Capítulo 78. La bajeza de Camila
—¿Crees que soy ciega, Gery? ¡Tu mirada al ver esa cuna vacía demuestra que tu alma todavía le ruega a Elara! —chilló Camila, y su voz aguda rompió el silencio del pasillo de la planta alta en la residencia de España.
Gery se aferró al pasamanos de mármol de la escalera hasta que sus nudillos se tornaron blancos, conteniendo el torbellino de ira que le hervía en el pecho. Sus zapatos de cuero rechinaron con fuerza cuando se dio la vuelta para encarar a la mujer que ahora era su esposa con una