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Efectivamente, encontró una nota. Una carta… En un sobre oscuro. Tan oscuro como la noche. Una carta que estaba debidamente cerrada con cera, pero sin ningún sello que dé a conocer a su emisor. Con curiosidad, el Rey Maitano extendió su mano enguantada de oscuro. Ese gobernante que tenía por costumbre y gusto, vestirse siempre de colores opacos y oscuros, pidió que se le entregue la caja. Cuando el caballero la dejó sobre el escritorio, Landel la abrió. De inmediato una expresión de confusión se mostró en su rostro… En el interior, habían tres dagas en sus respectivos estuches. Landel tomó una de ellas, sacándola de su protector, al hacerlo notó la inscripción en la hoja… Un código y el nombre del herrero de la casa de marqueses Maitanos, los Forsten. Todas eran dagas que pertenecían a caballeros del marquesado Forsten. Como una costumbre, emblema y obsequio, cada vez que la cabeza del marquesado Forsten realizaba la ceremonia para nombrar a sus caballeros servid
Clop~ clop~ El caballo galopaba con fuerza mientras la concubina Real Gorianita se adentraba cada vez más en el bosque del sector montañoso. El aire fresco de la mañana acariciaba su pálido rostro, llenándola de energía a pesar de su cansancio y sueño. El cielo se aclaraba lentamente, ocultando las estrellas y anunciando un nuevo día lleno de incertidumbre. Tras ella, a distancia casi ya invisible, la ciudad que dejó horas atrás escapando de la guardiana, Patricia. A medida que avanzaba, Lady Caroline podía escuchar los sonidos de la naturaleza a su alrededor: El suave murmullo del viento entre los árboles frondosos, el canto de las aves, el crujir de las hojas bajo las pezuñas de su caballo. ¡Aunque estaba agotada, sabía que no podía detenerse! Tenía un objetivo. No quería involucrar a Patricia en sus problemas, por lo que había decidido viajar sola hacia la frontera con el Reino de Maita. Justo en ese momento, cuando el sol comenzaba a iluminar el horizonte, uno
CRANK~ Los grandes portones fueron abiertos, unos sirvientes llegaron de inmediato a atender a los hombres, junto a un mayordomo. —¿No es una mujer? — preguntó uno de los hombres al ver al "supuesto joven" que secuestraron. —No. Pero parece un joven aceptable para trabajos de campo, no trae ningún emblema noble así que debe ser alguien pobre o visitante que iba a la ciudad de Gilyan~ —rió el líder del grupo de bandidos, mientras se bajaba del caballo y comenzaba a desatar a Caroline. Los hermosos ojos verdes limón de esa belleza Maitana, se posaron con curiosidad en los hombres y la propiedad. Entre grandes árboles, se encontraba ubicada la mansión de tres plantas, angosta, pero llamativa, decoración fría y sombría. Las ráfagas del viento mecían los árboles esa tarde, causando que las hojas dañadas caigan sobre el jardín amplio, el cual mostraba una fuente de buen tamaño con unas estatuas de unos caballos y unos símbolos nobles grabados en ellos. De inmediato Carolin
—¡SON UNOS MALDITOS! —gritó furioso, el marqués Forsten al recibir la carta del Rey Maitano, Landel Lamparth, que lo citó al castillo principal—. ¡¿ASÍ QUE ES POR MÍ QUE ESE CHIQUILLO ENGREÍDO VIENE?! —dijo él refiriéndose al Rey Jhonn Cuarto—. ¡BIEN! ¡QUE INTENTE MATARME! "Lo siento por ti, Lance, pero si tu hijo apunta su espada a Maita, al Reinado de mi sobrino o a mi tierra… ¡VOY A MATARLO!" Se decidió sin siquiera titubear en su decisión, el marqués Sebastián Forsten. —¿Mi señor, comienzo las preparaciones para que viaje a la capital a ver al Rey? —le preguntó el mayordomo al marqués. —No —contestó el marqués Sebastián Forsten al mayordomo. Seguidamente viendo al comandante de sus tropas—. Prepara todo para ir a la frontera. Envía un aviso al Rey Landel Lamparth. Dile que me ocuparé de este asunto, es mi sobrino, lo conozco bien y va a aceptar quedarse al margen. En caso de que necesite ayuda enviaré a solicitar refuerzos, pero no creo que eso suceda. El comandante
•••••••••• Caroline fue llevada para encontrarse con el señor de la mansión. Ella ingresó a su oficina esa tarde, en compañía del mayordomo. Sus ojos verdes limón, viendo a ese noble, Bruce Alrith. Los ojos oscuros del hombre maduro en sus cuarenta años, una mirada penetrante que se clavaba en Caroline, analizando de pies a cabeza a esa concubina Real que estaba disfrazada de varón. ¡ALGO QUE VIÓ OFENSIVO! Por supuesto, los hombres Gorianitos, en especial entre la nobleza, tenían una creencia muy arraigada con la mujer, como una joya preciosa que se luce y sirve para darles descendencia ÚNICAMENTE. —Así que, ¿tú eres la concubina, Lady Camil? Ella asintió ante el tono grave y potente de esa voz masculina que resonó en toda la oficina de aspecto elegante y refinado. —Sí, señor. Soy yo… —La concubina Real. Quiere que la dejemos ir y ella misma buscar regresar —comentó en ese momento, el mayordomo. De inmediato, el noble negó con su cabeza, sentado imponente tras
En una de las pequeñas tiendas del campamento militar, lejos de ojos indiscretos, el Lord Garlem compartió la terrible noticia con el Rey Gorianito. —Su majestad. Llegó este comunicado de emergencia… En realidad es para mí, para que esté informado ya que soy el comandante general de las fuerzas militares del Reino, pero… Lea —el Lord Francis Garlem, entregó al Rey Jhonn Cuarto Wiztan, el pergamino. Cuando los ojos azules de ese gobernante se posaron en lo escrito, comenzando a leer… Sonrió. Una pequeña sonrisa, que sorprendió al Lord. —Su majestad, ¿Leyó bien?, Lady Caroline huyó —le informó confundido ese Lord. Caroline, la mujer a la que ese gobernante amaba, había escapado y su paradero era desconocido. ¡Era una noticia que alertaría a cualquiera! Sin embargo, Francis, sorprendido vio a Jhonn Cuarto inusualmente en calma. —Sí… Ya sospechaba que ella haría algo así. Deja una tropa aquí y envía otra de expedición a los alrededores. Solo por si ella tuvo problemas en
Lady Caroline se adentró en el pueblo gorianito con el corazón palpitante y su mente hecha un caos. Disfrazada de hombre, con una capucha oscura encima que robó a un señor en un descuido, ocultaba su figura desaliñada, misma capucha que le cubría un poco el rostro con marcas de raspones y suciedad de su arduo viaje. Ella cansada y con apetito, caminó por las calles empedradas. El olor a tierra húmeda y a humo de leña llenando sus pulmones. Las personas yendo y viniendo. Su objetivo era claro… ¡Llegar a Maita y encontrar la manera de impedir el ataque a su Reino cuna! Mientras ella buscaba a alguien que pudiera ayudarla, en especial un Maitano corrupto, se topó con un grupo de hombres de aspecto rudo sentados a una mesa, divirtiéndose con un juego de mesa, mientras apostaban, reían y fumaban. Sus ojos marcados por la desconfianza y la astucia se clavaron en Caroline. Al ella acercarse, sintió las miradas de los hombres sobre ella, como si olfatearan el miedo a través de
•••••••••• En la penumbra de la noche, el castillo de Firgin se alzaba con sus muros desgastados que mostraban la imponencia y elegancia de su antigüedad. Las farolas de pared se lucían elegantes con sus formas llamativas en los pasillos, proyectando sombras. En uno de los elegantes salones de ese antiguo castillo, decorado con tapices que mostraban la gloria de un Reino que ya no existía, se encontraba el caballero Real Gorianito, Dimitri Azlack, con su mirada azul marino fría. Dimitri, un hombre pelirrojo de porte imponente, se movía de pie, de un lugar a otro, en su mano enguantada de negro, sosteniendo una copa con vino tinto. El odio de ese caballero pelirrojo, hacia el Rey Jhonn Cuarto Wiztan, lo consumía, como un fuego que ardía en su interior. Había llegado a Firgin con un propósito oscuro y, esa noche, se reuniría con el único hombre que podía ayudarle a llevar a cabo su plan: El señor Allandrish Rivertia, el ex Rey de Firgin, cuya furia era tan intensa como su d