Rosa…La reunión a la que tuve que asistir con el Sr. Black duró tres horas. Empezaba a pensar que no acabaría nunca. No sé cómo Max hacía esto todos los días. El Sr. Black dijo que todavía necesitaba encontrar una nueva asistente, ya que la anterior se jubiló hace dos meses, pero todavía no ha encontrado a alguien que pueda hacer el trabajo sin tener motivos alternativos.“Les mantendré informados de los progresos en Grecia. Gracias a todos por venir hoy a la reunión”, terminó el Sr. Black la reunión.Todos se despidieron y recogieron sus documentos mientras yo tomaba las notas en la mesa. ¿Cómo podría alguien disfrutar este trabajo? Es agotador tomar notas y escucharles hablar sobre cuál será el siguiente paso para ampliar el negocio. Preferiría trabajar con números que hacer esto eternamente.Solté un fuerte suspiro mientras me levantaba.“Serías una buena asistente. Hoy conseguiste manejar a uno de los hombres más arrogantes de esta sala”.Me reí entre dientes al oírle. “Grac
Rosa…Cuando entré en la oficina, me recibió Darana. “¡Darana! Regresasate”.“Sí, querida, regresé, y escuché que Max también vuelve hoy”. Me abrazó en cuanto cerré la puerta.“Ay, qué bien. ¿Cuándo llegará?”, pregunté, soltándola.“A la hora del almuerzo. Me mandó un mensaje y me dijo que iba a descansar un rato antes de venir a la oficina. Su avión aterrizó esta mañana”.Me alegré de verla. Llevaba unos días con gripe y, a juzgar por su voz, supongo que aún no estaba al cien por cien.“¿Cómo te fue en la reunión?”, preguntó Brigitta, ofreciéndome una taza de café.“Bien, pero maldita sea, no querría hacer eso para siempre. Es agotador estar ahí sentada escuchándolos hablar y tomando notas”. Lo admití con sinceridad.“Te entiendo. Yo también lo odio; por eso Max lo ha estado haciendo durante los últimos meses. Me pregunto cuándo contratará a una nueva asistente”, respondió Darana.“Espero que pronto”, respondió Brigitta.Fui a sentarme en mi escritorio y abrí mi bandeja de e
Rosa…Después de tranquilizarme, les conté cómo había terminado en América: “Les dije a mis padres lo del divorcio y me sugirieron que me mudara aquí, aunque no estaban contentos con el divorcio”.Jugué con mis alianzas en lugar de mirarlos. Me preguntaba qué pensarán de mí ahora que les conté lo que me pasó.“Siento lo que te ha pasado. ¿Has sabido algo de él después de mudarte aquí?”, preguntó Darana.Sacudí la cabeza. “No, siempre se pone en contacto conmigo a través de su abogado. Sé que parezco patética, pero sigo amándolo. Teníamos una relación maravillosa antes de casarnos y tirarlo todo por la borda me duele. Creía que era mi príncipe azul, el hombre con el que envejecería, pero todo fue una mentira”.“¿Cómo podemos ayudarte?”, preguntó Max.Me sequé las lágrimas y negué con la cabeza. “Con estar aquí para mí y escucharme es más que suficiente, aunque creo que deberíamos hablar de otra cosa. No puedo hablar de Armando sin llorar. Lucharé para conseguir el divorcio y todav
Rosa…Cuando llegó la hora del almuerzo, los demás me preguntaron si iba con ellos pero tuve que negarme. Les dije que tenía una reunión con el señor Black. Cuando me dirigía a su despacho, me di cuenta de que ya me estaba esperando. “Venga, vamos”. Caminé detrás de él hacia el ascensor, preguntándome adónde íbamos. Pensé que se trataba de una reunión.Caminamos por la acera mientras yo intentaba seguirle el ritmo. “¿Adónde vamos?”, pregunté, frustrada, mientras me esforzaba por seguir su ritmo.Se dio la vuelta y me miró. “Te invité a comer; ¿no te lo había dicho?”.Me detuve en seco y lo miré con el ceño fruncido. “No, no, no lo mencionaste. Y no te ofendas, pero ¿puedes caminar más despacio, por favor? No puedo seguirte el ritmo”.El señor Black se giró hacia mí y me agarró por las muñecas. “Lo siento; no era mi intención caminar tan rápido”. Se disculpó.Le dediqué una pequeña sonrisa. “No pasa nada. ¿Adónde vamos exactamente?”.“Un buen amigo mío tiene un restaurante italia
Rosa…Le di un sorbo a mi vino, sin saber qué decir. ¿De qué hablamos? Quiero decir, soy su empleada; de lo único que podemos hablar es de trabajo, ¿no?“¿Qué te parece el vino?”.Miré a Ashton y respondí: “Sabe bien. Gracias por invitarme. Supongo que quieres hablar de la reunión que tuvimos esta mañana”.Sacudió la cabeza. “No, no quiero hablar de trabajo. Vine aquí a relajarme y quería invitarte”.Lo miré con confusión. “Pensaba…”.Y él me interrumpió: “Sin peros, para ser sincero quiero conocerte mejor y la única forma de hacerlo es sacándote a pasear”.Oh, no esperaba que fuera tan sincero.“Bien, ¿qué quieres saber?”, pregunté, sintiéndome un poco insegura de si debía contarle algo personal.“Puedes empezar por decirme por qué estabas llorando esta mañana”.Se me abrieron mucho los ojos cuando dijo esas palabras. No podía decirle que lloraba por mi pronto ex-marido.“Oh, en realidad no era nada”.Me miró con el ceño fruncido. “Me di cuenta de que estabas enfadada, pero
Rosa…“¿Has pensado en mi sugerencia de trotar juntos?”, preguntó Ashton mientras terminábamos de comer.Alejé mi plato y me limpié la boca. “No, la verdad es que no”. Me miró a los ojos y sonrió. “Está bien, supongo que simplemente te buscaré en el parque el sábado”.Una pequeña sonrisa se formó en mis labios. “Bien, pero entonces te invitaré a desayunar después y no podrás decir que no”.Ashton se quedó callado un segundo y asintió. “Está bien, supongo que tú invitas entonces”.“Hecho. Y para que quede claro, no esperes un restaurante lujoso”.Se echó a reír. “Realmente no te gustan estos lugares de cinco estrellas, ¿verdad?”, preguntó una vez que dejó de reír.“No, me parece un gasto de dinero. Hay muchos lugares por ahí que son más baratos con buena comida también”. Me sonrió. “De acuerdo, confío en ti”.No pude evitar sonreír cuando aceptó ir a otro lugar.“Tienes una sonrisa preciosa. Deberías sonreír más a menudo”, susurró él pero lo oí. Un rubor se formó en mi cara
Rosa…Llegamos a la oficina y me fui directamente a la mía. Eso sí, me dio un beso rápido antes de salir del ascensor y no pude evitar sonreír. Caramba, no podía contar lo que había pasado durante el almuerzo, pero seguro que mis colegas me preguntarán.Cuando llegué a nuestra oficina, los otros tres ya estaban allí y me miraron con una sonrisa burlona en la cara en cuanto me vieron. “¿Qué tal el almuerzo?”, preguntó Max.“Estuvo bien. Hablamos sobre todo de trabajo”, mentí, cruzando los dedos. Esperaba que no me descubrieran. No quería que pensaran que estaba seduciendo a nuestro jefe.“Debe haber sido muy pegajoso porque ya no tienes labial puesto”, dijo Brigitta, moviendo las cejas.“Sí, me lo habré quitado al limpiarme la boca después de comer”, me defendí.“Sí, di lo que quieras, pero que sepas que tarde o temprano nos enteraremos”.Puse los ojos en blanco y me dirigí a mi mesa. Empecé a trabajar ignorando sus comentarios. Entonces, sonó el teléfono de mi mesa. “Habla Ettor
Rosa…Me dirigí al parque donde Ashton y yo habíamos quedado. Hoy sería nuestro primer día de trotar juntos. Anoche, cuando había terminado mi turno, me recordó que fuera puntual. No creí que lo dijera en serio y, para ser sincera, seguía sin creer que lo dijera en serio.A lo mejor me estaba tomando el pelo, como el otro día en el restaurante. Hablando de eso, no ha vuelto a intentar besarme. Una parte de mí se sintió aliviada, ya que seguía siendo una mujer casada, pero otra parte de mí quería gritar. Quería volver a saborearlo, pero entonces me recordé a mí misma que era mi jefe y yo estaba casada. No quería que me apodaran de puta o algo así y, conociendo a Armando, seguro que diría que fui yo la que le engañó.Estos últimos días había estado jugando a su P.A., aunque todavía tengo que decidir lo que voy a hacer. No creo que pueda soportar estar cerca de él las veinticuatro horas del día.Cuando llegué al parque, me sorprendió ver a Ashton en la entrada. Estaba más guapo que nu