—No es mi tipo, eso te lo puedo asegurar. A mí me gusta el moca con chocolate —continuó. Seguimos caminando y pude sentir que mis hombros se relajaban un poquito.—Ah, unos melocotones cubiertos de chocolate. Te pillé —dije, sonriéndole.Se rió y luego me guiñó el ojo. —Cuanto más oscuro, mejor sabor. Amargo, pero muy dulce después”. Me di cuenta de que a Ygor prácticamente se le estaba haciendo la boca agua ante la imagen que había conjurado en su cabeza.Salí a la fría y oscura noche y encontré un auto que ya me estaba esperando. —Ya sabes lo que tienes que hacer”, dije antes de subirme al auto. Le di a Ygor una mirada que lo decía todo. Él entendió y asintió. Los dos estábamos en la misma página. Bien.Me subí al auto y observé cómo la finca se hacía más pequeña a medida que nos alejábamos.Era hora de ver a mi familia.Al pensarlo, me dio un vuelco el estómago y cerré los ojos, recostándome en el asiento. No quería enfrentarme a la realidad. Estaba allí, haciendo mi trabajo, jugan
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