Capítulo 37
Julieta puso la pasta en la estufa.

—¿Has estado cuidando a Andrea por tanto tiempo y nunca has visto cómo lo hace? —preguntó.

Mariana hizo una mueca: —Nunca lo he visto. ¿Crees que me quedaría ahí molestando y robando técnicas mientras la señora prepara fideos para su hijo? Las cosas ajenas, lo robado siempre será robado, y eso no me dejaría tranquila.

Al notar que Mariana estaba insinuando algo sobre ella, Julieta la miró con ojos furiosos.

Estaba a punto de estallar cuando, justo en ese momento, Juan bajó las escaleras.

Al ver a Juan, Julieta rápidamente contuvo sus emociones y volvió a mostrar una apariencia dulce y suave.

—Juanito, ¿por qué has bajado? Vamos, regresa a descansar un rato.

Mariana, al ver su comportamiento de cordero frente a los demás y de lobo cuando nadie la veía, no pudo evitar poner los ojos en blanco y murmurar.

—¡Desgraciada!

—Mariana, ¿qué dijiste? —Juan escuchó el murmullo de Mariana y preguntó sin entender.

Julieta se levantó y se paró detrás de Juan, fulm
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