CAPÍTULO II: LA REINA

Cuando mi hijo Ptolomeo llegó llorando hasta su habitación sintiendo el ardor en su cara por el bofetón de Cleopatra, una siniestra figura se le aproximó. Se trataba de Potino, su tutor, un tipo escuálido y de barba larga que utilizaba un vistoso turbante y una túnica púrpura.

 —No llores más, Excelencia —le decía al niño. —Tú eres el verdadero rey y no tu hermana Cleopatra.

 El niño levantó la mirada mirándolo con sus ojos humedecidos y preguntó:

 —Pues no parece. ¡Ya ves como ella me trata! ¿Que puedo hacer?

 —Simple, Alteza… cuando el momento llegue solo debe firmar un decreto exiliándola para siempre…

 Y así lo hizo, poco tiempo después. Cleopatra fue expulsada del palacio y escapó a Siria. Pero el poder no recayó en el manipu

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