Fue la primera vez que Andrea sintió que, en esta familia, su existencia era prescindible.Antes, para cuidar la salud de Juan, cocinaba con mucho cuidado, priorizando lo saludable. En aquel entonces, Juan se quejaba todos los días de que lo que ella cocinaba no era bueno.Ahora que no había nadie para cocinar, ¿venían a buscarla?Andrea miró a Juan sin expresión.— Si no tienes quien cocine, puedes pedírselo a Mariana, o en el peor de los casos, a la que ahora consideras tu nueva madre.Tanto Juan como Julieta sabían perfectamente a quién se refería Andrea.Juan, con el cuello tenso y las manos en la cintura, respondió:— Ese trabajo te corresponde a ti. Todos estos años has estado en casa mientras papá te mantenía. Mira la ropa nueva que llevas, ¿acaso no es con el dinero de papá? ¡Si gastas su dinero, debes cumplir con tus obligaciones!Andrea miró fríamente a Juan. Antes, si lo hubiera escuchado hablar así, se habría sentido herida e incluso habría cuestionado su decisión de ser am
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