Todos los capítulos de Dulce Castigo: La chef curvy del Magnate: Capítulo 41 - Capítulo 50
58 chapters
40- La beso
Salvador"Haz lo que quieras, Montenegro."Esa frase me persigue mientras subo las escaleras con el estómago revuelto. Cada palabra retumba en mi cabeza como si Marina me la hubiera susurrado justo al oído una y otra vez. Camino directo al estudio, pero al llegar, no soy capaz de quedarme. Me ahoga.Entro a mi habitación, cierro la puerta con un golpe seco y suelto un gruñido que rebota contra las paredes. Me sirvo una copa de whisky, la llevo a los labios, pero no la bebo. La dejo sobre el buró y empiezo a caminar de un lado a otro, como un puto león enjaulado.No entiendo nada. No entiendo por qué siento esto. No es solo deseo. Es rabia. Es frustración. Es esa maldita necesidad de volver a buscarla, de escuchar su voz, incluso cuando me está desafiando. Incluso cuando me está volviendo loco.Marina. Marina con sus respuestas cortantes. Con esa mirada que parece verlo todo. Con ese aire de mujer que ha vivido demasiado para lo joven que es. Me jode. Me jode que me importe.Lanzo la co
Leer más
41- No estoy de oferta
MarinaLa frase queda suspendida en el aire como una bomba de tiempo:—Haz lo que quieras, Montenegro.Salvador no dice nada. Su mirada arde, intensa, desbordada. Luego da un paso atrás, gira sobre sus talones y se marcha sin una sola palabra. Escucho sus pasos subir por la escalera hasta desaparecer.IDIOTA. IDIOTA. MIL VECES IDIOTA.¿Cómo demonios se me ha ocurrido decirle tremenda estupidez?Es que no entiendo qué demonios es lo que me está pasando, lo que debía hacer fue mandarlo a volar, decirle que a mi no me iba a besar, que prefiero que me mate, pero entonces eso sería una mentira.Estoy jodida.Termino todo lo que estoy haciendo a la velocidad de la luz y prácticamente corro hacia mi habitación.Cierro la puerta con el corazón en la garganta. Pero las horas pasan y no logro dormir. Me revuelvo en la cama, paso las manos por el rostro, me cubro los ojos, intento respirar. Nada funciona. Hasta que oigo el golpeteo en la puerta. Golpes secos, apurados. Me levanto de un salto, de
Leer más
42- La ley del hielo
SalvadorLa cocina huele a café recién hecho y pan tostado, pero no logra suavizar la tensión que se arrastra como una sombra. Estoy sentado en silencio, con los dedos rodeando una taza que ya se ha enfriado, observando a Marina mientras se mueve con una eficiencia distante. Cada uno de sus pasos es preciso, medido. No hay torpeza, pero tampoco calidez.Me ignora.Me está haciendo la ley del hielo como si fueramos adolecentes.Y no puedo culparla.Desde el incidente con mi abuelo, todo cambió. No solo fue la bofetada. Fue su voz, su defensa, su decisión de ponerse entre él y yo, cuando nadie más lo ha hecho jamás. Y luego, el beso. Esa maldita locura a medianoche. No sé qué fue peor: besarla o que ella me haya rechazado.—Marina—la llamo, pero ella no se gira, por el contrario puedo notar que se endereza en su lugar.—Ya casi está listo el desayuno, señor Montenegro.Nunca, ni en un millón de años, pensé que fuera a molestarme tanto que me llamara de esa forma, pero lo hace.Lo hace y
Leer más
43- No voy a besarte
SalvadorLa habitación está a oscuras, pero la luna se cuela por la ventana. Me quito la camisa y la lanzo contra el sillón. El vino de la noche anterior sigue en la copa. Me sirvo otra medida sin pensarlo demasiado. Aún siento la presencia de Marina, como si la hubiera traído conmigo, clavada en la piel. Golpeo el mueble con el puño cerrado. Me estoy volviendo loco. No es sólo deseo. Es la forma en la que me responde, la manera en que no se rinde. Me gusta hablar con ella. Me gusta pelear con ella. Me gusta…Renata entra a la habitación con una copa de vino en la mano, su andar pausado y su sonrisa perfecta. —Pensé que ya estarías dormido —dice, cerrando la puerta tras de sí. Se sienta en el borde de la cama y me ofrece la copa como si nada hubiera pasado.Yo no la miro. Sigo revisando papeles. Mentira. Sólo los estoy usando para fingir que tengo la mente en otra cosa.Simplemente le doy un asentimiento y vuelvo la mirada al grupo de papeles sin ver nada en realidad.—Estás tenso —v
Leer más
44- No será el único en peligro
Marina—No sabes las ganas que tengo de estar equivocado contigo.Sus palabras me persiguen desde el momento en que simplemente se alejó de mi y salió de la habitación cerrando la puerta. Una parte de mi, una que me avergüenza un poco, esperaba que nuevamente me besara, y la otra se odia por considerarlo.Él está comprometido, es un hombre ocupado y además es el mismo hombre que busca llevarme a mi y a mi hermano a la cárcel.Y aunque me digo esto una y otra vez sus palabras, esas benditas palabras se repiten dentro de mi cabeza como una canción rayada, una que no puedo sacar aunque quiera. Y no sé si quiero. Están impregnadas en mi piel, como el calor de sus manos cuando me habló tan cerca, como el temblor en el pecho cuando lo vi tan roto, tan humano, tan distinto al Salvador Montenegro que conocí.No he podido dormir. Estoy acostada, con los ojos abiertos, mirando el techo de la habitación como si pudiera encontrar respuestas en las sombras. Pero no hay respuestas. Solo hay más p
Leer más
45- Tu momento de brillar
SalvadorLos últimos días han sido una completa locura. Esperar tener respuesta sobre la socia de Meyer me está enloqueciendo, en especial porque tengo a las únicas dos sospechosas viviendo bajo mi techo.Todavía me resulta inaudito pensar que Renata pueda estar involucrada, de hecho mi parte más racional me dice que estoy imaginando todo, que simplemente estoy siendo paranoico, pues ella nunca ha hecho algo para que desconfíe… hasta ahora.Su actitud es distinta, su distanciamiento, sus llamadas a escondidas… si esto no tiene nada que ver con el robo, entonces es muy probable que haya algo más que está escondiendo y no sé que pueda ser peor.Hoy decido que voy a hacer mi propia jugada, estoy harto de la espera.Cansado de tener que ser el que está ciegas, necesito comprobar con mis propios ojos que la persona en la que creí confiar resultó ser una rata.Llego temprano a la empresa, incluso antes que mi secretaria. La rabia me corre bajo la piel como un veneno lento. No dormí casi n
Leer más
46- Estás equivocado
MarinaNo. Nada parece estar bien.Sus palabras quedan suspendidas entre nosotros como una sentencia. Una que se clava en mi pecho con fuerza, porque no esperaba escucharlo decir eso. No Salvador.No él. Siempre tan altivo, tan invulnerable. Pero no parece él mismo en los últimos días, o tal vez finalmente estoy viendo al real, al verdadero.Más humano, sin embargo, también sé que no está bien. Puedo verlo, ahora lo veo ahí, con los hombros caídos, las ojeras marcadas, la mirada perdida. Y de repente ya no puedo pensar en otra cosa que no sea lo mucho que se parece a mí en este instante. A la Marina rota que se esconde detrás de los silencios y las promesas vacías.Siento que algo en mí se rompe. Pienso en la marina de 10 años.Pienso en el pequeño Daniel que no podía dormir por las pesadillas.Pienso en la Marina de ahora y lo que puede estar viviendo Dani…Y entonces pienso en Salvador. Una víctima más en un juego retorcido que no entiendo. No sé qué quiere la gente que me escrib
Leer más
47- Jugar mi carta
SalvadorNo sé cuánto tiempo ha pasado desde que cerré los ojos, pero cuando los abro, el lugar está en silencio y la cama está fría a mi lado. Marina ya no está. Mi mente de inmediato viaja a lo que ocurrió la noche anterior.Cómo ella me escuchó, como pareció que me entendía, que compartía mi angustia, mi desesperación y puedo recordar que me acompañó a acostarme, que me dio un beso en la frente y esa acción… ese simple gesto despertó algo.Un recuerdo que no sabía que tenía.Uno en dónde ella está haciendo lo mismo, pero yo estoy ebrio ¿Cómo demonios pude olvidar eso?Me incorporo con lentitud, sintiendo el peso de la noche en los hombros. Miro alrededor, buscando algún rastro de ella. Nada. Solo el eco de un abrazo que no he podido olvidar. Y entonces la veo. Sobre la mesita de noche, una pequeña nota doblada en dos. La tomo, con el pulso más acelerado de lo que debería. “A veces los peores momentos son los que nos salvan. Estoy aquí, cuando quieras hablar.”Me quedo mirándola p
Leer más
48- Ha hecho su elección
MarinaTengo la caeza hecho un caos.Anoche, luego de dejar a Salvador en la habitación, después de haberlo escuchado, de haberlo abrazado y dejado que se desahogara conmigo, no pude conciliar el sueño en horas y por eso llamé a Clara para contarle la locura que acaba de pasar.Ella lo único que dijo fue que nos estabamos demorando, pues afirma que desde el altercado en el restaurante, hace ya un año, siempre hubo tensión sexual entre nosotros, lo cuál no creo, y tuvo el descaro de llamarme tonta por haberlo echado luego del beso.Al parecer ella no tiene problemas con que le haga el cajón a la lagartona, pero lo que ella no entiende es que no quiero ser la segunda opción de nadie.No consigo sacarme todo esto de la cabeza mientras camino hacia la cocina para hacer el desayuno. Es que Dios amado, no esperaba que Salvador se abriera de esa manera. Mucho menos que me abrazara como si estuviera hecho de pedazos y yo fuera el único pegamento posible.Por eso, cuando lo veo entrar a la coc
Leer más
49- Una puñalada profunda
SalvadorNo he dormido nada. Pasé la noche entera revisando cada detalle, cada palabra que podría decir, cada gesto que no delate lo que siento. La parte más difícil de este plan no ha sido preparar la trampa. Ha sido tener que volver a ser el hombre que fui al principio con Marina. Frío. Mandón. Despreciativo. Todo para que Renata no sospeche. Todo para que baje la guardia.La mirada que Marina me lanzó cuando entré al comedor esta mañana fue como un disparo directo al pecho. Esa mezcla de sorpresa y decepción. Pero si quiero que Renata crea que todo sigue como antes, tengo que fingir. Ahora mismo, la necesito más sumisa que nunca.Ya en la oficina, Renata entra conmigo tomada de mi brazo. Siento su perfume envolviéndome, y es tan familiar como doloroso.Una parte de mi quiere que todo sea falso, quiere que ella no caiga en la trampa, que me demuestre que lo que sea que me está ocultando, porque se que oculta algo, no es esto. Cuando cerramos la puerta, le digo:—Hace mucho que no
Leer más
Escanea el código para leer en la APP