FlorentinoObservo con asombro cómo se da la vuelta y se dirige hacia las escaleras. Me levanto de la silla y la agarro del brazo.Ella se aparta de mí bruscamente. —¡No me toques!——¿Qué carajo pasa?——¿De verdad tienes reuniones todo el día? —me pregunta, mirándome fijamente—. ¿O tienes que encontrarte con alguna de tus muchas putas?La miro con asombro. No entiendo qué está pasando. ¿Cómo pasamos de —Está bien, no me vestiré como una puta en público, aquí tienes un beso cariñoso para ti— a —No me toques, maldita sea, imbécil amante de las putas—?—Así es—, dice ella sarcásticamente y sube corriendo las escaleras y se pierde de vista.Durante unos segundos, me quedo allí indeciso. Me doy la vuelta para irme, decidiendo ignorar su arrebato. El mundo que he construido con sangre, sudor y lágrimas está ahí fuera esperando por mí, pero solo llego a la puerta antes de darme cuenta de que el mundo no valdría nada sin Giulia. Todo mi día estaría condenado si no resolvía esta situación con
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