— ¿Pequeño? — preguntó Damián.— ¡Ja, ja, ja! ¡Jovencito, esta vez ha perdido! — Damián estaba seguro de que Faustino perdería, independientemente de si elegía grande o pequeño. Con un movimiento rápido, levantó el juego. — ¡Mírenlo bien! ¡Son tres iguales! Qué pena, la suerte está de mi lado — Damián, sin siquiera mirar los dados, se encendió un cigarrillo con una actitud despreocupada.— Espera, ¿estás seguro de que has ganado? — Faustino, encontrando la situación divertida, se reclinó en su silla y se rió a carcajadas.— ¿Cómo no voy a estar seguro? — Damián pensó con sorna. Él mismo había manipulado los dados, ¿cómo iba a perder?— Damián, mira bien, ¡el joven ha ganado! No son iguales. Sí, Damián, te equivocas, has perdido, ¿cómo puedes decir que has ganado? — Los espectadores tras Faustino, con expresiones extrañas en sus rostros, se lo hicieron saber a Damián, sin atreverse a reír abiertamente. Estaban completamente asombrados por la habilidad de Faustino. Algunos incluso
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