LA PERSONA CORRECTA

A Esperanza esa noche le había costado mucho dormirse, ya que no podía dejar de pensar lo que le había hecho sentir y lo que había dicho el padre de Amor. Era un hombre tan bueno y se desvivía por su mujer y su hija, que se estaba empezando a pensar que debía hacer un cambio en su vida.

En sus sueños, la mujer también volvía a soñar con su amigo. Esta vez, había soñado que llegaba a casa, le abrazaba por la espalda y le decía lo muchísimo que le quería, lo feliz que era a su lado y que nunca le iba a dejar. Ese sueño era como una bocanada de aire fresco para la muchacha, lo que necesitaba oír y más aún percibir a alguien que le quisiera de verdad y que tuviera miedo realmente a perderla. Se sentía muy tonta por haberse ilusionado tanto por un sueño, pero le pareció muy real.

Bajó a desayunar y le contó a su madre todo lo que le estaba pasando con los sueños, el colgante, Amor y su familia...

—Mami, no quiero decepcionarte, no quiero que pienses que no sé lo que

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