Hayami despertó con el sonido de los pájaros que todas las mañanas cantaban en el jardín trasero. Al sentarse en su cama, se estiró un poco, tocó su frente y su fiebre aún estaba vigente, pero menos intensa. Miró hacia su mesa de noche y notó varios medicamentos sobre este, recordó que Noah le había dado varios durante la noche.Se levantó de la cama y tambaleó un poco, se recargó sobre su cama, entró al baño y se dio una ducha rápida, buscó un vestido y se lo colocó con dificultad. Estaba colocándose unos zapatos bajos cuando Noah entró a su habitación con una bandeja y una taza de lo que parecía ser un té.—¿Qué haces vestida?—Iré al trabajo; hoy es viernes.—No, no irás, aún estás enferma.—Estoy mejor.—Contagiarás a los demás, debes quedarte.—Qué aburrido eres.—Como sea, te quedarás y yo me quedaré contigo.—No, no es necesario. Ya te he dicho que yo ...—Sabes cuidarte sola... lo sé, pero aun así.__Ve a la oficina, tú debes ir, yo quedaré aquí sola, no hay problema.__ Llamar
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