Su expresión era tranquila, pero algo en ella imponía un respeto que no cuadraba para nada con una simple recién graduada.Al ver su apellido Vargas, Javier frunció el ceño mientras una duda le cruzaba la mente.¿Y si tenía algo que ver con la familia Vargas?Pero la chica nunca había mencionado nada de eso.Esta preocupación se esfumó en un segundo.Sonrió despreocupado:—Inmobiliaria Panorama no necesita gente inútil como tú.Sofía no contestó, simplemente recogió sus papeles y se fue.Poco después, le llegó la notificación de despido.Cuando el gerente del departamento de proyectos se enteró, casi se muere del susto.La identidad de Sofía Vargas podía ser un misterio para otros, pero no para él.¡Era de los dueños de Inmobiliaria Panorama!¿Acaso Javier era estúpido?Con la cara roja de rabia, fue a buscar a Javier:—¿Sabes quién es Sofía Vargas? ¿Y la echaste así sin más? ¿Acaso quieres que te despidan a ti también?—Es solo una estudiante —se burló Javier—. ¿Por qué tanto escándal
Esa noche, Marcela la había invitado a salir de compras para ayudarla a elegir el vestido que usaría al día siguiente en el evento de Altamira Desarrollos.Para su mala suerte, se encontraron con Laura y Daniel.Laura miró a Sofía y esbozó una sonrisa ligera:—Vaya, señorita Vargas, por lo que veo tiene bastante ánimo. Hasta para ir de compras después de que la corrieran de la empresa.Marcela no se lo podía creer.¿Qué carajos?¿La heredera de Inmobiliaria Panorama… despedida de su propia empresa familiar?Sofía entrecerró los ojos y clavó la mirada en Daniel, con voz impasible.—¿Fuiste tú?—Alguien de tu categoría debería conocer su lugar —soltó Daniel con desprecio—. Mira, Sofía, yo no quería hacerte daño, pero tú insististe en andar de arrastrada.Marcela, como mejor amiga de Sofía, estaba al tanto de todo el drama entre ellos.Puso los ojos en blanco:—¿En serio tienes algún problema mental o qué? Eres como un pinche trozo de carne que nadie quiere pero que insiste en perseguir a
Su voz grave y embriagadora hizo que el corazón de Sofía latiera con fuerza.—Alejandro... —suspiró ella, parpadeando mientras rodeaba su cuello con los brazos—. Recuerdo que me prometiste que iríamos despacio si yo no me sentía lista.Aquella vez en la buhardilla, el ambiente había sido perfecto. No había querido rechazarlo. Y Alejandro le había asegurado en voz baja que jamás la obligaría a hacer algo que no quisiera.Alejandro sonrió ligeramente.Levantó su barbilla con suavidad, y aunque sus ojos mostraban una mirada clara y serena,estaban cargados de una innegable provocación.—Entonces... ¿no quieres? —preguntó.Su aliento cálido le rozó la oreja, provocándole un cosquilleo delicioso que la hizo estremecer.El corazón de Sofía parecía acariciado por plumas suaves.Al sentir aquella extraña sensación recorriendo su cuerpo, Sofía apretó los dientes.—¿Cuál intocable ni qué nada? Este sí que sabe lo que hace —pensó.Un momento después, rodeó su cuello con los brazos y susurró:—Alej
Sofía ya no soportaba seguir escuchando y se apresuró a interrumpir a Marcela:—¡Ya, ya! ¡Te entendí! ¡Luego hablamos!Y sin darle tiempo a responder, colgó de inmediato.Al recordar todo lo que Marcela acababa de decir, y que Alejandro había escuchado, Sofía sintió que no podría mirarlo a la cara.Alejandro no insistió con el tema, solo la observaba con una sonrisa divertida en los labios.Sofía sintió que necesitaba un momento para recuperar la compostura. Se levantó empujando suavemente a Alejandro, abandonando el sofá mientras se arreglaba la ropa desacomodada.Fingiendo tranquilidad, tomó el vaso de agua de la mesa y dio un sorbo para disimular su nerviosismo.Alejandro contempló su gesto y la sonrisa en sus ojos se intensificó. Se puso de pie, caminó hasta quedar frente a ella y se inclinó para mirarla con atención.—¿Por qué tienes la cara tan roja?Sofía sentía que su corazón retumbaba en sus oídos.Evitó su mirada con nerviosismo, mientras sus ojos vagaban inquietos hasta fija
Hombros anchos, cintura estrecha, músculos bien definidos; incluso a través del traje se podía apreciar su físico privilegiado.Sofía recordó de pronto lo que Marcela le había dicho antes:—Mi primo tiene un cuerpazo, una cara de escultura griega, un físico… que no cualquier tipo puede igualar.Ahora comprobaba que Marcela no había exagerado para nada.—¿En qué piensas? —Alejandro colocó el desayuno sobre la mesa y se sentó frente a ella.Sofía volvió en sí y negó rápidamente con la cabeza:—En nada.—Tómatela ya —Alejandro le pasó la leche caliente—. Se va a enfriar.Sofía tomó el vaso y dio un pequeño sorbo, aunque su mente divagaba en otros asuntos. Con discreción, levantó la mirada para observarlo, pensando: en serio tiene algo… pero no sé qué.Sofía bebía la leche y sentía el líquido tibio deslizarse por su garganta.Aunque su mente no dejaba de reflexionar.Era la primera vez que experimentaba esto: despertarse casada de repente y compartir el desayuno con un hombre. Ni siquiera
Sofía respiró hondo, intentando controlar sus emociones.— Sí, Javier Ortiz, el que me corrió de la empresa.Alejandro entrecerró los ojos, examinando a Javier con una mirada penetrante que destilaba amenaza.Momentos después, la puerta del probador se abrió y una mujer salió de él. Sofía la reconoció al instante: Carmen Soto, su compañera de proyecto.Llevaba un vestido rojo ajustado y un maquillaje impecable, luciendo distinta a su apariencia sencilla de todos los días en la oficina.Al ver a Javier, Carmen dibujó una sonrisa exagerada en su rostro y se colgó de su brazo con excesiva familiaridad.—Mi amor, ¿qué te parece este?Javier recorrió el cuerpo de Carmen con ojos lascivos, deteniéndose en cada curva.—Me encanta, se te ve muy sexy. Nos llevamos este.Sofía se quedó paralizada ante la escena. ¿Carmen con Javier? ¿Desde cuándo?Carmen había trabajado con Sofía en el mismo equipo de proyecto, sin conocer jamás su verdadera identidad. Verla ahora comportándose de manera tan comp
Valeria bajó las escaleras con gracia.—Sofi, te estás pasando. Javier me salvó la vida, por ninguna razón deberías tratarlo de esa forma, si lo haces eso me termina poniendo en una situación bastante difícil.Caminó hasta situarse al lado de su madre, tomándola del brazo con delicadeza.Sofía miró a Valeria y su teatrito, sintiendo que le hervía la sangre. Hizo un esfuerzo por contener su enojo.—Mamá, solo te voy a preguntar una cosa, ¿vas a hacer algo con Javier o no?—Sofi, mejor no te metas en esto, yo misma me encargaré.Sofía observó cómo su madre evadía el tema y sólo sintió decepción. Sabía que su madre no haría nada contra Javier, solo buscaría calmar las aguas y pondría a Valeria por encima como siempre.—Está bien, entonces me encargaré yo misma.Sofía no quiso perder más tiempo discutiendo y se dio la vuelta para marcharse.—Sofi. —Valeria, al ver que Sofía se iba, la llamó con prisa, con un tono que mezclaba confusión y un intento de apaciguamiento—. ¿Por qué te alteras t
—Sofi, ¿por qué tienes esa cara? ¿Se te ocurrió algo?Marcela captó de inmediato el cambio en el semblante de Sofía.Sofía suspiró conteniendo sus sospechas.—Por ahora solo son suposiciones, no tengo nada de pruebas.—¿Y qué piensas hacer?—Enfrentar lo que venga, como siempre. Lo primero es sacar a Javier de Inmobiliaria Panorama.Los ojos de Sofía destellaron con determinación. No era ninguna boba ni mucho menos a alguien que pudieran manipular.En ese momento, el mesero se acercó con la comida, interrumpiendo la conversación.La mesa se llenó de comida muy rica y fragante, pero Sofía no tenía ni pizca de apetito.Movía distraída la comida en su plato mientras en su mente se repetían imágenes de Valeria y Javier.Comía sin ganas, dándole vueltas a la posibilidad de que Valeria y Javier estuvieran conspirando juntos.Ese aire de víctima indefensa que Valeria siempre mostraba... ahora le parecía repugnante.Tomó un trozo de costilla en barbecue, pero le supo a nada.Marcela, notando s