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—Debo ir a ver a Ángeles —me informa cuando hemos puesto un poco de distancia.
—Te acompaño —le digo y, antes de salir de la cocina, termino de beberme la leche de soja.
Luego, caminamos en dirección de la habitación de Ángeles y, cuando hemos llegado a aquella, Kansas abre la puerta con mucha delicadeza.
—¿Pasa algo? —le pregunto, ya que abría la puerta con el objetivo de hacer el menor ruido posible.
—Ángeles está leyendo —me explica en un