El celular vibraba, una, dos, tres veces.
Los mensajes intercambiados por la joven pareja iban desde un lugar al otro, desde la Argelia hasta Carapungo, convirtiendo la lejura en la cercanía; convirtiendo la comunicación, mediante las maravillas tecnológicas, entre un hombre y una mujer que de otro modo no podrían haber hablado,en algo posible. Hace cincuenta años, el único modo hubiera sido con cartas y misivas, con mensajes que llegarían después de un mes; en la era de la tecnología, esa era relación se volvía posible.
¿No te parece que ya deberíamos de “mimir”?
El mensaje de Julieta hizo sonreír a Emilio, que se apresuró a contestar.
La noche es joven, amada mía. Avísame cuando estés acostada y entonces… nuestro sábado.
"Nuestro sábado". Tras enviar la respuesta, Emilio s
El celular vibraba, una, dos, tres veces.Los mensajes intercambiados por la joven pareja iban desde un lugar al otro, desde la Argelia hasta Carapungo, convirtiendo la lejura en la cercanía; convirtiendo la comunicación, mediante las maravillas tecnológicas, entre un hombre y una mujer que de otro modo no podrían haber hablado,en algo posible. Hace cincuenta años, el único modo hubiera sido con cartas y misivas, con mensajes que llegarían después de un mes; en la era de la tecnología, esa era relación se volvía posible.¿No te parece que ya deberíamos de “mimir”?El mensaje de Julieta hizo sonreír a Emilio, que se apresuró a contestar.La noche es joven, amada mía. Avísame cuando estés acostada y entonces… nuestro sábado."Nuestro sábado". Tras enviar la respuesta, Emilio s
No sé cómo comenzar, no sé qué decir,Ni si llorar, ni si reír,No sé cuánto cariño llevo dentro,Tampoco describir todo lo que siento.Pero no quiero hablar de mis dudas…Quiero escribir sobre mis certezas,No quiero que sientas miedo,Quiero me ames, con todas tus fuerzas.Sé que pasamos por mucho antes,Que vivimos, desvivimos, volvimos a vivir,Sé que la vida movió los hilos,Para poder estar, hoy junto a ti.Sé que ahora el presente es lo que importa,Sé que el futuro lo podemos construir,<
Mientras se encontraba recordando lo sucedido ese día, Emilio miró un punto de la nada. Por supuesto que no quería beber ya, y siempre después de que lo hacía las preguntas del por qué le llenaban la cabeza. La primera vez que lo hizo era apenas un adolescente, con diecisiete años bebió una lata de cerveza que fue suficiente para marearle y hacerle mirar el mundo de forma distinta, extraña. Una manera de apagar el cerebro. Emilio desde siempre pensaba sobre el mundo, sobre él, sobre todo lo que le rodeaba y sobre lo que podía hacer o dejar de hacer. Desde siempre era así, por ello cuando descubrió el licor y se dio cuenta de que le servía para apagar su mente y desconectar las ideas, hubo un tiempo en el que cada semana se embriagaba profusamente. Ahora, bebía no más de una vez al mes y no quería hacerlo más. El ejemplo de alcoholismo que le brindaba su padre
“Había una vez” escribió en su cuaderno, ansioso de que los demás terminasen el examen final. Miró de reojo como Julieta llenaba los espacios en blanco y después de revisar lo que había hecho una última vez, entregó la prueba y se retiró a su asiento. Ese día la chica vestía un saco gris claro y un jean azul oscuro, que para variar le resultaron atractivos. Él en su lugar vestía un jean negro y una chompa del mismo color. Nunca variaba su vestimenta, siempre en los rangos entre oscuro y más oscuro. En eso también contrastaba con la chica.Una mirada cruzaron cuando ella levantó el rostro. El segundo que duró fue casi una eternidad y estaba tan cargada de significado que una vez más, Emilio tuvo ganas de que todo terminase. Después del dichoso examen y de que las notas se diesen a los estudiantes, la clase de la profesora Rocío
ra un idiota. Ese era un hecho.Sus errores sumaban un largo listado y su modo de ser, a veces despreocupado y aveces preocupándose de más, le causó problemas que le jodieron mucho la existencia en el pasado. Apenas hace un par de años, cuando salía del colegio y la juventud era más visible en él, su mal carácter tan marcado le causo peleas e incovenientes con todas las personas de su alrededor. Se había equivocado, pero todos esos errores le enseñaron una lección, y esa lecciones no las olvidaría nunca.Era un idiota... quizás un idiota que se estaba corriendo poco a poco, pero aun seguía siéndolo. Claro que eso de ningún modo significaba que no tuviese sentimientos; por lo que ahora mismo, mientras la mujer que más quería en el mundo no tenía intenciones siquiera de mirarle, una pena enorme le afectaba el corazón y le aflig
—Es que ustedes así son, mija, —Jorge intervino—, se enamoran y luego las manes les hacen tonteras y hasta eso están. Luego vuelven tristes buscando a los panas.—Vos buscas a los penes. —Héctor se rio en su cara después de mirar su expresión. Joel, Kevin y Emilio se carcajearon.—Chucha don Héctor, no me falte el respeto. Uno le da la entrada y usted se carga —a pesar de la queja, el tono del chico era jocoso.—Los dos son par de maricones —Joel no podía quedarse sin intervenir.—Chucha ya habló la mamá —Kevin replicó en lugar de los aludidos.Antes de reírse, Emilio intervino. —¿La mamá? ¿Por qué la mamá?—Porqué es la mamá.— ¿La mamá de quién pues chucha?—La mamá de los car
Esa mañana, Julieta se levantó de mal humor.Saludó a su madre, comió el sencillo desayuno, se vistió y se miró al espejo esperando encontrar una sonrisa, pero no fue así. Se miró las facciones… y recordó que él le decía que tenía los “labios de durazno”. La primera vez que lo escuchó le pareció estúpido, pero ahora un ramalazo de ternura le llenó el pecho al recordarlo.Suspiró y terminó de alistarse. Salió de casa pensativa; se subió al bus con una expresión de pocos amigos. Miró por la ventana las calles y a las personas; nada fue capaz de cambiar su carácter. Aunque no era culpa, ni de su familia, ni de sus amigos ni del mundo, esa mañana, esa precisa mañana, se sentía molesta. ¿Por qué? Cabía preguntarse. ¿Por qué? Quisiera tambi&ea
Tres semanas habían transcurrido desde que el curso de inglés comenzó.Emilio se acostumbró a su situación prontamente. No peleó, no discutió con el coordinador, no volvió a putear a Marco. Se resignó a concluir los dos niveles que faltaban y a escuchar las bromas sosas de sus compañeros y a contemplar, a ratos, a la belleza de los labios color durazno, de quién sabía su nombre, sus gustos y conocía su personalidad; todo gracias a las preguntas insidiosas que la teacher hacía a los estudiantes y que él, odioso, evitaba responder en la medida de lo posible. El muchacho evitó cuanto pudo cualquier contacto con la chica que tanta atracción le produjo esa primera vez. Luchó con su anhelo de conocer a alguien más, con el deseo de ser feliz.Sin embargo, a veces ciertas acciones y situaciones deben de suceder y aunque queramos ev