Ya llevaba una semana en casa con mis bebés, después de todo lo que pasó en el hospital tenía miedo de salir con ellos, así que el Dr. Molina pasaba por casa todos los días para verlos. Estaban bien y se desarrollaban normalmente.Alessandro contrató a dos niñeras recomendadas por Lygia para ayudarnos. Mis padres ya habían regresado a Campanario y nosotros estábamos estableciendo una rutina. Pedro solo mostraba alegría y amor por sus hermanitos, y todas las noches nuestros amigos venían a cenar y estar con sus ahijados.— Mira, me parece un absurdo que ya hayan elegido a Flavio para ser padrino de Santiago. Y nosotros aquí todavía en suspenso —se quejó Patricio.— No sé de qué te quejas, Patricio. Al menos tú tendrás uno. ¿Y yo? —Melissa seguía haciendo drama.— Oye, mi psicópata preferida, ¡ya tienes a Pedro! —le recordó Alessandro.— ¡Ya lo sé, payaso! ¡Y amo mucho a mi pequeño! —Melissa tenía a Pedro en su regazo y lo llenó de besos haciéndolo sonreír—. Pero queríamos uno más e
"Claudio"Ya llevo meses preso, pero el tiempo aquí dentro pasa diferente, se arrastra y parece que llevo años aquí. Es todo el día encerrado, sin hacer nada, la única hora que salimos es en el patio, una horita día por medio, y en las visitas. Esa pesada de Kelly viene a visitarme una vez al mes, ahora tendré que soportarla, porque no se puede cumplir condena sin tener visitas.En la primera visita que hizo estaba alterada, llena de reproches porque se había enterado que yo tenía un romance con Celeste. Me costó mucho calmarla, pero al final se tragó que fui débil y seducido, pero que no se repetiría. Ya estaba hasta acostumbrado, desde que me casé con ella, siempre que descubría uno de mis deslices era el mismo drama, pero al final la convencía de que había sido un errorcito de nada.Nuestro hijo nació la semana en que me arrestaron y ella ya trajo al niño para que lo conociera. Le dije que no lo trajera más, este no es lugar para un niño y exigí que viniera a la visita íntima, un
Bonfim llamó y avisó que había programado mi encuentro con Claudio para el día siguiente por la tarde. Explicó que lo haría en la comisaría para aprovechar y tomar la declaración de Claudio de una vez, además de ser un ambiente un poco mejor para mí.Al día siguiente, a la hora indicada, yo estaba allí, acompañada de mi marido y algunos guardias de seguridad. Bonfim nos llevó a su oficina y pidió que esperáramos ahí. Poco después regresó, con dos policías más trayendo a Claudio.Claudio tenía la barba sin afeitar y el cabello rapado. Usaba el uniforme del sistema penitenciario y en medio de aquellos policías parecía muy pequeño, pero incluso estando en la peor situación posible, todavía tenía una sonrisita cínica en la cara.—Espósenlo ahí —ordenó Bonfim y los policías sentaron a Claudio en una silla en la esquina y pasaron las esposas por dentro de un tubo en la pared que parecía un pasamanos.—Entonces, Sr. Claudio, usted quería hablar con la Sra. Mellendez, ella está aquí —dijo
Estuvimos en la comisaría unas cuatro horas. Claudio habló con su madre, quien lloraba mucho y pidió que su hijo confesara todos sus crímenes y colaborara con la policía. Ella me pidió perdón por lo que su hijo hizo y lamentó mucho que él no hubiera seguido por el buen camino como ella siempre intentó mostrarle. Al final, mi marido incluso se conmovió con aquella mujer y dijo que se quedaba tranquilo pudiendo ofrecer un mejor tratamiento de salud para ella.Claudio tenía muchas cosas que contar. Comenzó contando que conoció a Junqueira a través de un amigo de Campanario que vino a vivir a Porto Paraíso apenas cumplió dieciocho años. No sabía cómo el amigo conocía a Junqueira y nunca se interesó en preguntar. Dio la información sobre dicho amigo, que se llama Kauã Capiberibe, y dónde podría ser encontrado.Claudio dijo que conoció a Junqueira tres meses antes del accidente de helicóptero que mató a los padres de Alessandro y que Junqueira le pagó buen dinero para sabotear el helicópte
Cuando llegamos a casa yo estaba cansada y muriendo de ganas de ver a mis hijos. Pedro parloteó por un buen rato contando cómo ayudó a cuidar a sus hermanitos y que ahora estaban durmiendo con la barriguita llena.Me fui a la cama sintiendo una punzada en la cabeza y tuve un sueño muy agitado, no por cuidar a los bebés, en realidad ellos eran muy tranquilos y Alessandro era un padre maravilloso, se despertaba por la noche y me ayudaba a cambiarlos y alimentarlos. Pero tuve pesadillas inconexas y tenía una sensación de miedo que no desaparecía.Desperté muy temprano y con un terrible dolor de cabeza, tal vez por el agitado día anterior, pero mi cabeza dolía mucho. Pasé por la habitación de mis hijos y estaban durmiendo, así como Pedro. Entonces fui a la cocina a tomar un café antes de tragarme las pastillas para el dolor.Estaba en la cocina con Lygia cuando oímos el golpe de algo cayendo en la sala y fuimos a ver. Cuando llegué a la sala me estremecí entera de miedo. Junqueira estab
Junqueira empujaba a Alessandro hacia el despacho y las lágrimas caían de mi rostro. Tan pronto como salieron de la sala, el pestillo de la manija se movió levemente y Matías entró haciendo señas para que guardáramos silencio.—Señora, perdóneme —Matías hablaba en voz baja—. No sé cómo entró, pero lo resolveremos. Por favor, suban en silencio, sin hacer ruido y cuiden a los niños. Mis hombres las protegerán. La policía ya viene en camino.—Alessandro, Matías. Va a matar a Alessandro —estaba desesperada.—Le prometo que no lo hará. Pero, por favor, necesito que estén seguras. No voy a fallar otra vez —Matías me ayudó a levantarme.—No fue tu culpa, Matías —la niñera que estaba bajo la mira de Junqueira cuando llegué a la sala habló bajito—. Perdóname, Catarina, pero puso el arma en mi cabeza cuando estaba saliendo de casa y se escondió en el asiento trasero de mi coche. Perdóname, ¡debí dejar que me matara!—¡De ninguna manera! No tuviste elección. Ahora vamos a subir y a cuidar de
Llegué a casa completamente agotada después de un día interminable. Entre la universidad y el trabajo, mis energías estaban por los suelos, pero, nada más entrar, vi que mis padres me esperaban en la sala con una expresión seria.—Siéntate, Catarina. Necesitamos hablar —dijo mi padre, visiblemente nervioso.—¿Qué pasa, papá? —pregunté con desgano. Lo único que deseaba en ese momento era darme una ducha y desplomarme en la cama. Sin embargo, sabía que algo importante estaba por suceder.—Llegó la invitación de la boda de tu prima —soltó mi madre, sin más preámbulos.—¡Esa no es mi prima! —respondí, alterada.—Catarina, te guste o no, ella es tu prima —insistió mi madre con firmeza—. Es hora de que dejes esa actitud infantil. Melissa ya armó un escándalo aquí en casa. ¡Ya es suficiente! Es la hija de mi hermana, por lo tanto, es tu prima.—Discúlpame, mamá, pero para mí ella ya no significa nada —repuse, intentando mantener la calma—. Se acostó con mi novio en mi propia cama. ¡Eso
Pero no hubo escapatoria. Meli me arrastró literalmente a la fiesta, en donde, nada más entrar, me llevó directo a la barra y me susurró con complicidad:—Esta noche es barra libre, ¡vas a ahogar todas tus penas de una buena vez! —exclamó, mientras me entregaba dos shots de tequila y sostenía otros dos en su mano—. ¡Vamos a darle con todo! Nos bebimos los tequilas de un solo trago, y Fernando ya nos estaba sirviendo sendos Cosmopolitan. Un momento después, Meli me jaló a la pista de baile y para mi sorpresa, empecé a disfrutar. Cuando sonó una música más lenta, Nando y Meli se abrazaron para bailar y yo aproveché el momento para escabullirme hacia el buffet. Sin embargo, nunca llegué.Una mano me jaló suavemente, y, al voltear, me encontré con un hombre con una máscara negra que me sonreía de una manera completamente irresistible. Besó mi mano con un gesto galante y me atrajo hacia él susurrando con una voz ronca que me erizó la piel:—La mujer más hermosa del salón no me puede