Los días siguientes se convirtieron en un torbellino de tensión palpable. Las miradas furtivas y los murmullos en la oficina eran como un ruido de fondo constante, un murmullo que se intensificaba con cada jornada. Se decía, casi a voces, que yo podría ser una mejor gerente que Lotte, y esa comparación, aunque halagadora, se sentía como una pesada losa sobre mis hombros. La presión aumentaba, y a veces me preguntaba si todos estaban esperando que cometiera un error. A pesar de todo, decidí mantenerme firme, enfocada en mis tareas y en demostrar que estaba a la altura del desafío. Sin embargo, la calma antes de la tormenta no duró mucho; pronto, el conflicto que se había estado gestando estalló con una fuerza inesperada.Un día, mientras trabajaba, Lotte se acercó a mi escritorio con una expresión severa.— Van Der Veer, necesito que entregues este informe antes del final del día — dijo, dejando caer un montón de documentos sobre mi escritorio.— Pero, Lotte, ya estoy trabajando en otr
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