¿Y quién dice que quiero que seas un caballero? —respondo, lamiendo su labio inferior, mientras deslizo lentamente mi mano por su pecho.Por un segundo noto como sus ojos se oscurecen, y sus pupilas se dilatan a un extremo sorprendente.— No juegues conmigo, mi Julieta —murmura, con voz ronca.—¿Quién está jugando? —contestó, acercándome más a él.Sus manos se aferran a mi cintura, y siento su pulgar rozar mi piel expuesta bajo mi camisa. El calor que emanan sus manos, me enciende.Su boca se encuentra con la mía con una necesidad e intensidad que me roba el aliento. Es un beso voraz, hambriento, como si hubiese estado conteniendose durante demasiado tiempo. Su boca reclama la mía con un deseo, una lujuria que me hace temblar.Mis dedos se hunden en su cabello, tirando de él con desesperación, mientras su lengua encuentra
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