Sinclair, mientras tanto, mira toda la ropa de la cama amontonada alrededor de mi cuerpo. “Solo son las ocho”. Me recuerda, arrugando el ceño con preocupación cuando se da cuenta que aún llevo puesto el vestido del festín. “¿Estabas demasiado exhausta para cambiarte?”. Me sonrojo. “No, es que tenía mucho frío después del festival. No podía sentir los dedos de la mano ni de los pies”. Me hace una mueca, rozándome la mejilla con los nudillos. “Pobrecita, ¿te sientes mejor ahora?”.“Sí”, respo
EllaAl cuarto día del festival nos despertamos con titulares sobre la reaparición de Lydia en Valle Luna. Acabo de salir del baño después de vomitar por la mañana, cuando me encuentro a Sinclair en la puerta, mirando el periódico. Me sobresalto un poco, no esperaba verle en mi habitación. Hace solo media hora que me fui de su cama y no pensaba volver hasta el desayuno. No estoy segura de lo que pone en la portada del periódico, pero debe ser malo si no ha podido de esperar. Me mira y frunce
“Debí dejarte mimarme después de todo”. Suspiro, podríamos haber evitado todo esto”.Sinclair me estrecha contra su pecho, abrazándome con fuerza. “Me alegra ver que estás aprendiendo que siempre tengo razón”. Se burla. Gimoteando, intento zafarme de su agarre, pero de nada me sirve. “Sabes que me arrepentí en cuanto lo dije”. “Yo tampoco voy a dejar que lo olvides”. Sinclair se ríe. Me río, dejo de forcejear y me someto a sus caricias. “Lobo mandón”. __________________ Cuando llegamo
EllaAl final, me salva el cansancio. No me había dado cuenta de lo agotadora que había sido la velada, pero la presión añadida de montar nuestro espectáculo para los periodistas debe de haberme pasado más factura de lo que esperaba. Me duermo casi tan pronto mi cabeza toca la almohada, pero por cosas del destino, esta noche no puedo ni siquiera escapar de Sinclair en mis sueños. Sé que estoy soñando desde el principio. Sigo en la cama de Sinclair, pero ya no está en su opulenta mansión. Está
“Eso no significa nada. Estás en la cama con una mujer medio desnuda, pasaría con cualquiera”. Razono miserablemente. Sinclair se ríe entre dientes: “Creo que llevas demasiado tiempo rodeada de hombres humanos, te han dado una opinión muy baja de mi sexo”. Levanta por fin la cabeza, dejando de lamerme el suave lugar detrás de mi oreja. “Creéme, no le pasa a cualquiera, no importa lo que haga o lo encantadora que sea”. “Pero yo no soy nada”. Insisto. “Solo soy una humana, no tengo el poder qu
EllaSinclair me está viendo luchar contra la idea de que algún modo compartió mi sueño, de que sabe todo lo que dije, secretos que nunca admitiría si hubiera sabido que no era solo una fantasía que mi cerebro dormido inventó. Acabo de admitir lo mucho que me atrae, lo mucho que me excita. No puedo creer con qué desvergüenza me restregué sobre él; bien podría haber sido una perra en celo, prácticamente rogándole que me hiciera el amor. Se lo supliqué, me doy cuenta tarde, y se fue. Se marchó
Dejo caer la mirada al suelo y miro los pies. Sus palabras me calientan de pies a cabeza. Todavía, no puedo parar de pensar que éste es un territorio muy peligroso. Cada vez me cuesta más resistirme a la atracción que siento por él, y es especialmente difícil cuando me habla de esta manera. Entonces, ¿por qué te estás resistiendo? Exige la pequeña voz en mi cabeza. Te gusta, le gustas, ¿por qué estás luchando contra ello?Tiene razón. Acabo de recibir la prueba de que Sinclair no solo corresp
Ella “Espera, ¡¿qué?!”, exclamo, segura de que debo estar escuchando cosas. Sinclair no puede haber dicho lo que creo que dijo. Él sonríe, trazando círculos sobre la suave piel de mi vientre. “Me escuchaste”, se burla él. “¿Completamente desnudos?”, me quedo boquiabierta, sonrojándome solo por la idea. “¿Todos? ¿Incluso los niños?”. “Te lo he dicho, los cambiaformas no asocian la desnudez con el sexo como lo hacen los humanos. Es nuestro estado natural”, explica Sinclair suavemente. “Nad