Scott giró su cabeza para ver a Víktor por encima del hombro y lo vio apartar su plato, doblar los codos sobre mesa levantar las manos y cruzarlas para apoyar la barbilla sobre ellas. –Pitt, deja que pase la Barbie. –Ordenó y cuando Scott pasó por el rubio que media casi dos metros ambos se miraron fijamente. Scott se sentó una silla delante de Víktor y le había contado todo lo que había escuchado en la lavandería. Víktor le ponía atención sin demostrar ninguna reacción, hasta parecía que le estaba hablando de cómo preparar una tarta y no que alguien estuviera planeando matarlo. –¿Porque te iba a creer? Frank me ha jurado lealtad hace muchos años. Y a ti no te conozco de nada, eso sin contar que no trago a los n**is. –Víktor escupió y fijó su mirada en los puños de Scott fuertemente apretados sobre la mesa hasta que lo vio ponerse de pie. –Como veas, no me creas entonces–Rugió de frustración y se giró. –Vuelve a ponerte de pie sin que te autorice y te corto las dos piernas. ¡Sién
Parecía que el colchón de la cama de arriba era una vista más bonita que el puñetero Cristo Redentor sobre la montaña del Corcovado porque Scott no apartaba la vista de él. Tuvo que hacer una visita a enfermería por su costilla rota que le dolía infinitamente más después de su reunión de amigos en las duchas. Había extrañado que el médico no le hubiera preguntado nada, pero lo miraba como si ya lo supiera todo. Víktor le había asegurado que no pasaría nada, que en la cárcel de Hays el director era él, pero a Scott le costaba creer que podría matar una persona y salirse de rositas como si nada. –Hoffman, tienes visita. –Anunció un guardia sacando a Scott de sus pensamientos. Scott extrañó por unos minutos por recibir una visita tan tarde, pero no tardó en ponerse de pie y seguir al guardia hasta la sala donde solía reunirse con Boris. –Boris, ¿va todo bien? ¿Ha pasado algo en mi casa? –Preguntó Scott con un tono preocupado. –No, están todos bien, puedes estar tranquilo. Vengo de res
Alice estaba organizando sus maletas mientras que Aaron daba mil vueltas por la habitación. –¿Estás segura de que es un buen momento para irte? –Aaron preguntó viendo a su melliza dejar una prenda de ropa doblaba dentro de la maleta y sentarse en la cama con un gesto de cansancio. –No puedo seguir aquí llorando, hundirme en esta depresión no me va a devolver a mi bebé y… –Y tampoco a Scott–Añadió su hermano y la vio fruncir el ceño. –Scott es pasado y uno que daría lo que fuera por borrar. Me iré a Georgetown, a por la brillante carrera que papá siempre decía que me estaba esperando. Si realmente quiero empezar a preparar la base para el cambio de este mundo debo empezar estudiando. –Afirmó con vehemencia. – Con lo que me ha dejado papá también puedo empezar la reconstrucción del centro y sé que me vas a ayudar en esto. –Sí, ahora que te vas yo prefiero regresar a Griffin. Isaac es nuestro hermano, pero prefiero tener varias horas de distancia entre él y yo. –Aaron habló con trist
Tres años más tarde –¡¡Mira Barbie!! ¡¡Está saliendo tu mujer en el telediario otra vez!!–Avisó Dominique, uno de los hombres de Víktor y todos levantaron la cabeza para ver la televisión menos Scott que siguió comiendo sin inmutarse. Ya estaba harto de verla salir en las noticias como la nueva salvadora de los derechos humanos. –No es mi mujer, y ya te avisé mil veces que dejes de decir eso. –Gruñó con fastidio, pero fue Víktor quien contestó. –No es tu mujer, pero bien que te has tatuado su cara bien grande en tu espalda. –Y se rieron todos terminando de sacar el mal humor a Scott. Scott había mirado apenas unos minutos aquella televisión para ver una Alice más madura, más mujer y condenadamente más hermosa. También se veía más seria, ya no tenía aquel brillo especial en los ojos. Víktor le había recetado a Scott su terapia diaria, cada noche se iba solo a las duchas para ordenar sus pensamientos y buscar algo de paz, pero en verdad solo le servía para encontrar su liberación c
Alice cruzó la entrada de Young&Asosciados con su misma seguridad de todas las mañanas. Iba vestida con un hermoso vestido rojo de cuello tortuga y mangas largas que delineaba a la perfección cada una de sus curvas y terminaba por debajo de la rodilla, el cabello recogido en un elegante peinado con algunos mechones sueltos sobre su rostro y unos tacones de aguja Louboutin que anunciaban que aquella mujer estaba preparada para matar. Era la nueva socia del buffet y la estrella del momento. Alice ya tenía su nombre reconocido por todo el país y no era precisamente solo por ser una Johnson. Para la poca edad que tenía ya era la gran promesa de Washington D.C. –¡Buenos días bombón! – Candy la saludó siguiendo sus pasos hasta su despacho. –Buenos días, Candy dime todo lo que tenemos para hoy, y ya sabes lo malo primero … –Porque todo lo malo se corta por la raíz -La interrumpió porque ya conocía bien su forma de trabaja y ambas se miraron con complicidad. –Ha llamado la señora Harris su
–¿De verdad tienes que participar de esa gala? – Candy preguntó mientras ayudaba a Alice a sacar varios vestidos de fiesta de su maleta. Y después estirarlos sobre la cama de su habitación en el hotel cinco estrellas Hilton Garden, ambas se quedaron mirando los vestidos con las manos en las caderas y las cabezas inclinadas a un lado. –Sí, Boris lleva tres meses encerrado en Griffin haciendo todos los transmites para traspasar la refinería de petróleo a su nuevo CEO. Soy parte de su buffet de abogados que representa la refinería. –Explicó Alice y levantó uno de los vestidos para verlo sobre su cuerpo en el espejo. – No solamente habrá un cambio de CEO, sino que también un cambio de nombre y una enorme expansión que significará un antes y después no solamente en Georgia, sino que para todo el país. Por ese motivo la gala se celebra en el Capitolio de Atlanta. En fin, estoy obligada a comparecer. –Dijo encogiéndose de hombros. –Tu hermano también estará presente. –Añadió viendo como Ali
Scott dirigió toda su atención a la única mujer que se la merecía aquella noche, su madre. Alice seguía cada uno de sus pasos sin siquiera disimular, le costaba creer que lo estaba viendo allí a tan pocos metros de ella y tan diferente. Scott siempre había sido un hombre hermoso, pero lo que tenía delante parecía más un dios que un hombre común. Lo vio abrazar a su madre, la forma cómo le brillaban los ojos a Meghan con tan solo ver a su hijo, y por unos minutos sintió como se le estrujaba el corazón, porque sabía que ella los había separado, pero cuando recordó sus motivos levantó su cabeza reflejando toda su soberbia, no tenía que sentirse culpable por buscar justicia. –Dios mío mi amor, te vez tan hermoso…–Meghan no encontraba las palabras para describir la felicidad de ver a su niño. –Tenemos tantas cosas que hablar… –Os tengo que contar muchas cosas y creo que vosotros también a mí. –Scott giró la cabeza viendo como Thomas se acercaba a ellos. –Pero no aquí, ya hablaremos con c
Alice estaba entretenida viendo a la rubia toda coqueta hablando con Scott, hasta que lo vio girarse bruscamente en su dirección con una cara de sorpresa, entonces fue consciente de lo que sucedía a su alrededor. Christopher arrodillado bien allí a sus pies con una cajita de tercio pelo abierta, dentro un anillo con una piedra de diamante enorme, la música se había parado y todos los invitados los miraban con expectación. –Alice mi vida, ¿quieres casarte conmigo? – Christopher tenía la más hermosa de las sonrisas dibujada en la cara. Era un hombre moreno extremadamente atractivo y Alice podía ver aquellos ojos marrones llenos de esperanza, esperando una respuesta de ella. Cualquier mujer en su lugar se hubiera lanzado a su cuello saltando de felicidad, pero Alice seguía petrificada con la actitud de Scott y aceptar la propuesta de matrimonio de un hombre mientras que estaba mojada por otro debía ser la cosa más cruel del mundo. Alice vio como Christopher levantaba un poco más el ani