Leonardo se puso de pie con determinación, sus ojos reflejaban una mezcla de rabia y convicción.—No voy a permitir que ese hombre se salga con la suya. Cueste lo que me cueste, voy a sacarlo de nuestras vidas… y se va a arrepentir, se los juro.Don Mario lo observó en silencio. Había visto muchas emociones en su hijo antes, pero nunca esta. No era simple enojo, era una decisión firme, un deseo de justicia… o tal vez de venganza.—Leonardo… —intentó decir algo, pero el joven ya estaba tomando su chaqueta, listo para irse.Doña Victoria, que había estado escuchando la conversación con el corazón oprimido, se acercó a su hijo y le acarició el rostro con ternura.—Ahora me tengo que ir. Nos vemos después —dijo Leonardo, tratando de suavizar la despedida.—Adiós, hijo… cuídate —susurró su madre, sintiendo un mal presentimiento.Leonardo le dedicó una última mirada a sus padres antes de salir por la puerta.Don Mario se quedó de pie, con el ceño fruncido, observando cómo su hijo se marchab
Leonardo miró a Valeria con firmeza, esperando que hablara. Pero ella sonrió con un aire de misterio y caminó hacia la mesa, donde tomó un sobre blanco y lo sostuvo entre sus dedos.—Muy bien… entonces hablaré yo primero —dijo con una mirada desafiante—. Veamos qué dices cuando veas esto.Se lo entregó sin apartar la vista de su rostro.Leonardo frunció el ceño y tomó el sobre con desconfianza. Lo abrió con cuidado y sacó un documento. Sus ojos recorrieron las palabras con rapidez, hasta que se detuvieron en un punto específico.Prueba de embarazo: Positivo.El aire pareció atascársele en la garganta. Sentía el peso de la revelación sobre sus hombros cuando Valeria, con una expresión de aparente dulzura, habló de nuevo.—Y si no me crees, aquí tienes esto también.De su bolso sacó otro papel y se lo tendió.Leonardo lo tomó con las manos ligeramente temblorosas. Era un ecograma, donde claramente se indicaba: 4 semanas de gestación.El impacto lo golpeó de lleno. Sintió que el mundo se
Valeria se quedó allí, inmóvil, viendo cómo la puerta se cerraba tras Leonardo. Sus labios temblaban y sus manos estaban fuertemente apretadas en puños.Un torrente de emociones la consumía por dentro. El dolor, la humillación, la impotencia… pero sobre todo, la rabia. Una rabia ardiente que se aferraba a su pecho como un veneno.Las lágrimas seguían rodando por sus mejillas, pero esta vez no eran de tristeza. Eran de furia.—Me las vas a pagar, Isabella… —susurró con voz quebrada, pero llena de veneno.Se acercó al espejo de la habitación y se miró. Su reflejo le devolvía la imagen de una mujer despechada, rechazada… una mujer que había perdido.—Te lo juro… —apretó los dientes y golpeó con furia la mesa frente a ella—. Te haré sufrir por cada lágrima que he derramado.Respiró hondo, tratando de calmarse, pero solo lograba avivar más su odio.—Voy a hacerte pagar por esto…Sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de dolor y venganza. Ya no le importaba lo que tuviera que hacer. Is
La batalla ha comenzadoValeria entró sin esperar invitación y se dejó caer en el sofá con una actitud arrogante. Isabella cerró la puerta con calma y luego se paró frente a ella, cruzándose de brazos.—Bien, dime de una vez a qué viniste —su voz sonó firme, sin un atisbo de nerviosismo.Valeria esbozó una sonrisa ladeada y señaló el sillón frente a ella.—Toma asiento, Isabella. La noticia que voy a darte puede hacerte caer.Isabella arqueó una ceja, sin mostrar emoción alguna, pero decidió sentarse frente a ella.—Bien, te escucho.Con un aire de superioridad, Valeria sacó un sobre de su bolso y lo extendió hacia Isabella. Esta lo tomó con tranquilidad y lo abrió. Sus ojos recorrieron las primeras palabras del documento, pero en cuanto leyó "Prueba de embarazo: Positivo", cerró el sobre de inmediato.Soltó un suspiro y dejó el sobre sobre la mesa. Luego, levantó la mirada y con un tono frío, dijo:—¿A esto viniste? ¿A decirme que estás embarazada? Bien. Me alegro por ti. Ahora vete
"Alianza Prohibida" Leonardo MontielTrabaja en la empresa familiar Montiel Corporation, una de las más influyentes en el sector de la construcción y bienes raíces.Es inteligente, reservado y analítico. Siempre busca soluciones prácticas, aunque su carácter puede ser frío y distante debido a la presión que ha cargado desde joven para ser el heredero de la empresa. Él está acostumbrado a la competencia feroz y tiene un sentido del deber muy marcado hacia su familia.Aunque respeta profundamente a Don Mario, la relación con él es tensa. Su padre ha sido duro y exigente, y Leonardo siempre ha sentido que tiene que demostrarle su valía.La oficina está silenciosa, solo se escucha el ligero zumbido de la computadora de Leonardo, quien revisa con detenimiento algunos documentos financieros. La puerta se abre con firmeza, y Don Mario entra con paso decidido.----Leonardo, ¿has revisado los informes de la reunión con los inversores?----Sí, los revisé esta mañana. Estamos en una posición
En la oficina de don Mario Montiel, los asesores financieros están terminando de exponer los graves problemas que enfrenta su empresa. Don Mario escucha en silencio, su mirada fija en los papeles que muestran la inminente quiebra. Sabe que tiene pocas opciones, y aunque detesta la idea, decide llamar a su rival, don Samuel Colmenares, para una reunión.Don Mario (marcando el número en su teléfono):—Colmenares... necesito hablar contigo. Es urgente, sobre nuestras empresas. Nos vemos en mi oficina mañana.En la oficina de Don Mario, al día siguienteDon Samuel entra en la sala de juntas, con una mirada de desconfianza. Ambos hombres tienen años de rivalidad, y cada uno ha luchado por dominar el mercado. Pero esta vez, Don Mario sabe que deben poner sus diferencias a un lado.Don Samuel (mientras toma asiento):—Nunca pensé que vería el día en que me llamaras para hablar de negocios. ¿Qué tan grave es la situación, Montiel?Don Mario (serio):—Grave. Ambas empresas están al borde de la
Don Samuel llega a su casa después de la tensa reunión con Don Mario. Su mente está llena de pensamientos, sabiendo que la conversación con su esposa y su hija será difícil. Aunque Isabella aún no conoce a Leonardo, el matrimonio arreglado parece ser la única solución para salvar la empresa. Don Samuel entra al salón y encuentra a su esposa, Doña Rosa, y a su hija, Isabella, sentadas en el sofá. Ambas levantan la vista cuando lo ven entrar con una expresión preocupada. Doña Rosa(preocupada): —Samuel, ¿qué sucede? Te ves alterado. Don Samuel (tomando asiento, suspirando): —La situación es más grave de lo que pensábamos, Carmen. Si no hacemos algo pronto, perderemos todo lo que hemos construido. La empresa está al borde de la quiebra. Isabella (frunciendo el ceño): —¿Qué quieres decir, papá? ¿Qué está pasando con la empresa? Don Samuel (mirando a su hija con gravedad): —Hoy me reuní con Don Mario Montiel... nuestro principal rival. La situación de su empresa es igual de mala.
Don Mario, tras la tensa conversación con Don Samuel Colmenares, vuelve a su hogar con una preocupación evidente. Tiene que hablar con su familia sobre lo que acaba de acordar con su rival. Al entrar a la sala de su casa, ve a su esposa, Doña Victoria, y a su hijo Leonardo, que lo esperan para cenar. El ambiente familiar está cargado, aunque aún nadie sabe lo que Mario está por decirles.Doña Victoria (notando la preocupación en su esposo):—Mario, ¿qué ocurre? Te veo más preocupado de lo normal.Don Mario (con un suspiro profundo, mientras toma asiento en la cabecera de la mesa):—Hoy tuve una reunión con Don Samuel Colmenares.Leonardo (sorprendido, frunciendo el ceño):—¿Con Samuel? Creí que no querías volver a hablar con él... ¿De qué hablaron?Don Mario (mirando a su hijo con seriedad):—De nuestras empresas. Estamos al borde de la quiebra, Leo. Tanto la nuestra como la de Samuel. Si no actuamos rápido, lo perderemos todo.Doña Victoria (sorprendida):—¿Qué dices, Mario? ¿Cómo es