después bajó el pantalón sacando sus pies. Se acercó a su pequeña maleta revisando su ropa. Solo tenía una muda de ropa para ese día, así que tendría que ir esa tarde por más ropa. Estaba a punto de entrar al baño cuando la puerta de la habitación se abrió, entrando Noah. Él se frotaba un ojo y bostezaba; su mirada se encontró con Hayami en ropa interior, la vio un solo segundo para luego bajar la mirada hacia el suelo.—Lo siento, pensé que ya estabas en el baño... Yo ... Eh.El rubor en sus mejillas apareció, lo cual era extraño porque no era la primera vez que la miraba en sostén. De la noche que pasaron juntos no podía recordar mucho, pero sí el día en que ella no quería entregarle las llaves.
Noah sentó a Hayami en una de las sillas de su oficina mientras buscaba en un botiquín de primeros auxilios que tenían en la oficina, así como en cada una de ellas en la empresa.—Disculpa que haya pasado esto.Él lo dijo mientras se acercaba a ella. Para después levantar un poco la falda del vestido y observar la pierna que se encontraba roja por la quemadura, Noah abrió un pequeño recipiente con crema.—No te preocupes, no fue culpa tuya.Él puso un poco de esta crema en su dedo y lo acercó a la quemadura de Hayami. El roce de la yema del dedo de Noah le provocó ardor a ella, pero también le provocó la misma sensación que tuvo cuando él rozó su espalda la noche anterior. Hayami detuvo la mano de Noah; él, confundido, levantó la mirada. Ella también lo miraba mientras sostenía su mano.—Yo puedo hacerlo.—Sí, lo sé.Noah le ofreció la crema a Hayami; ella se la terminó de colocar.Te llevaré a tu casa para que te cambies y también empaques las cosas que necesitas.Está bien.Hayami no
Noah la sujetó de la mano y la levantó de la cama a pesar de que ella pusiera resistencia y pereza.—Hay que darte un baño.Ella se soltó y cruzó sus manos, aunque se tambaleó un poco.—Ya te dije que yo podía cuidarme sola.—Si no cooperas, le hablaré a tu mamá y a tu hermana.Hayami torció un poco sus labios.Está bien, lo haré, pero lo haré sola.Hayami caminó un poco y tropezó, pero se mantuvo firme. Entró al baño, abrió la ducha y quedó inmóvil, permitiendo que el agua cayera sobre ella. Después de varios minutos salió envuelta en una toalla. Noah estaba sentado a los pies de la cama esperándola.—Listo, ¿feliz?Él se levantó y se acercó a ella para ver si aún tenía fiebre.—¿Acaso no conoces los termómetros? Son unos aparatitos que miden la temperatura corporal.—Si los conozco, aunque estés enferma, no dejas de ser tan tú, ¿no?Hayami caminó un poco, pero sintió cómo el piso se movía; casi caía, pero él la sostuvo y la sentó sobre la cama.—Dime, ¿dónde está tu pijama? Yo lo bus
Hayami despertó con el sonido de los pájaros que todas las mañanas cantaban en el jardín trasero. Al sentarse en su cama, se estiró un poco, tocó su frente y su fiebre aún estaba vigente, pero menos intensa. Miró hacia su mesa de noche y notó varios medicamentos sobre este, recordó que Noah le había dado varios durante la noche.Se levantó de la cama y tambaleó un poco, se recargó sobre su cama, entró al baño y se dio una ducha rápida, buscó un vestido y se lo colocó con dificultad. Estaba colocándose unos zapatos bajos cuando Noah entró a su habitación con una bandeja y una taza de lo que parecía ser un té.—¿Qué haces vestida?—Iré al trabajo; hoy es viernes.—No, no irás, aún estás enferma.—Estoy mejor.—Contagiarás a los demás, debes quedarte.—Qué aburrido eres.—Como sea, te quedarás y yo me quedaré contigo.—No, no es necesario. Ya te he dicho que yo ...—Sabes cuidarte sola... lo sé, pero aun así.__Ve a la oficina, tú debes ir, yo quedaré aquí sola, no hay problema.__ Llamar
—Apenas nos acabamos de casar, ¿cómo que ya quieres divorciarte? —Estar contigo es un infierno.Ella realmente no sentía lo que acababa de decir, pero debía escucharse como ella misma.—Ah, si está bien, nos divorciaremos.Hayami pensó que sería más difícil, pero le había resultado muy fácil.—Pero recuerda que en nuestro trato decía 3 años, así que deberás pagar las amonestaciones.—¿3 años?—¿No has leído aún el acuerdo que firmamos? Hayami recordó que no había leído el acuerdo que habían firmado antes de casarse."Estúpida"Pensó Hayami.—Esperaré la demanda de divorcio. Él subió las escaleras, dejándola abajo con una cara de descontento. Cuando entró a su habitación, ella solo se dio una palmada en la frente. No quedaba más que esperar hasta el día siguiente para saber qué decía el contrato.Ella subió a su habitación, y al entrar tomó algunos de sus medicamentos y se recostó a dormir, cosa que no lograba hacer.Noah despertó a la mañana siguiente, bostezó y se dio un baño. Al e
Hayami llegó al restaurante y, al entrar, preguntó por el señor Solis con quien tenía la junta. Era la primera vez que lo miraba. El mesero la guió a la mesa donde estaba un hombre ya maduro, pero muy atractivo. Algunas canas se podían notar en su cabellera negra. —Disculpe la tardanza. Se disculpó Hayami de pie frente a él; este se levantó de la mesa y le dio la mano a Hayami. —No es molestia, es usted una mujer muy hermosa. —¡Ah! Gracias por el cumplido. —Bueno, tomé asiento. Hayami se sentó y cruzó sus piernas. —Dígame, señor Solis, ¿en qué le puedo ayudar? Yo vengo en representación del presidente. —Me alegro de que haya venido usted. Cuando hablamos por teléfono, no imaginé lo hermosa que era. Hayami sonrió con amabilidad. —Bueno, dejaré de halagarla e iré al grano: yo tengo una licorería grande; nosotros trabajamos con un tequila, pero tuvo problemas legales por sus estándares de calidad, así que nos apartamos de la marca. Estamos en busca de un tequila que sea la estr
Hayami y Carolina bailaban muy felices. Ambas estaban ya un poco ebrias. Un chico se acercó a Hayami. —¿Gustas bailar?—Ok, ¿por qué no?Respondió ella aún bailando. Carolina, que ya estaba un poco cansada, se alejó para sentarse un momento. Hayami bailaba con el chico, pero no se percató de que alguien más seguía sus movimientos con una sonrisa algo malvada y malintencionada. Las personas en la pista eran muchas y una de ellas empujó a Hayami, que con las copas que traía encima cayó sobre su acompañante. Él la sostuvo, ella lo miró a los ojos y sonrió. Después, Hayami se alejó del cuerpo del chico.—¿Estás bien?—Sí, alguien me empujó.Dijo Hayami mientras miraba hacia atrás para ver quién la había empujado, pero debido a la multitud no logró saberlo.—Tengo que ir con mi amiga, gracias por bailar conmigo.—Qué lástima, me divertí, espero verte después.—Si el destino lo quiere, así va a hacer.El chico solo sonrió. Hayami salió de la pista un poco mareada; no sabía si era por el res