Capítulo 544
—¿No es demasiada frecuencia para correr? Cualquiera pensaría que se está preparando para un maratón...

Daniel sonrió, y si uno se fijaba bien, había algo de culpabilidad en esa sonrisa.

Lucía preguntó: —¿No está ocupado el laboratorio últimamente?

—No, le he dejado parte del trabajo a Roberto.

Daniel le preguntó: —¿Has desayunado?

Lucía asintió: —Sí, ¿y tú?

—También. ¿Tienes planes para hoy?

Lucía pensó un momento: —Por ahora no, solo tengo que revisar algunos artículos académicos.

—Ayer un amigo francés me envió una caja de setas silvestres, llévatelas.

¿Setas silvestres? Eso era un verdadero manjar.

—¿Por qué me las das? ¿No las quieres?

Daniel rio: —Casi nunca cocino en casa, y las setas se estropean rápido. Es mejor que te las lleves tú.

—¡Entonces no me haré de rogar!

Subieron juntos. En casa de Daniel, había una gran caja de espuma detrás de la puerta. Al abrirla, encontraron todo tipo de setas: níscalos, morillas, trufas, colmenillas...

No era exagerado decir que habían enviado
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