GraceVolví a mirar la lista de ideas que mi madre, Marie, me había entregado hacía apenas unos días para el nuevo proyecto del restaurante. Estaba llena de garabatos, anotaciones al margen y pequeñas ilustraciones que reflejaban su entusiasmo. Normalmente, me habría sumergido de lleno, visualizando menús, la decoración, e incluso la lista de reproducción ambiental. Pero mi mente estaba, en otra parte, completamente inquieta, dando vueltas y más vueltas a la pregunta de Edward. ¿Realmente iría con él a Italia? ¿Dejaría atrás todo lo que conocía y amaba para cambiar esta ciudad, con sus luces brillantes y su ritmo frenético, por su pueblo natal, un lugar que solo conocía breve y de sus relatos, a veces idílicos, a veces melancólicos? ¿Sería capaz de vivir entre los viñedos de su familia, respirando el aire impregnado de uva y tierra, lejos de mi propia familia y mis propios sueños?Sabía que si no tomaba una decisión pronto, si seguía postergando la respuesta, sus maletas y su avión p
GraceMientras me alejaba lentamente del jardín, con la mente aún llena de las palabras de mi madre, mi teléfono vibró suavemente en el bolsillo de mi pantalón. Con un suspiro, lo saqué y miré fijamente la pantalla iluminada.Edward.Mi corazón dio un vuelco repentino en mi pecho, latiendo con fuerza y rapidez, acelerándose ante la simple visión de su nombre grabado en la pantalla. Un torrente de emociones me inundó, desde la anticipación hasta una profunda inquietud. Dudé por un instante, pero finalmente respondí la llamada, sintiendo un nudo opresivo formándose en mi estómago.—Hola… —dije, con la voz apenas audible, luchando por mantener la calma.—Hola, pequeña… —su voz grave y cálida resonó a través del altavoz, haciéndome cerrar los ojos por un segundo. Una oleada de emoción recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica, desde la punta de mis pies hasta la raíz de mi cabello. Era extraño, incluso íntimo, la manera en la que me llamó, un apodo cariñoso que me estremecía hasta lo
EdwardUna opresión desconocida, una sensación insidiosa, como una garra helada apretando mi corazón, se instaló en mi pecho sin motivo aparente. Un nudo de ansiedad frío y pesado, una sombra repentina proyectada sobre un día soleado, oscureciendo mi visión. No lograba identificar una causa lógica, un desencadenante racional para esta angustia, pero la sensación era ineludible, pegajosa y persistente. Hacía apenas unos instantes, había estado hablando con Grace. Ella se dirigía hacia nuestro hogar, feliz de volver a casa. Y, sin embargo, había algo en su voz. Algo sutil, casi imperceptible, pero inconfundible para mí. Algo que me hizo tensarme por dentro, un presentimiento oscuro que me recorrió la espina dorsal. Íbamos a hablar. Teníamos muchas cosas que hablar, asuntos importantes que debíamos resolver juntos. Entonces, de repente, como si mi cuerpo actuara por su cuenta, dejé caer el vaso de whisky sobre la superficie pulida de la mesa de centro en el ático, la madera oscura brilla
GraceEl dolor me atravesó como una daga, justo en el centro de mi pecho. Mis ojos se abrieron abruptamente, desmesuradamente grandes, llenos de pavor. Estaba asustada, completamente alterada, con una sensación punzante de terror que me atenazaba, pero apenas podía tomar una bocanada de aire. La respiración se me escapaba, como si mis pulmones se negaran a funcionar. En medio de la confusión y el pánico, dirigí la mirada a mí alrededor, intentando comprender qué estaba sucediendo. Las luces del techo, fluorescentes y frías, pasaban a toda velocidad, creando estelas borrosas a mi paso. A mis costados, percibía figuras humanas difusas, contornos indistintos que se movían frenéticamente. ¿Era una mascarilla de oxígeno lo que cubría mi rostro? La sentía extraña, invasiva. Instintivamente, quise retirarla, arrancarla de mi cara, pero mis brazos se negaron a obedecer. Mis extremidades estaban pesadas, inertes. Mi cuerpo entero, mi ser, no reaccionaba a mis órdenes. Sentí un ardor intenso en
GraceDesperté lentamente, como si regresara de un viaje muy, muy lejano. El sonido era tan tenue, casi inaudible: el susurro de mi nombre. Era como emerger de un sueño profundo, tan pesado que me había mantenido prisionera. La transición a la conciencia fue dolorosa. Un dolor punzante recorrió cada centímetro de mi cuerpo al intentar moverme, recordándome de manera brutal cada herida, cada contusión. Mis costillas, en particular, protestaban con cada inhalación, con cada intento de llenar mis pulmones de aire. Sentía una opresión constante, un recordatorio constante de lo que había pasado. Mi brazo, quieto e inmóvil a mi lado, me hizo suponer lo peor. No sentía nada, ni siquiera un leve hormigueo. El pánico comenzó a instalarse en mi interior.Parpadeé lentamente, con dificultad, tratando de acostumbrar mis ojos a la luz que ahora inundaba la habitación. Todo parecía borroso al principio, una mancha difusa de colores y formas sin definición. Necesitaba tiempo para enfocar, para permi
En la ciudad ruidosa y siempre brillante que nunca descansa, en una época en la que los rascacielos se alzaban altos, empezó la historia de Grace. Nació en el lugar donde los sueños y las desilusiones de Nueva York se encontraban, y su vida tomó un rumbo difícil desde que tenía tan solo tres años.Era un día oscuro y lleno de problemas, como la tormenta que se acercaba en el horizonte de la vida de la pequeña Grace. Su pelo rubio estaba desordenado sobre sus hombros, recordando la melena que solía tener su madre. Sus ojos grises reflejaban la inocencia que pronto se vería envuelta en la soledad. Su madre, parecida en belleza, pero afectada por una decisión que no se podía cambiar, estaba frente a ella. Su padre, desesperado, intentaba retenerla en un último intento por mantener a la familia unida. Pero la madre, con ojos grises, quizás perdidos en un destino incierto, se fue sin remordimientos. La promesa de un futuro feliz se desvaneció con cada paso que daba, dejando a un padre dete
En la universidad…La atmósfera del aula se volvió tensa, solo rota por el suave zumbido de las luces fluorescentes. Grace, en su pupitre, luchaba contra el cansancio que la envolvía como una manta pesada. Sus ojos se cerraban brevemente, resistiéndose al deseo de sumergirse en un sueño reparador.— Grace, ¿estás bien? —El profesor la llamó cuando se acercó a ella, quedando a medio metro de distancia, alejado de la curiosidad de los demás alumnos, Grace parpadeó, esforzándose por mantenerse despierta mientras se enderezaba en su asiento.— Sí, profesor, solo estoy un poco cansada. —sonrió débilmente. El maestro frunció el ceño, sus ojos, examinando más allá de la respuesta superficial de Grace.— Eres una de mis mejores estudiantes, Grace, y es evidente que algo te está afectando. Tu rendimiento es excepcional, pero hoy… hoy no pareces tú misma. —Grace intentó sonreír de nuevo, pero sus ojos revelaban una carga más profunda.— Solo he tenido algunas noches difíciles, últimamente, prof
Grace se tornó lívida al escuchar la propuesta del hombre de fuerte presencia, sin embargo, no podía aceptarla. Cambiar su libertad para asumir una identidad ajena no estaba en sus planes, a pesar de la atractiva oferta financiera. Aunque el dinero sería más que bienvenido, la sugerencia de pausar su maestría durante un año y que, al concluir, él costearía la totalidad del programa académico, no encajaba con sus principios.Si optara por el acuerdo propuesto, la deuda de su padre quedaría saldada, pero Grace estaría vinculada a la vida de este hombre durante doce meses. Durante ese período, las preocupaciones financieras quedarían atrás, y no habría nada de intimidad entre ambos. La relación sería puramente una fachada ante la familia del hombre, concebida únicamente para eludir un matrimonio forzado. A pesar de sonar como un cliché, la contradicción entre la apariencia de opulencia del hombre, evidenciada por su costoso traje, y la elección de Grace como su pretendida esposa temporal