Me quedé mirando mientras Claudia protestaba:—¿Cómo puedes ser tan insensible y presionarlo en su estado? ¿No tienes corazón?—No soy responsable de la condición de tu hermano, así que ahórrate el chantaje emocional —repliqué, volviendo a colocar el acuerdo de divorcio en la mesita de noche.—Antonio, te lo repito: te salvé la vida y he sido más que generosa contigo. Tú me traicionaste primero, así que no me culpes por ser despiadada ahora. Hazle un favor a tu karma y firma el divorcio de una vez.Antonio me miró fijamente hasta que terminé de hablar, luego tomó el acuerdo con lentitud.—He traído varias copias, es inútil que rompas esta —le advertí, pensando que la haría pedazos.Para mi asombro, después de revisar el documento, lo giró hacia mí y dijo con tono seco:—Pluma.Me quedé paralizada, incapaz de reaccionar.Levantó la vista y me miró:—¿La pluma? ¿No querías que firmara?―Antonio, ¿estás seguro? ¿De verdad te vas a divorciar de ella? ―preguntó Claudia, estupefacta.Reaccio
Antonio alzó la mirada hacia mí, nuevamente sorprendido. ―María, realmente has cambiado. En solo dos meses, pareces una persona completamente diferente.―¿Tú crees? Deberías felicitarme por mi renacimiento. Por fin dejé de ser una idiota a la que todos podían manipular.Estos meses de cambios drásticos y golpes consecutivos fueron como un renacimiento entre las llamas para mí.Agradezco haber sobrevivido, y que tanto mi vida personal como profesional hayan alcanzado un nuevo nivel.Si hubiera sido un poco más débil, un poco más ingenua, seguramente me habría consumido en esas llamas, sin la oportunidad de estar aquí escuchando sus tonterías.Los tres Martínez me miraron fijamente, sin palabras.Suspiré, guardando cuidadosamente el acuerdo de divorcio mientras me giraba. ―Cuídate, te espero en el registro civil.Al abrir la puerta para salir, Antonio habló nuevamente.―María, voy a ayudar a Mariano.Me volví sorprendida.―¿Ahora la enfermedad te afectó el cerebro? ¿Qué beneficio obtiene
―¿En serio? ¿Cómo cambió de actitud tan repentinamente? ―preguntó Sofía sorprendida.―Ni yo lo sé. Está como loco, nadie entiende lo que piensa. ¿Puedes creer que dice que ayudará a Mariano? Según él lo hace por mí, porque teme que me arrepienta en el futuro. Como si quisiera redimir mis pecados.―¿Quéee? ―como esperaba, Sofía quedó atónita―. ¿Qué enfermedad tiene? ¿Se volvió loco?Sonreí, sin palabras para describir la situación.Después de hablar con Sofía, seguía pensando en la celebración de la universidad. Quería preguntarle a Lucas si había recibido la invitación.Pero... me daba vergüenza llamarlo para preguntar.Después de todo, yo aún no recibía la mía.Como si hubiera leído mis pensamientos, justo cuando pensaba en esto, sonó mi teléfono.Era Lucas.Sonreí ante esta coincidencia que me hizo estremecer, y rápidamente conecté el bluetooth. ―Hola, ¿qué se le ofrece, señor Lucas?Desde que me pidió que no lo llamara señor Montero, lo molestaba llamándolo "señor Lucas".Como esper
Siempre dicen que el matrimonio es donde muere el amor. Pero bueno, mejor terminar en una tumba digna que abandonado en medio de la nada.Me pasé más de dos meses cosiendo sin descanso hasta que por fin terminé mi vestido de novia con mis propias manos.Cuando lo miraba bajo la luz, su elegancia y blancura me dejaban sin aliento, brillando de una manera que me robaba el corazón.No podía evitar sonreír hasta en sueños imaginándome caminando hacia el altar, con mi vestido, hacia el hombre que amaba.Seis años habían pasado, desde mis diecinueve hasta mis veinticinco, y por fin mi historia de amor iba a tener su "final feliz".Pero al despertar, toda esa felicidad se esfumó como si nunca hubiera existido.—María, esta mañana el señor Martínez vino al taller y se llevó el vestido de novia, ¿está en tu casa? —me preguntó Rosa, mi asistente, con tono extrañado.Todavía medio dormida y confundida, le respondí: —¿Antonio se llevó mi vestido?—Sí, ¿no estabas acaso enterada?—Dame un momento,
Pensé que se enojaría y me acusaría de ser una aprovechada, pero solo hizo una breve pausa y dijo:—Bien, nos vemos en la noche.Hace tres años fundamos juntos una marca de ropa —CHEZ MARÍA Alta Costura— que ahora está en pleno auge. En ese entonces Antonio puso el capital y yo me encargué del diseño. Para mí fue como ganarme la lotería sin comprar boleto.La compañía está valorada en cientos de millones y lista para cotizar en la bolsa, con un futuro financiero prometedor. Sin embargo, él está dispuesto a cedérmela solo para estar con Isabel. Parece que ellos sí son el verdadero amor.Me levanté apresurada y al ver todos los artículos de boda dispersos por la habitación, sentí fuertes náuseas. Quería prenderles fuego. Llamé a unas personas para que empacaran todo lo relacionado con él en esta casa.¡Qué alivio! Menos mal que insistí en esperar hasta la noche de bodas, si no también habría perdido mi dignidad. ¡Qué asco total!Después de que arreglaron la casa, me cambié de ropa y me m
Después de decir esto, le arrojé el acuerdo a la cara y me levanté furiosa para echarlos:—Necesito descansar, lárguense... Ah, y llévense toda su basura.No podía creer que el hombre que amé desde los dieciséis años, durante ocho años, con quien salí por seis... ¿cómo hasta ahora veía su verdadera cara?Debería agradecer a Isabel, de lo contrario me habría casado con este hombre hipócrita y repugnante. ¡Qué desgracia en realidad habría sido mi vida!Marta, enfurecida por mis palabras, se levantó:—María, ese es tu problema, ¡eres demasiado temperamental! Mira a Isabel, tan dulce y educada, siempre tan respetuosa conmigo...Conteniendo la náusea que me producía, vi pasar a mi perro por la sala:—¡Puppy, muérdelos!—¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! —Puppy obedeció y se lanzó arrebatado contra ellos ladrando.—Tú... tú eres... —Marta palideció de rabia mientras Antonio la ayudaba a retroceder.—María, ¡te pasaste de la raya! ¡Me equivoqué contigo! —me miró Antonio como si fuera una extraña.Sonreí c
Antonio permaneció rígido, sin decir palabra.—Por fin dices algo sensato —alzó la voz Carmen—. Somos familia, ¿no es natural que una hermana le ceda algo a su hermana menor? Considéralo como tu regalo de bodas.Solté una risa sarcástica y, mirando despectiva a mi madrastra, dije con fingida dulzura:—En ese caso, tendré que añadir otro regalo.—¿Qué regalo? —preguntó ansiosa Carmen.—Una corona de flores negras, como las que se usan en los velorios —respondí—. Para adornar el altar de la iglesia.—¡María! —Carmen palideció de rabia, mirándome sin poder articular palabra.—Solo sigo las tradiciones —continué con dulzura venenosa—. En los pueblos antiguos, cuando una mujer robaba el prometido de otra, la gente dejaba flores negras en su puerta como señal de luto por su honor perdido. Como hermana mayor, mi regalo es perfectamente apropiado según las costumbres ancestrales.Mi argumento era tan impecable que no pudieron encontrar fallas, quedándose mudos de frustración.Era como con los
Me reí con amargura mientras miraba el tráfico en la calle. Esperé a que mi mente se calmara un poco antes de voltear a decirle con ironía:—Antonio, no soy un centro de reciclaje. No importa cuánto te haya amado antes ni cuánto haya sacrificado por ti. Desde el momento en que decidiste traicionarme, dejaste de merecer mi amor.Me di la vuelta en ese momento para irme, pero no pude contenerme más y volví a mirarlo, señalándolo:—Aunque fueras el último hombre sobre la tierra, jamás volvería a mirarte. Realmente, me das asco.Quizás mi actitud tan definitiva lo hirió, porque de repente se acercó y me agarró, suplicando:—María, yo te amo. Estos seis años juntos están grabados en mi corazón, nunca los olvidaré. Pero Isabel se está muriendo, es tan triste y miserable todo esto... solo tiene este pequeño deseo antes de morir...—¡Suéltame!—María, te juro que cuando Isabel...No lo dejé terminar esas palabras desagradables y le di otra bofetada en la otra mejilla. Ahora sí estaba simétrico